martes, 31 de enero de 2023

Hombres maniatados

     En el capítulo 3 (1-6), de su evangelio San Marcos narra la historia del hombre aquel que tenía la mano atrofiada, lisiada o seca. La redacción de la estrofa en cuestión, no permite sacar conjeturas respecto de que si esa malformación era congénita o adquirida por causa de alguna enfermedad o accidente.

     El escritor en mención crea y recrea un contexto adecuado para dar a la “raza de víboras” a los "sepulcros blanqueados” que acechaban a Jesús y, estaban ahí presentes, el suficiente material de que hablar: se da a lo interno de una sinagoga en dónde Jesús se encontraba enseñando como fue su inveterada costumbre. El hecho se llevó a cabo durante un sábado cualquiera, día en qué de acuerdo a la ley judía no podían hacer nada, pero ni siquiera espantar una mosca verde, —de aquellas que abundaban en el gran templo— que osara posarse en un plato de hierbas amargas.

     Jesús que se dio cuenta de las intenciones de los escribas y fariseos hipócritas, levanta y pone en el centro del lugar al hombre de la mano maniatada sin que éste lo pidiera, obedece a la orden del Maestro y éste lanza una pregunta poderosa: “¿qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, ¿salvar una vida o acabar con ella”? Obviamente, nadie se atrevió a responder, sin duda esquivaban su mirada. Para rematar la escena de forma apoteósica, Jesús le dice al maniatado que extienda la mano y al instante la restableció … 

Mientras tanto, las pérfidas serpientes letradas de la ley, sin disimular su desencanto, murmuraban entre sí, lo que le iban a hacer en el futuro.

     El episodio del hombre de la mano seca da para tanto, hoy, permite elucubrar en tiempos de post pandemia, en un tiempo en donde muchas personas se hacen de las manos secas para hacer más de lo mismo: no trabajar. Ante la carencia de una visión del futuro no se ponen a pensar en el porvenir, cuando todo esto haya pasado ya.

Lo más penoso del asunto estriba en que, muchas personas se han maniatado por su propia y espontánea voluntad, mientras que  otras por causa de la falta de oportunidades, un empleo digno, una profesión o un oficio concreto que les permita salir avante en la vida.

     En los momentos infaustos de la pandemia, muchos lo hicieron “so pretexto” de no contagiarse y tomaron la decisión de aislarse, de no trabajar como es normal, usual y acostumbrado en una sociedad civilizada. Muchas de esas personas han tenido por costumbre no trabajar. Son aquellas que salen a las calles con un periódico debajo del brazo supuestamente a buscar un empleo, pero pidiéndole a Dios no encontrarlo.

     Los otros en cuestión, son quienes por causa de la problemática derivada de la pandemia y la inflación que ha sentado sus reales en el mundo entero, han afectado su economía, su empresa, su negocio o han perdido el empleo, contándose por cientos de miles a lo largo y ancho del globo terráqueo.

Ambos casos están erosionando economías enteras, con la única diferencia que los emprendedores sí están preocupados, ofuscados y maniatados por causa de la letalidad y derivaciones sin que puedan hacer mayor cosa para paliar la crisis que ya se avizora en el horizonte.

     El hombre de la mano seca entonces, debería confirmar lo que Jesús afirmó en aquel tiempo y, para los fines de este escrito aquí parafraseo al Señor: ¿Qué está permitido en estos tiempos: hacer el bien o hacer el mal, ¿salvar una vida o matarla?

Sin duda la respuesta a tal interrogante no es discutible como en aquel tiempo y es que, hacer el bien sin ver a quien es condición sine qua non para salvaguardar la vida en todas sus aristas…      

¡Vamos, extendamos la mano y emprendamos! …

Jlriveirof, OP

jueves, 26 de enero de 2023

El jaguar

   


 En diciembre del 2021 en compañía de mi hijo José Luis visitamos las ruinas de Tikal, y a la entrada de ese sitio arqueológico nos detuvimos para ver en tiendas y estantes del lugar, las diferentes artesanías que los comerciantes venden a propios y extraños.  Aparté la cara de un maya con la piel de un jaguar como turbante labrada en madera preciosa, misma que pasé recogiendo al final de nuestro paseo por el parque, al caer la tarde.

