lunes, 15 de septiembre de 2025

“Sos un gato, no tenés personalidad.”


“Un gato que sueña convertirse en león debe perder el apetito por las ratas.”

Proverbio africano

Jlriveirof, OP

      “Sos un gato, no tenés nada de personalidad”, dijo la “brujer” alebrestada y encalambrada, cuando en calidad de pretendiente quise visitar a su hija en casa y no en callejones como era, es y será la costumbre.

¡Ipso facto! Vedo el consentimiento a un amorío de estudiante, en aquel invierno evanescente de un año cualquiera de nuestro Señor, evidenciando a todas luces que, ella no tenía la inteligencia sentiente que, nosotros teníamos de más.

     La frase resonó estrepitosa cuando la vizcarra de forma caprichosa y maliciosa la utilizó como un dardo venenoso y de forma peyorativa contra mi humanidad. El castigo que ambos le impusimos fue, jugarle la vuelta a horas y deshoras…

     Pues bien, utilizaré la palabra gato para abrir el paso, y de paso hilvanar otras ideas respecto de la palabra en cuestión.

La misma es utilizada en diferentes contextos, como, por ejemplo, para referirse a una persona que, por diferentes motivos no sale de su zona de confort, no planea, no ejecuta, no tiene objetivos inteligentes, ni estrategias, ni valores, ni una visión del futuro, mucho menos una misión coherente que, en consecuencia, no alcanza el tan anhelado éxito en el mundo de los negocios.

Simple y llanamente un gato es alguien que, carece de todas las respuestas a interrogantes existenciales y que, jura y perjura que “el trabajo es tan feo que hasta pagan por hacerlo”, o que, “es la raíz de todos los males”, entre otros absurdos…

     En Guatemala y otras partes de LATAM se utiliza para adjetivar a una persona que vende su trabajo por un mísero salario, en condición de subordinación y explotación, en donde el monto de sus emolumentos no alcanza ni siquiera para cubrir el presupuesto familiar.

     En el contexto carcelario, el abogado Leandro Alperín, experto en sistemas carcelarios, dijo al diario argentino La Nación el 7/4/17 que, se le llama gato al sirviente de todos, al lavaplatos, al que hace los oficios más viles, es aquel que es abusado y pisoteado en sus derechos humanos. Es quien tiene la última posición en el pabellón de ese submundo que son las cárceles en todo el mundo.

     En un contexto laboral, y dándole interpretación al preámbulo introductor, el gato representa lo que muchas personas conformistas, pusilánimes y mediocres son ahora. Aquellas que, están satisfechas en el sopor de la complacencia, aquellas que, están conformes conduciendo carritos de calesita sobre los rieles que otros construyeron sin mejorarlos, aquellas que, tienen por costumbre echar culpas de su propia mediocridad a otras personas, aquellas que, tiran la piedra y esconden la mano, entre un rosario dé etcéteras…

     Ahora bien, “ser gato” en el léxico que atrae nuestra atención, no es un imperativo que rija el comportamiento de las personas en todas las aristas de su vida. Cuando alguien no está conforme con ser gato y quiere metamorfosearse en león, debe entrar en un minucioso proceso de reflexión y tomar una elección que marcará el resto de su existencia y a su núcleo familiar y social.

     Primero: debemos dejar de perseguir ratas y perder el apetito por ellas: las ratas simbolizan las bajas pasiones, los bajos instintos, malos hábitos que practicamos, las cosas que postergamos, las metas que ofrecemos y no alcanzamos, los vicios que roen el alma, rompen las sanas relaciones interpersonales y matan la fe, la esperanza y el amor. Son las contiendas, la insana competencia, las envidias, aquellos viejos paradigmas que ya son irresolubles e impracticables para explicar la realidad, son las ataduras que nos anclan a un pasado sin sentido, inútil y tortuoso que hay que olvidar y dejar atrás.

La rata persigue ratas y vive inmersa en la carrera de la rata, aquella carrera que Robert Kiyosaky y Sharon Lechter, mencionan en su obra Padre Rico, Padre pobre.

     Segundo: al ser la figura del león un símbolo de poderío, para crecer y ser como él se deben cambiar los viejos hábitos que constituyen un lastre. En primera instancia, dejar de perseguir todas las ratas mencionadas en el párrafo anterior, dejar de tener pensamientos limitantes que coartan nuestra libertad de acción y locomoción, los vacíos existenciales son un fiasco, ser autodidacta, tener pensamientos positivos y hacernos preguntas poderosas, solo así podremos salir de las mesetas en donde los pusilánimes construyen su refugio.

     En otras palabras, para transformarnos en un león, hay que “matar nuestra vaca”, y soltar todo el lastre que nos impide alcanzar el nivel de vida que realmente queremos obtener, en dejar de ser rémoras, cavar en el interior de nuestro propio pozo, porque solo ahí encontraremos el Ballarat y el Bendigo que necesitamos para salir de las diferentes pobrezas que el destino nos pone por delante.

El que con ratas se junta, rata se queda. El que entre leones anda, aprende de ellos…

     A tenor de lo expresado, decidí hace mucho tiempo ya, dejar la carrera de la rata, ¿y usted? …

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