viernes, 31 de julio de 2015

“¿MAESTROS DE EDUCACIÓN O DE SEDICIÓN?”



José Luis Riveiro Fernández
En el devenir de los tiempos las instituciones del estado guatemalteco  han sido utilizadas por malos gobernantes para hacer huelgas o bochinches cuando así les conviene; prueba de ello son los sindicalistas del magisterio nacional y de salud pública que en insensato contubernio con las autoridades de turno y empleados holgazanes,  han causado alborotos populares en la urbe capitalina y ciudades de importancia en el interior de la república para obedecer a intereses obscuros, en detrimento de la clase trabajadora a quienes vedan su libertad de locomoción y violentan sus más elementales derechos. Igual sucede con las fuerzas de seguridad  ¿Cuántas veces  han sido utilizados para reprimir a la población? especialmente cuando de defender oligarquías nacionales o extranjeras se trata.
En el caso concreto de los “maestros de educación”, resulta paradójico verlos a ellos  que  teniendo la noble tarea de enseñar  se alejan de sus aulas y abandonan a sus alumnos para quemar llantas, obstaculizar el tránsito y armados con palos, piedras,  botellas y bombas caseras tipo Molotov, transgreden a los que se oponen a sus perfidias, ya sea de forma verbal o física con tal de congratularse con un mal líder sindical, con el gobernante de turno o a algún partido político; para obtener a cambio alguna prebenda ya sea en efectivo o en especie, sobre todo porque la tarea de enseñar es una de las más nobles.
 En la Antigua Roma un Magister era alguien que tenía poder o autoridad sobre otras personas. El vocablo Maestro se deriva del latín Magister y este a su vez de magis que significa más o más que; podría suponerse entonces que un maestro tendría que destacarse o estar por encima del resto por sus conocimientos y competencias actitudinales, procedimentales y conceptuales. Sin embargo, sus comportamientos demuestran todo lo contrario y hoy esos grupos de facciosos están a la altura sí;  pero de muchos delincuentes en potencia y en latencia, que pueblan ese submundo llamado cárcel.
Cuánta razón tenía el Maestro de Galilea cuando les decía a las multitudes que no llamaran a nadie maestro, porque en aquel tiempo al igual que en este, “decían pero no hacían” (San Mateo 23,3); Jesús en cambio enseñaba y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad (San Marcos 1,22). La autoridad le venía precisamente porque fue coherente entre lo que dijo e hizo, respeto a los destinatarios de su misión, jamás los trato con palabras altisonantes, no hizo distinción de personas, fue flexible con sus alumnos, les enseño con parábolas para que lo entendieran con facilidad.
A diferencia de los dirigentes magisteriales de este tiempo, su didáctica y pedagogía estaba inspirada en un profundo sentimiento de compasión; “sintió compasión por ellos y por eso les enseñaba muchas cosas” (San Marcos 6, 34); hoy la vocación de servicio de muchos “educadores” está basada en un profundo sentimiento de apropiación  y sedición.
No imagino al Maestro de Galilea en complicidad con el gobernador  romano encabezando manifestaciones como lo hace “Jodiel Acevedo”, ni quemando llantas, mucho menos agrediendo a elementos del orden público, coartando la libertad de locomoción de las demás personas, o utilizando pancartas con toda clase de improperios.
 Jesús fue un Maestro que paso haciendo el bien y por eso se preocupó hasta de lo más elemental, dar de comer a sus oyentes y por eso multiplicó la comida para darla a sus alumnos hasta que quedaran satisfechos (San Mateo 15, 36-37); en contraste algunos maestros de este tiempo,  en ilícita asociación con algunos padres de familia y comerciantes inescrupulosos que extienden facturas sin haber vendido nada, roban el dinero para  la compra de refacción escolar.
Jesús como Maestro de vida reprocho todo lo insensato,  incluyendo los procesos educativos de “los sepulcros blanqueados” de su época; hoy reprocharía los nuestros y a gran parte del magisterio nacional y su falsa dirigencia. Conviene meditar entonces en el pensamiento de Jacques Maritain sobre que hay que reprochar los métodos antiguos pedagógicos librescos, abstractos y pasar a una educación narrativa como la que emprendió Jesús que se interesó por el centro interior, la fuente viva de la conciencia personal, en donde nacen el idealismo y la generosidad, el sentido de la ley y el sentido de la amistad y el respeto a Dios, a uno mismo y a los demás.-
Jesús fue un Maestro de quien se maravillaban sobremanera y decían “todo lo ha hecho bien” (San Marcos 7, 37).
¿Conoce usted maestros de quien se pueda decir lo mismo?