Mientras el tendero envolvía la efigie en cuestión, me iba relatando porque la figura del jaguar es icónica en El Petén, misma que cuento tal y como él me la contó y, como a él se lo contaron de forma generacional sus ancestros mayas. Mientras enarcaba una ceja y adoptaba un tono grave de voz me dijo que, el jaguar en aquel tiempo era un animal orgulloso, jactancioso y pretencioso y, que no era pinto como ahora, sino amarillo de una sola tonalidad.

     En su afán de creerse superior por su corporalidad, agudeza y sagacidad, el jaguar vivía humillando al resto de animales que compartían hábitat en las sabanas peteneras con él, a quienes exigía pleitesía y humillaba con asiduidad...

      Los monos que siempre se han creído más inteligentes inclusive de sus descendientes, no estaban de acuerdo con esa manera de ser y hacer de parte del jaguar y, al ser más números y bulliciosos lo atacaron en manada, disparándole al unísono chicozapotes sobre su felina corporalidad. Fue así como cambio de color y quedó pinto de una vez y para siempre con la explosión de la fruta madura que le fue arrojada.

     Herido en su dignidad más que en su corporalidad, el jaguar bramó y clamó al cielo, habiendo sido escuchado por una de las deidades que, en su auxilio bajó. Fue Kukulkán quien lo escuchó y también quien puso enemistad entre los simios y los jaguares, diciendo a los primeros que a partir de ese momento serían alimento del jaguar y que, si querían conservar la vida, debían permanecer en la copa de los árboles, so pena de desobedecer, ser degustados por el enorme felino.

     Es por eso que, cada vez que se escuchan los alaracos de algún mono aullador sobre la copa de los árboles, es porque han divisado a algún jaguar y con su alarido previenen a los que están cerca y estos a su vez, a los demás, hasta hacer una cadena sin fin de alaridos que salen de las entrañas de nuestros parientes lejanos, los simios,  hasta perderse en el infinito de ese mundo del misterio verde, como le llamó Virgilio Rodríguez Macal, a la sempiterna selva petenera.

Jlriveirof

lunes, 2 de enero de 2023

El padrino...


       
Mi tío materno Hermógenes  (+), se convirtió en mi padrino al haber aceptado el reto propuesto por mis padres, a quienes acompañó a la Iglesia Catedral de Santo Domingo de Guzmán, ubicada en el centro histórico de Santo Domingo de Cobán, Guatemala, Centroamérica, para que mi hermana Ruth y yo, recibiéramos las aguas bautismales cuando nos llegó el tiempo para ese sacramento.

Como era normal, usual y acostumbrado en todas las épocas, la Iglesia de mi ciudad natal como todas las demás, está ubicada a un costado del poder temporal: ayuntamiento y palacio de gobernación.

Cuando nos llegó la razón y empezamos a decir nuestras primeras palabras, sustituimos su nombre o su título de tío por el de padrino y, a imitación nuestra, todos sus sobrinos le empezaron a llamar “padrino”, aunque no lo fuera, sacramentalmente hablando.

Por antonomasia entonces, cuando alguien preguntaba por él o le llamaban ya no le decían tío o Moge, sino padrino, así fue reconocido por todo el clan familiar y así es recordado hasta el día de hoy, al haber sido sustituido su nombre de pila.

En virtud de sus andanzas al estilo de la vieja usanza vaqueril, fue apodado Pecos Bill por mi abuelo; su padre, de quien heredó el nombre y todo cuanto sabía de agricultura, ganado vacuno, caprino, porcino y caballar, así como a   administrar fincas.

Pecos Bill, un mote que le vino como anillo al dedo, cuando a todo galope con dos o tres “alipures” como él les llamaba a las bebidas embriagantes, atravesó de cabo a rabo la calle Chiú sur, montado en su yegua jalapeña Bailarina o Señorita creo que se llamaba, no recuerdo bien el nombre.

