lunes, 15 de septiembre de 2025

“Te dormiste en el caballito.”



Me estoy humanizando; es una de las consecuencias del sufrimiento.”

Ernesto Sábato

     En mi cantón de antaño había un dicho popular que le cantaban a uno de forma burlesca cuando de pequeños nos llevaban donde un mal peluquero, y éste hacía un pésimo trabajo, dejando gradas en el corte de cabello y disparejo: “te dormiste en el caballito.”

Tal frase, surge sin duda, de la existencia de caballitos de madera que había en algunas peluquerías para sentar a los niños y motivarlos a que se dejaran cortar el cabello.

     En cierta ocasión, a mi nieto Tristan le cortaron el pelo al ras, por algún problema capilar que tuvo y, cuando lo vi le hice bullying, diciéndole  —“te dormiste en el caballito,” una frase que nunca olvidó porque cada vez que me ve me la canta, y es que; como consecuencia de un proceso de quimioterapia al que estoy siendo sometido, el 24 de diciembre del año pasado se me empezó a caer el pelo y el 25 ya tenía la cabeza como bola de billar.

     Como en el hogar intentamos conseguir un punto bien conectado de cohesión familiar, todas las tradiciones las celebramos con quienes están cerca y, entre ese 25 al 31 de diciembre, Tristan me vio pelón y con sonora carcajada me dijo — ja, ja, ja, “te dormiste en el caballito,” ja, ja, ja, ja …, repetía lo que yo le dije cuando lo vi sin pelo…

     El día de ayer, día en que, en Guatemala celebramos a los abuelos, yo regresé de viaje como al filo del mediodía, y Tristan tenía actividad en su escuela de taekwondo, en donde lo promocionaron a cinta blanca con grado amarillo, junto a mi nieta Nicole, por lo tanto, no fue posible vernos ese día. Lo hicimos hoy y su habitual saludo al verme fue —“te dormiste en el caballito.”

     Tertuliando y refaccionando estábamos cuando nos sorprendió a todos con una travesura cometida dada su inocencia y empatía, a pesar de su corta edad. Rapó completamente una muñeca propiedad de Nicole, su hermana, me llevo el pelo que cortó y dijo seriamente —papa Luis, te traigo este pelo para que lo pegues en tu cabeza…, en su momento no le hice mucho caso, sin embargo, en cuestión de segundos recapacité para no herir sus sentimientos y en su presencia me sobrepuse el pelo de muñeca sobre la calva…, —ahí te lo pegas, insistió.

     Ya de regreso a casa pensé, si todos tuviéramos la inocencia de un niño y practicáramos el valor de la empatía, sin duda, construiríamos un tejido social más fuerte, más humano y más fraterno. Un par de horas después, me puse a escribir estas letras, el desborde de emociones me embarga y asombran..., sin duda, “me estoy humanizando.”

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