jueves, 4 de mayo de 2017

“Soy un ser humano. No doblar, romper o torcer”


Por jlriveirof

      El filósofo, sociólogo y escritor francés Guilles Lipovestsky en su obra cumbre “La era del vacío” afirma que durante el  año 1960, se dio un acontecimiento sumamente importante: la translación  de la era moderna a la posmoderna y,  que en consecuencia trajo consigo lo que Frederick Nietzsche vislumbró en su tiempo y que llamó  “la desvalorización de los valores”, con el surgimiento de un  “superhombre” que en esta nueva era se cree rey y actúa como tal. Presuntuoso, altanero y  vacío,  hasta caer en la tentación de pretender maniobrar su existencia a la carta para vivir la vida loca,  una vida “light”, carente de contenido real.  Un rey con tendencia a absolutizar lo relativo y relativizar lo absoluto.    Su majestad entonces, ese superhombre, en esta nueva era, ha depauperado los valores ancestrales libados en casa, así como también ha invertido actitudes positivas por  negativas, como “la apatía, la indiferencia, deserción, el principio de seducción sustituyendo al principio de convicción y generalización de la actitud humorística”, -un referente es nuestro infausto Presidente de Guatemala y su vocero narcisista. El consumismo, un hiperindividualismo psicologista, hedonismo, pérdida de la razón  histórica –José Ortega y Gasset- y el principio de racionalidad -en el pensamiento de Karl Popper-  la moda, lo efímero, la asedia espiritual, el sectarismo y el indiferentismo religioso, son las particularidades del ser humano,  entre una muy larga,  cola larga…

     Pues bien, tomando como referente los estudios realizados por Guilles Lipovestsky me permito concatenar el resurgimiento de acciones energúmenas, tales como los sucesos acaecidos recientemente en el mal denominado “Hogar Seguro Virgen de la Asunción” y la tragedia cometida por un sujeto  bautizado con dos nombres bíblicos en el seno de un “hogar cristiano” y que ante el desmadre cometido “no honró a su padre y a su madre”, contraviniendo el único mandamiento de la Biblia que trae consigo una promesa. Desvirtuando también el mandamiento del amor al no buscar “el sumo bien” para  su prójimo como a sí mismo. Resulta más grave todavía cuando el padre del victimario debiera ser considerado por tal hijo, como un referente moral, al dedicarse a la hipotética salvación de las almas en el seno de una iglesia protestante.

     Ambas tragedias, demuestran de manera concluyente que,  muchos de aquellos que nos autodenominamos cristianos, adoramos a otro dios que sin duda alguna, no es la fuente del amor explicitado en la 1ª carta de Juan (4,8), sobre todo al reflexionar en torno a los diversos comentarios en las redes sociales de individuos que estaban a favor de lo sucedido en ambos contextos, que reflejan por supuesto a entes no pensantes de nuestra población guatemalteca.
 Asimismo, hemos de lamentar que al  territorio de Guatemala lo  convertimos en un virtual campo de batalla, cuyos actores nos desangramos en una guerra fratricida, en donde el hermano muere, en manos del hermano…

     Esta era posmoderna trae consigo toda una revolución. Ante la escalada de violencia generalizada y muertes por doquier, muchos optan por Thánatos y otros por las Keres por dioses; ante quienes se inclinan muy a menudo y le son fieles y optan por la cultura de la muerte. Así, lo demuestra un diario acontecer signado de dolor, muerte, indiferencia perniciosa, democratización de todo aquello que divide, confronta  y subvierte el orden legal establecido, prostituyendo aún más a las meretrices de la justicia y la política, que se venden casi siempre, sino es que siempre, al mejor postor.
 Caemos así, en un  profundo abismo que soslayamos muy a menudo, pero que debe merecer toda nuestra atención y pronto para no seguir cayendo en lo que Lipovestsky concibe como la “desubstancialización del yo”.

     Para ilustrar lo anteriormente expuesto, veamos someramente ese infierno en que convirtieron ese inseguro “hogar seguro”, tan inseguro que en su interior fueron violentados todos los derechos humanos de las víctimas y para ocultar sus felonías –algún funcionario de estado-  las mando a quemar vivas –culpable sea el estado inquisitorial hasta que demuestre lo contrario-  y asesinó  ipso facto a más de cuarenta adolescentes, sin que hasta el día de hoy, la mal llamada sociedad civil, la Iglesia y la Academia; pusilánimes todas,  se pronuncien con todo el vigor y el  rigor que las adversas circunstancias ameritan…
Para colmo de todos los desmadres, ni siquiera el estado fallido como garante de la vida y la seguridad a “extremado la diligencia” para dar con los responsables o asumir su responsabilidad en los hechos, con un mandatario que llora por la muerte de “su guía espiritual” pero que no se duele ni se solidariza con las víctimas de esa casa de citas  en que convirtieron al hogar inseguro, Virgen de la Asunción.
Esa indiferencia presidencial, quizá, sea consecuente a una “anemia emocional” – D. Riesman- que le permite al mandatario, dormitar y permanecer persistentemente cansado, al extremo que caiga de bruces y se desmaye en actos públicos de menor cuantía, propio de funcionarios de ínfima categoría, pero para nada inherentes al cargo que inmerecidamente ostenta.

     Continuó ilustrando  esos conceptos muy actuales deLipovestsky   con una tragedia no menos severa y es el asesinato cometido en contra de una adolescente y el atentado en contra del resto de sus compañeras estudiantes que manifestaban en la vía Pública, en Ciudad de Guatemala, por un energúmeno de nombre  Jabes Emanuel, que utilizó su vehículo como arma mortífera para abrirse paso entre una multitud de estudiantes,  y por constituir este ilícito la madre de todos los desmadres el Ministerio Público lo sindica por los delitos de “asesinato en grado de tentativa, lesiones gravísimas y maltrato contra personas menores de edad”, a través de  un boletín que emitió.
Con la pérdida de su sano juicio, Jabes Emanuel, hace honor de su primer nombre hebreo que significa “hacedor de tristeza”, ante el llanto y la tristeza que ha causado en la familia y los  compañeros de estudio de la persona que con su automóvil asesinó con premeditación y alevosía.  Su segundo nombre hebreo; lo ha denigrado por completo, toda vez que el mismo significa “Dios está con nosotros”.

¿Estaría Dios en él cuando cometió el ilícito? ¿Estará Dios en las mentes y en los corazones de los cibernautas que avalan este alto índice de criminalidad? ¿Estará Dios en todas aquellas personas que nos autodenominamos cristianos, pero que nuestro testimonio de vida, demuestra de manera irrefutable que nuestro dios, no es el Dios de Jesucristo?...
     Absorto en mis elucubraciones y mientras comienza la andadura de este post, considero muy moral y muy del caso ratificar a los violentos y a los indiferentes la frase con que lo titulé: “Soy un ser humano. –Hecho a la imagen y semejanza de Dios- No doblar, romper o torcer”…


Santo Domingo de Cobán, 04 de Mayo de 2017

Fuente:
Guilles Lipovestsky. La era del vacío, editorial Anagrama, S.A.  Barcelona, 1986



     

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