Como huyendo de un fuerte aguacero que se avecinaba y que ya venía pisándole los talones, se aferró a su cabalgadura. El clac, clac, clac del andar de su jumento y la ji, ji, ji del relinchar, se oía desde que cruzó el barrio San Juan Alcalá hacía la calle Chiú. Cuando nos vio parados debajo del dintel de la puerta principal de la vieja casona de mi abuelo, desaceleró el paso de la yegua alzando el freno, se quitó el sombrero, en la comisura de los labios llevaba un cigarro más torcido que la cola de una iguana, hizo que la yegua relinchara y se parara en dos patas, se quitó  el sombrero en señal de respeto, hizo una genuflexión hacía su padre y hundió las espuelas en los ijares de la pobre yegua que lo transportaba, logrando que plañidera,  corcoveara y, disparatada se pusiera en camino tirando coces a diestro y siniestro.

“Se va a romper la madre este hijo de cien mil p…,” chistó mi abuelo, cuando vio cómo se resbalaron las patas traseras al rosar las herraduras recién cambiadas en el taller Casado que aún queda por la calle del antiguo estadio Verapaz, hoy José Ángel Rossi, con las piedras mojadas por el chipi chipi de antaño, en esa calle que, en ese tiempo era muy parecida a las calles de la Antigua Guatemala.

En ese trance el padrino embistió a todo lo que encontró, cual ánima del purgatorio se aventó dando rienda suelta al semoviente y a todo galope desapareció de nuestra presencia, pasó el puente Chiú con la esperanza de transmontar los potreros que hoy ocupan Residenciales Imperial y Buena Vista, hasta perderse en el atardecer de la tarde fría y sombría de un mes de diciembre de un año cualquiera de nuestro Señor.

    De mi abuelo; el padrino aprendió a no pedir nada y a no morir de hambre. Hacía de todo lo que dignificará al hombre. Cuando por alguna razón se encontraba temporalmente desempleado, se dedicaba al negocio de la venta de caballos, machos, yeguas y burros. En consecuencia, recorrió aldeas, caseríos, montes y ciudades, haciendo periplos desde la Ciudad de Jalapa, hasta Cobán, transitando por caminos y veredas inciertas de herradura.

En repetidas ocasiones encabezó la expedición su mariscal de campo, el famoso Chico Méndez, un vejete, bajo de estatura, encorvado, de ojos claros, que como todos los vaqueros éste era bastante fanfarrón, (decía que en Jalapa hasta los chuchos eran de ojos zarcos), montado en un caballo percherón, usando un sombrerón que cobijaba su escuálida figura, investido de una falsa envergadura, se creía Clint Eastwood portando en el cinto una pistola más grande que sus extremidades inferiores.

 


    Remontando el pensamiento a los tiempos idos, concretamente a finales de los años setenta del siglo pasado, cuando en las proximidades de las ferias de Carchá y Cobán; mi finado primo Willy Ramírez Barrios (hijo de Enrique Ramírez Fernández), mi primo hermano Moge Fernández García,  Paco mi hermano, que también ya duerme el sueño de los justos y yo, éramos ascendidos por el padrino  a lugartenientes,  en su ausencia claro está y, montados a puro pelo y gamarrón por freno, lo acompañábamos a ambas celebraciones para vender su recua de machos, mulas, burros y caballos;  no sin antes haber recibido una capacitación a puro troche y moche, iniciando con lo más básico, con el léxico florido del padrino de aquel lejano tiempo: - “Nunca te pongas detrás de una mula porque no es tu nana”, “nunca te pongas delante  de un macho serrano  porque no es tu tata”, ”por la izquierda se monta un caballo pisado, no por la derecha,  no es tu traida  para que lo hagas por cualquier lado”.

Al final de la jornada tenía listas unas candelas de cebo que daba a cada uno, para frotarlas en las magulladuras que se formaban en el sisiflís como consecuencia de montar a puro pelo, que mantilla ni que montura, esa estaba reservada para él.

También nos enseñó a calcular la vejez de un penco por la apariencia del java (gingivopalatitis o palatogingivitis), o por la caída de las criadillas, cuando éstas estaban muy caídas casi al ras de los tobillos decía que, el jumento era más viejo que su dueño y así, aprendimos a montar y a arrear patachos.

     Era espléndido en dar y darse a los demás, llegado el tiempo de las navidades, a diferencia de Ebenezer Scrooge, nos visitaba y nunca llegaba con las manos vacías, siempre llevaba consigo más de algún regalo, igual que para el tiempo de los cumpleaños, al extremo que,  cuando cumplí mis quince primaveras, muy de mañana llegó a visitarme para felicitarme, me mando asearme, a echarme loción aunque sea “siete machos” – dijo-, a ponerme mi mejor estreno y alguna vaselina “Flor de Paris” en el pelo,  me llevó con él …,  una sonrisa maliciosa surcaba su cara de oreja a oreja, hasta parecía que le salían cachos.