sábado, 13 de junio de 2015

“Viento en popa”




Por: José Luis Riveiro Fernández

Un viejo refrán holandés dice que “para navíos sin puerto de destino, no existen buenos vientos”; aplicable a nuestra agencia de seguros que siempre la hemos identificado con una embarcación  que navega en aguas turbulentas algunas veces y otras en aguas mansas; sacudida por vientos tempestuosos, rayos y centellas que la amenazan de vez en cuando y otras remando en absoluta tranquilidad. 
Esas condiciones no son ajenas a la tripulación, son gajes del oficio; estamos preparados para no sucumbir en el trayecto; hemos sido hechos en condiciones extremas, no surcamos pantanos de aguas anegadas; sino mares bravíos amenazados por filibusteros de seguros, algunos a veces ondeando la misma bandera  pretendiendo piratear el fruto del  esfuerzo realizado.
“Sin prisa pero sin pausa” hemos llegado a la mitad de la travesía y decidimos hacer un alto en el camino para analizar el tránsito recorrido y lo que falta por recorrer; clarificando nuestra situación actual y visualizando la deseada. Se le ha dado un segundo ver a la visión, misión y valores obteniendo así  un surplus de calidad que permita un plusvalor que garantice una vida cómoda y digna en el ejercicio de nuestra profesión.
 Ajustamos las velas (visión, misión y valores) para que el viento en popa actúe a nuestro favor y para que los agentes boguen a un mismo ritmo, creemos que los valores son a la tripulación lo que los instrumentos a la barca: Imprescindibles para corregir el rumbo cuando este se desvía a babor o a estribor. 
Del  análisis crítico y objetivo realizado se determinó de manera concluyente que  aquellos que no bogan al compás del propio tamborilero; lo hacen porque su actividad no es  de mucha valía; encontrándonos de frente y con el pecho descubierto a la desidia como oposición positiva del valor y permite una inercia ética como lo es la paralización laboral, estancamiento en la productividad e indiferencia hacía la visión, la misión,  los valores y los fines establecidos que son para muchos de nosotros como las cartas de navegación que contribuyen a llegar con éxito a puerto seguro. 
En ese orden de ideas,  resulta paradójico que algunas personas no le den el justo valor a su actividad, cuando de ella se satisfacen desde las necesidades más básicas hasta sus deseos más elevados. Es el único medio moralmente lícito para vivir bien en el amplio y estricto sentido de la palabra.  (Véase jerarquía de necesidades propuesta por Abraham Maslow en su obra Una teoría sobre la motivación humana). 
También vimos con suma preocupación algo que resulta incomprensible y es  que muchas veces los mayores peligros a los que nos hemos enfrentado no  son externos sino internos, derivados de un apoyo muchas veces  abstracto, estancando profundamente a la embarcación y que no permite que “todo  fluya” como diría Heráclito de Éfeso. 
Si ese faro erigido en tierra firme  no nos enciende la luz o la mantiene  intermitente, sobre todo cuando la oscuridad extiende su manto sobre la cubierta, se convierte en una amenaza  que podría encallarnos temporalmente  y se constituye en viento en contra no a favor. Cuánta razón tenía Peter Senge cuando dijo  que “La colaboración es vital para mantener los cambios realmente profundos, ya que sin ella, las organizaciones son abrumadas por las fuerzas del statu quo”. Más mortífera fue la sentencia de Laurence J. Peter al decir que “la burocracia defiende el statu quo mucho tiempo después de que el quo haya perdido su statu”.
 Ahora bien, valdría la pena dar un segundo ver también al farolero; los apagones a veces se programan hacía determinadas embarcaciones, ve tú a saber porque; podría ser  por omisión o malevolencia o en el peor de los casos fue ascendido hasta alcanzar su nivel de incompetencia (Principio de incompetencia de Peter); si este fuera el caso doy pie al aforismo de José Ortega y Gasset, pero cambiando parte de su contenido: “El farolero debería descender a su grado inmediato inferior, porque ha sido ascendido hasta volverse incompetente”
Aun así; por adversas que sean las amenazas internas y externas, por turbias que se nos presenten las aguas vamos viento en popa, hemos creado las circunstancias favorables para navegar hacía el futuro, bregamos para cambiar el estado del momento actual, hemos asegurado nuestros dones y talentos con Aquel que todo lo puede y El qué es también Señor de los elementos al igual que hace dos mil años increpa  al viento y le dice al mar: ¡Calla, enmudece! El viento se calma y  sobreviene una gran calma. San Marcos (4,39).-

martes, 19 de mayo de 2015

“RENUNCIA YA”



