martes, 20 de febrero de 2024

“No hay camino para la paz, la paz es el camino”

     Los rayos solares que se colaron por mi ventana, el primer día del año que comienza, más una ráfaga de cohetes quemados a deshoras, por algún vecino madrugador, me lograron despertar, despabilándome de la velada de la última noche de anoche.

Ante la posibilidad que todos en casa, siguieran dormitando, tomé el celular y me puse a husmear en las redes sociales. Para desgracia de muchas personas, en X, presencié muertes producidas  por accidentes de tránsito, en las horas frías de la madrugada a lo largo y ancho del territorio guatemalteco, la escalada de violencia en muchas partes del mundo, un terremoto en algún lugar del Japón, el genocidio de parte del gobierno criminal del pueblo de Israel sobre la Franja de Gaza y, los ataques persistentes del denominado pacto de corruptos, que anuncian  nuevas ofensivas a perpetrarse antes del 14 de enero, para evitar que las autoridades electas en Guatemala, tomen posesión de sus cargos, “a las catorce horas.”

     Ante tales circunstancias adversas, parece ser que el año naciente traerá más de lo mismo, que tan solo es una prolongación del año que expiró, “que ya está escrito y que así tiene que ser,” dicen los fanáticos políticos y religiosos.

     Sin embargo, tales aconteceres, me hacen reflexionar acerca del retruécano con que intitulé este post, cuya autoría se le debe a Mahatma Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino.” Una verdad incuestionable que, permite dilucidar, en medio del bullicio causado por el tronar de los juegos pirotécnicos en nuestros pueblos, y al repique de las campanas que doblan anunciando las doce del mediodía que, no es el año quien nos trae cosas, sino, nosotros que, mediante una actitud mental positiva y, una programación neurolingüística, debemos traer y hacer de este año un año diferente.

Escrutar ese camino propuesto por Gandhi, es buscar veredas para que los acontecimientos que van surgiendo a nuestro paso y, de los cuales, muchos somos actores, ya sea antagónicos o protagónicos, nos permitan encontrarnos de cara con el Dios de Jesucristo, a quien, muchos hemos dejado ausente.

       Esa paz de la que estoy escribiendo y reflexionando, en torno al pensamiento de “Alma Grande,” es fruto del amor, de la justicia, de la verdad y de la libertad y, su caminar debe ser escrutado desde una perspectiva teológica que nos permita ver en su tránsito,  un signo de los tiempos, como acontecimiento histórico, para abrirnos al nuevo año con actitud de creyente, con una actitud de esperanza, que nos permita creer y trabajar arduamente para que no ganen  los malos de nuestra historia nacional, que pretenden acabar con un tiro de gracia la verdad, nuestra libertad y nuestra justicia prostituida en grandes proporciones.

     No obstante, esa paz no puede ser verdadera  mientras sigamos en guerra los unos contra los otros con pensamientos políticos y religiosos absurdos, falsas ideologías nacionalistas que pretenden almibarar intereses espurios…; esa paz no puede ser firme y duradera, mientras los “expertos” en predicación y de las cosas “del más allá”, politicen su sermón en pro de la corrupción y, mientras pensamientos ultra conservadores persistan en engatusar al pueblo con el fantasma de un comunismo que ya no existe…

     “No hay camino para la paz, —infiere— Gandhi, la paz es el camino.” Y el año nuevo será, lo que nosotros hagamos durante esos 366 que,  se nos han acreditado en nuestras cuentas, para hacer de ellos, su mejor versión.

Jlriveirof

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