Es evidente que, con la suficiente antelación él ya había maquinado lo que me regalaría para esa ocasión. Llegamos a una casa campestre de balcón, sumergida entre cafetales y pacayales, que hacían sombra al visitante, la alumbraba una luz mortecina, olorosa a tabaco y bebidas espirituosas, al fondo se oía una vieja canción de principios de los años 60, con cierta ortodoxia me dio  su bendición en el momento mismo en que me lanzaba  a los brazos de una fémina, con apariencia monjil y austeridades conventuales que me esperaba, por el acento de su voz intuí que no era connacional, a pesar que aparentaba ser menor de edad, resulto ser más astuta que la vulpeja,  risueña en extremo, me dijo llamarse no sé, no lo recuerdo, solo oí que él la llamo chiltepito. Fue así como un 30 de septiembre de un año cualquiera del siglo pasado, perdí la inocencia …

     Sin duda alguna estará sentado sobre algún jumento a horcajadas y riendo a carcajadas, se estará echando unas arrechadas de vaqueros, como fue su inveterada costumbre...

domingo, 1 de enero de 2023

La lapidación como estrategia de dominación

 


     El libro de los Hechos de los Apóstoles (6,8-10; 7, 54-59), registra uno de los primeros asesinatos cometidos en la era cristiana, concretamente en la humanidad de Esteban, uno de los primeros discípulos de Jesucristo que derramó su sangre al afirmar que lo veía en un remanso sentado a la derecha de Dios en gloria y en paz.

Con tal afirmación obtuvo una reacción violenta por parte de los miembros del Sanedrín, porque empezaron a formular juicios negativos, y en virtud de ellos, lo sacaron a las afueras de la ciudad y a pedrada limpia y certera le segaron la vida.

Mientras los malhechores descargaban su furia en contra del discípulo de Jesús, a quien convirtieron en proto mártir, él le pedía a Dios para que acogiera su espíritu y que no les tomara en cuenta ese flagrante delito.

     Hoy; en la plenitud del siglo XXI, los linchamientos que incluyen el apaleamiento, lapidaciones y otras formas pendencieras y violentas, siguen siendo una estrategia de dominación por parte de muchos sectores de la población; los aparatos represivos del estado lo siguen practicando con rigurosidad y asiduidad, para ser temidos, no respetados y enviar así, una señal sobre lo que debe y no hacerse, decir y no decirse.

Fue práctica de curso legal por parte de las hordas oligofrénicas del estado, durante el genocidio perpetrado en Guatemala, entre los años de 1960 a 1996, dentro del marco de la guerra fría entre el bloque capitalista representado por los EEUU y el comunista por la URSS.

La lapidación física y verbal se sigue practicando por razones de todo tipo, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días.

     En la actualidad seguimos viviendo tiempos difíciles, muchas personas violetas en extremo a lo interno de la Guatemala profunda utilizan ese método para castigar a presuntos delincuentes, en adición a la quema de personas a quienes ellos aprehenden, juzgan y condenan, mandando una clara señal que la justicia en Guatemala cada quien la toma según le conviene, y que la antiquísima ley del Talión aún existe y persiste.

     En ese contexto podemos contemplar cómo  Guatemala vuelve a ser  noticia a nivel internacional, cuando se estrenó el documental “El arte del asesinato político” producido por el actor George Clooney y Grant Heslov, basados en el libro del escritor Francisco Goldman, en dónde relatan el asesinato de Monseñor Juan José Gerardi, uno de los máximos defensores de los derechos humanos, lapidado por miembros del ejército nacional, dos días después de haber presentado el Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica, que expone al desnudo,  el exacerbado índice de crueldad jamás cometido por esa institución armada, durante los 36 años que duró el enfrentamiento armado interno.