Atendiendo el clamor popular en contra de la ingobernabilidad que se vive en Guatemala,  un grupo bastante grande de ciudadanos,  nos dimos cita en la plaza central de Cobán para manifestar pacíficamente y pedir la renuncia del Presidente de la nación y la legión de malhechores que hacen des-gobierno con él;  durante las actividades programadas para el efecto tuve ocasión de platicar con uno de los manifestantes, conocido de antaño, quien me comento que se había cambiado de religión y transitado de la Iglesia Católica hacía una iglesia protestante de corte neo-pentecostal; conocida por ser una de las más intolerantes con las demás confesiones religiosas, agresiva, divisoria y polémica especialmente contra la Iglesia Católica.
 En las pláticas sostenidas me preguntó cuál era el pensamiento  de la Iglesia Católica referente a este tipo de manifestaciones; sin entrar en detalle,  le di mi particular punto de vista, como “ciudadano secular del uno, real, sacerdotal y profético pueblo de Dios”, mismo que está en sintonía con el pensamiento del  magisterio de la Iglesia.
Al escuchar mis puntos de vista, con cierta timidez me confesó que en “su iglesia” el pastor les ordenó (a su feligresía)  no participar en estas manifestaciones que se están llevando a cabo en la Ciudad Capital y demás cabeceras departamentales; por constituir una flagrante violación a la ley de Dios que indica que “toda autoridad es puesta por Dios” y que  las autoridades civiles que tenemos fueron elegidas por El; aunque estén haciendo todo lo que hoy están haciendo y que es del dominio del publico dentro y fuera del país; por lo tanto  se les debe respetar y obedecer.
 Aún así mi interlocutor hizo caso omiso de las demandas de su pastor e hizo lo que él consideraba pertinente y asistió a ejercer un derecho,  de no ser así, estas letras no habrían formado los párrafos que sustentan el escrito.
Al respecto recordé las enseñanzas de mi abuelo materno quien decía que cuando uno entra a una iglesia se debe quitar el sombrero  no la cabeza. Significa que jamás se debe decir amén a todo lo que diga el clérigo o el pastor; hay que entrar en un proceso de auto reflexión que lleve a tomar conciencia sobre la realidad nacional y permita incidir en ella no como simple espectador sino como actor, la simple expectación sin incidencia en el tema social es alienante; los actores propositivos que buscan el bien común conducen hacía la libertad. 
Resulta paradójico  que por una mala interpretación del texto sagrado haya gente que pierda el principio de solidaridad y corresponsabilidad; ante todo en estos momentos en que la patria demanda la unión y la fuerza de todos sus hijos; para hacer brillar la luz de la justicia y el derecho en medio de la oscuridad del nepotismo, libertinaje, enriquecimiento ilícito, asociación ilícita, desmadre  y todos los demás males en que cayeron los miserables que hoy des-gobiernan Guatemala, males que si menciono uno a uno en este artículo; el mismo dejaría de ser breve.
Es penoso y vergonzoso  que en pleno siglo XXI haya todavía “pastores de ovejas” sin la debida preparación teológica, que sin el recurso de la Exégesis  y la Hermenéutica pretendan interpretar y explicar correctamente las Sagradas Escrituras;  al no tener las debidas preparaciones éticas y académicas  se constituyen en el ciego que pretende guiar a otros ciegos en el camino de la salvación. Ambos caerán en el hoyo de la ignorancia.
 Esas consideraciones me hacen pensar en  la pedagogía de Paulo Freire que reclama modelos de rompimiento, de permutación y de metamorfosis total; postula que la tarea de educar humaniza si y solo si procura la integración de las personas a su realidad nacional, “en la medida en que pierda el miedo a la libertad y que cree en el educando un proceso de recreación, de búsqueda, de independencia y de solidaridad”.
En los discípulos en la fe creo que también deben abrirse esos espacios. Si la educación en la fe no fomenta procesos de búsqueda, de independencia y de solidaridad la misma será alienante y esclavizante, no transformadora, y;  como los cuatreros que elegimos hace más de tres años no renunciarán, renunciemos nosotros a ellos y expresémoslo en las próximas elecciones razonando bien nuestro voto y nuestra participación ciudadana, con un alto grado de civilidad, como hasta el día de hoy se ha hecho.
En la Iglesia entonces, hemos de quitarnos el sombrero o la gorra, no el cerebro.-

miércoles, 29 de abril de 2015

“SEMPER FIDELIS”