     Superada esa etapa convulsa y vergonzosa llevada a cabo bajo el solar patrio, es importante que todas las organizaciones sociales, políticas, económicas, militares y religiosas, a imitación de Cristo y el proto mártir Esteban, pidamos a Dios en nuestras oraciones para que cese la violencia, el odio, el desamor y la desesperanza e incluyamos en nuestras oraciones: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” …

Como una sociedad presuntamente civilizada, nos urge hacer esa declaración del perdón y, bajo este acápite, es importante que, todos cumplamos con lo que nos hemos comprometido, empezando con los gobernantes futuros a efecto de que cumplan con lo estipulado por los invisibilizados, olvidados, empolvados, desmantelados y archivados acuerdos de paz y, que vuelvan a pedir perdón por la barbarie cometida en contra de la otredad y la nadedad, pero no del diente al labio como lo hizo el pillo de Portillo, sino a corazón abierto, para que, como sociedad presuntamente civilizada, comencemos a reconstruir la Guatemala que todos queremos.

     Obviamente; sin resarcimiento no hay perdón, por lo tanto, es imperioso resarcir el daño cometido en contra de los otros y la mejor forma de hacerlo es, llevar salud, seguridad, educación, capacitación técnica y ayuda psicológica entre otras a las áreas violentadas, excluidas, marginadas y más olvidadas por el mismo estado guatemalteco; especialmente aquellas que, pusieron sus campos y sus muertos durante la conflagración bélica …

Jlriveirof, OP

miércoles, 28 de diciembre de 2022

El día de los inocentes

 

     En el marco de la recordación de los niños asesinados por las hordas salvajes de Herodes, podemos retrotraer la mirada a los tiempos pretéritos tan antiguos tomando como punto de partida lo que expresa el evangelista Mateo en el capítulo dos, versículos del trece al diez y ocho de su evangelio, en donde explicita como el ángel se le aparece a José, el padre putativo de Jesús y le dice: <<Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, quédate ahí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.>>

Inmersos hasta las profundidades en la perícopa bíblica en cuestión, podemos figurarnos como la Sagrada Familia de Nazaret, inmersa en el claroscuro ese que se da, entre la oscuridad de las tinieblas y la luz que arroja el mensaje del ángel para iluminar el tránsito hacía Egipto, por caminos y veredas agrestes, intentando pasar desapercibidos ante la soldadesca que, quería segar la vida del Rey que, según Herodes, ponía en riesgo su reinado. Un reinado voraz y rapaz surgido de las putrefactas, nefastas y asiduas prácticas de servilismo y lameculismo institucional que el reyezuelo ese, practicaba a los romanos.

¡Luz y oscuridad! ¿Por qué la luz que surgió del mensaje del ángel no alumbró un camino de salvación para los niños que fueron asesinados por las hordas salvajes de Herodes? ¿Por qué Dios manda a salvar solo a su hijo en perjuicio de los otros niños que sufrieron en carne propia la matanza? …, Ve tu a saber por qué… 

     Sin embargo, esta celebración litúrgica, no solo nos debe recordar a aquellos niños asesinados en aquel tiempo, sino también a todos aquellos inocentes asesinados en el vientre materno de manos de algún matasanos, contratado por su propia madre para tan avieso fin.

Nos debe recordar a todos aquellos inocentes violados por algún pederasta que, podría ser alguien allegado a la familia; o parte de la misma familia, incluidos los mismos padres, abuelos, tíos y parientes cercanos.

También nos recuerda a todos aquellos niños que fueron martirizados en tiempos del conflicto armado interno, por causa de la política criminal de tierras arrasadas que, con el apoyo financiero estadounidense y logística israelí; los gobiernos militares totalitarios de extrema derecha guatemalteca, practicaron en más de 400 aldeas, durante esa barbarie acaecida bajo el cielo patrio, cuyo objetivo pretendía aniquilar la base social rural de la guerrilla.

     Nos recuerda también a las adolescentes quemadas por el estado en el hogar -in- seguro Virgen de la Asunción, en tiempos del bufón que hoy mora al amparo del  PARLACEN, gozando jugoso e inmerecido salario.

     Simple y llanamente, nos recuerda una vez más a todas aquellas personas que son víctima de la violencia por causa del mal que abunda en el mundo.

     Por lo tanto; hoy es un día para reflexionar, no para hacer memes y chistes de mal gusto como los que muchas personas hacen en un día como hoy, cada año, año tras año, más por ignorancia que por inocencia, porque “el lenguaje nunca es inocente". Como diría Lyndon Baines Johnson, “Un libro es el arma más efectiva contra la intolerancia e ignorancia.” En este caso concreto valido es, reflexionar en torno a los evangelios…

     Con el pasaje del evangelio en cuestión, la tradición mateana nos recuerda como la ambición por mantenerse en el poder, los gobernantes en todos los tiempos, son capaces de utilizar a las mismas instituciones del estado para sacar al monstruo que llevan dentro y ensañarse con la gente indefensa, pobre y excluida con tal de lograr sus perversos fines, son capaces de venderle el alma al diablo por 30 monedas de plata como lo hizo Judas el traidor.

     La reflexión teológica nos demuestra que la vida es siempre un espacio abierto al sí y que Dios siempre estará del lado de la víctima, del marginado, del explotado, del desplazado, del excluido, del débil y de aquel que carece de derechos y de oportunidades. Aunque con los santos inocentes asesinados en aquel tiempo, parezca todo lo contrario.

En ese sentido e independientemente a nuestro quehacer, hemos de ser actores protagónicos y no antagónicos, para que en Guatemala ya no se siga escuchando ese clamor, esos llantos, esos lamentos …

domingo, 18 de diciembre de 2022

"Que mirás, bobo"

     La celebraba frase del astro del fútbol argentino Lionel Messi, pronunciada de forma bravía cuando concedía una entrevista a un periodista, posterior a un encuentro deportivo en Qatar; se volvió tendencia en las redes sociales, dándole la vuelta al mundo por la súper carretera de la web.

     Los más listos hicieron con la frase lo que quisieron, imprimiéndola en prendas y artículos para hacer negocios, los humoristas para sacarle jugo al chiste mediante memes y, por los inconformes fanáticos para satirizarlo y ridiculizarlo, según ellos.

     Sin embargo, sacando el texto de su contexto, da para más. Para cuyo efecto es de considerar primero, su etimología latina:  <<balbus>>, que significa balbuciente o tartamudear...

Bobo, es sinónimo de tonto o necio y expresa también a alguien con poco entendimiento, comprensión, razonamiento e inteligencia.

     Por ejemplo, a quien posa sobre la blanca arena de mar, oteando sonriente el horizonte le podemos preguntar: ¿qué mirás, bobo? ...; y lo que miraba el necio, lo dejo perplejo y tartamudo al contemplar lo que se asoleaba a orillas del Caribe colombiano: una legión de ángeles y arcángeles sin alas, que solo vestían unas pititangas, lo suficientemente largas para tapar lo esencial y, lo suficientemente cortas para no perder el interés. Otra legión de esas maravillas de la naturaleza, jugaba entre las olas de más de dos metros de altura, calculadas a vista de pájaro, de cuyos cuerpecitos se jactaba el viejo y pícaro mar que las arrastraba y zangoloteaba, como queriéndoselas llevar y desvestir en sus profundidades.

Otras parejas, parafraseando al cantautor guatemalteco, para que voy a describir lo que hacían en la arena, al grado que, tartamudeando rece:  "Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de mí, pecador."

     "¿Que mirás, bobo?" Me pudo haber dicho mi coach ejecutivo el día de hoy si no hubiera actuado como tal, cuando en una sesión de coaching previamente establecida, yo traje a colación un hecho concreto de vieja data que venía obstaculizando el libre fluir de mi vida y, que debí haber tratado hace una treintena de años, no hasta ahora. Un quiebre que, en virtud de la Mayéutica socrática, desquebraje con sus preguntas y mis repuestas.

     "Que mirás, bobo", podríamos decirle a aquella persona que vive añorando un pasado que ya no existe, al cónyuge vicioso y violento, anclando su pasión en círculos viciosos, amores fallidos, triángulos amorosos, trabajos tortuosos y mal retribuidos, jefes que actúan como capataces, entre un grande e interminable etcétera. Diciendo malaya a un tiempo que no fue bueno y en consecuencia no volverá. Amén de aquellos que, pasado el tiempo le echan una mirada retrospectiva a su vida y, se dan cuenta que, de ella no consolidaron gran cosa, solo vegetaron, derrocharon y mal acabaron, en virtud de una mala administración del tiempo y los recursos.

De tal quisa que, en función de sus yerros y desaciertos, mientras musitan un mea culpa, cualquiera podría decirse: “Que mirás, bobo”.