Entre los diversos diálogos sostenidos por los personajes de la tragedia de William Shakespeare, Hamlet; ocupa mi razón  algunos principios elementales que Polonio recomienda a su hijo Laertes, con ocasión de una despedida que  en tono severo hace el primero  por no darse prisa en ponerse en movimiento y aprovechar la marea él segundo. Junto a su bendición externa   los siguientes consejos:
01.- No le prestes  lengua al pensamiento, ni lo pongas por obra  si  es impropio;
02.-  Sé sociable pero no con todos;
03.- Al amigo que te pruebe su amistad sujétalo al alma con aros de acero, pero no embotes tu mano  agasajando al primer conocido que te llegue;
04.- Guárdate de  riñas,  pero si peleas, haz que tu adversario se guarde de ti;
05.-A todos presta  oídos; tu voz a pocos;
06.- Escucha el juicio de todos y guárdate el tuyo;
07.- Viste  cuan fino permita tu bolsa, más no estrafalario; elegante no chillón, pues  el traje suele revelar al hombre;
08.- Ni tomes ni des prestado, pues dando se suele perder préstamo y amigo,  y tomando se vicia la buena economía.
09.-  Y sobre todo continúa Polonio: “se fiel a ti mismo, pues de ello se sigue, como el día a la noche, que no podrás ser falso con nadie”.
“Se fiel a ti mismo” sin duda alguna un principio universal  que ya muy pocas personas llevan a la práctica y que denota a aquella persona que guarda fidelidad y  cumple sus promesas con exactitud y es veraz  en el estricto y vasto sentido de la palabra, en todos los ámbitos de la vida misma: Espiritual, sentimental,  laboral, familiar, social, eclesial, cultural, emocional, personal, moral, ética,  profesional y financieramente hablando;  entre un largo etcétera en virtud que la lista en mención, puede seguirse ampliando según se considere pertinente.
¿Cuántos problemas podrían evitarse siendo fiel consigo mismo? Porque la persona que no es fiel consigo mismo difícilmente podrá ser fiel a los demás.
El “Se fiel a ti mismo” sintetiza y actualiza los demás postulados, viejos principios fundamentales que debieran ser de observancia general.  La persona que es fiel a sí misma no pone en práctica lo que es impropio;  sabe con quién ser sociable y se aparta de las personas de dudosa honorabilidad;  encuentra en el verdadero amigo un tesoro y lo cuida como tal;  evita las riñas verbales y corporales; como diría Emerson  “jamás discute con un imbécil porque sabe que este lo hará descender a su nivel y allí le ganará por experiencia”; el mejor conversador es el que  escucha mucho y habla poco y “todo lo guarda en su corazón”,   “su si es sí y su no es no”; sabe que lo demás procede del maligno; “viste cuan fino permite su bolsa”, sin caer en el consumismo es austero y sobrio en el vestir,  pero lo hace con  dignidad y recato, porque en este mundo post moderno “como te ven te tratan”; no toma lo que no es suyo y no pone en peligro su economía para no acarrearse a sí mismo y a los demás grandes males; como diría Montesquieu “una injusticia contra una sola  persona constituye una amenaza hacía las demás”; dilapidar la propia economía y tomar lo que no es propio amenaza no solo al que tal hace sino a todo el núcleo familiar y el entorno laboral y social;  poniendo en peligro la salud y la seguridad, la paz y la tranquilidad de todos los que resultaren afectados.
La fidelidad es un valor que debe cultivarse, cuidarse y practicarse más a menudo y no debe ser tan solo un adorno  en  nuestra visión, misión y valores;  ricamente enmarcado y colgado en el lobby de la empresa, el colegio o la universidad; al estilo de aquella institución policíaca en los tiempos del terror  en Guatemala, por suerte muerta ya,  que tenía como  slogan: “Semper fidelis”; y como sus miembros no sabían  latín, apenas español;  nunca fueron fieles a ellos  mismos, mucho menos  a los demás.
Como diría Laertes a Polonio en esa escena   “Humildemente de vos me despido”.-