Jlriveirof, OP

jueves, 15 de diciembre de 2022

Los fisiquines

 

   

     Las personas que aparecen en la vieja y descolorida fotografía que precede a este pequeño escrito, son: Godofredo Franco, Mario Maldonado, Haroldo Fernández Ligorría y quien suscribe. Es un recuerdo de hace más de cincuentipocos años. El área verde donde estábamos es hoy día, Residenciales Imperial, en la Ciudad de Cobán, Alta Verapaz, Guatemala, Centroamérica. 

Al fondo se ve la casa del extinto Juan Coy, toda una personalidad en su época de quien guardo muy buenos recuerdos en virtud que, a pesar que era un hombre rudimentario, todos los jueves entrada la tarde pasaba a la casa de mis padres a traerme, para después pasar a la casa de mis abuelos maternos por mi primo Fredy Fernández y nos llevaba al Cine de la Cruz Roja a ver películas del Santo, Juan sin miedo, Drácula o la llorona, jueves tras jueves, vez tras vez. Su casa está aun sobre la calle que conduce al cementerio general de la localidad antes mencionada.

     Mi infancia, casi toda transcurrió en la casa de mis abuelos maternos, y al ser uno de los primeros nietos varones, mi relación con mis tíos y sus amigos fue cariñosa, comprometida y respetuosa. La armonía que jalonaba la simpatía y empatía iba mucho más allá de la familiaridad por simple accidentalidad biológica, es una relación que dura incólume hasta el día de hoy.

     La fotografía en cuestión, me enlaza con dos acontecimientos de triste recordación y de manifiesto agradecimiento. El primero tiene que ver con mi tío Lolo, el famoso gallegas como cariñosamente le decimos. Resulta que, durante sus años mozos él era físico constructivista, igual que Godo y Mario, tenía un juego de pesas y poleas hechizas de engranajes y tambores de llanta de carro, rellenas con cemento y, su gimnasio casero lo tenía en uno de los corredores de la casa. Una tarde invernal que en aquellos  tiempos era fría y lluviosa, yo me le uní al entrenamiento, con un tubo sin discos hacía lo que él hacía y en mi atrevimiento quise levantar una mancuerna dentada de engranaje, la logré levantar arriba de la cabeza pero no la aguanté y la solté estrellándose sobre mi dura cabeza, llevándome a la emergencia del hospital nacional que quedaba apenas a cuadra y media de distancia para detener la sangre,  el recuerdo lo tengo tatuado en la cabeza al haberme tenido que poner media docena de puntos.

     La segunda experiencia fue más fuerte. En la parte de atrás de la casona había una pila hechiza al estilo de la vieja usanza. Grande y profunda, en ella tenía mi abuelo una tortuga que engordaba para alguna ocasión, al ser descuidado por mi madre que se encontraba en medio de singular tertulia, yo me escapé de sus enaguas y me fui a la pila, me incliné para ver de cerca la tortuga, me resbalé y le fui hacer compañía al fondo de la pila.

La afanadora de la casa que por casualidad llegó al lugar, se dio cuenta y corriendo fue avisar. Godo, como le llamamos al primero de la fotografía enseñando la musculatura, según supe años después, me sacó inconsciente de la pila, me puso en el suelo boca arriba, sacó el agua de mi interior y me dio respiración artificial, hasta que, volví a la vida...

     Hace algunos años, Godo, de oficio mecánico, reparó en mi casa de habitación, el motor de una camioneta Chevrolet que tenía y, en uno de sus descansos platicamos de esa fatalidad, cuando me contó del asunto se sobresaltó y su expresión y narración era dolorida, como si él hubiese sido la víctima, me miraba a los ojos y los mismos se le empañaron de lágrimas. —Perdón Guichito —me dijo— creo que me entró basura en el ojo...

     De Mario, aún conservo unas orquídeas que me vendió hace mucho tiempo y unos helechos conocidos como cuernos de alce que me regaló, se multiplicaron y hoy adornan el tronco de varias palmeras que, calladas reposan en mi jardín.

     Del gallegas, hablar de él sería redundar y no soy amigo de la tautología, hace un poco más de un año escribí un ensayo sobre él, describiéndolo tal cual es. A los tres, hago patente mi cariño, solidaridad y respeto...

Jlriveirof, OP