Por jlriveirof
La inspiración
originaria con que titulo este post me nace de la famosa frase argumentada por William
Shakespeare en su obra Hamlet, “Ser o
no ser, esa es la cuestión”. La leí por primera vez allá por el año 1977 cuando
cursaba tercero básico, pero la cuestioné pasados esos años mozos, mucho tiempo
después, y a partir de ahí, he visto
como muchas personas la utilizan, sacándola de su contexto. Para no incurrir en
ese sacrilegio la planteo con términos distintos, pero siempre encuadrándola
con ese forcejeo interno que siempre se da entre la vida y la muerte, que nos lleva a curiosear con
preguntas existenciales respecto de ese siniestro personaje que tarde o
temprano se hará presente en la vida de cada uno de los seres vivos, la
soberana muerte.
¿Asegurarse o no
asegurarse? “Esa es la cuestión”…
El conflicto viene de mucho tiempo atrás, ya Benjamín
Franklin había advertido en su tiempo sobre la extraña inconsistencia que se
da, cuando las gentes prefieren asegurar sus bienes materiales, desdeñando
asegurar sus propias vidas. Sin duda, lo más próximo a perderse.
Lo externado anteriormente hace pensar en una sociedad
eminentemente materialista, que prefiere resarcir el daño monetario causado por
la pérdida de algún bien mueble o inmueble, a la pérdida física de aquella
persona que es el sostén económico de una familia.
En un contexto similar Sir Winston Churchill expuso una idea bastante elocuente cuando dijo: “Si yo pudiera hacer las cosas a mi modo,
escribiría en los escritorios de los hombres de importancia la palabra ASEGÚRESE, porque estando convencido como estoy; solo mediante pequeños
sacrificios económicos se puede salvar a la familia de grandes catástrofes
económicos al faltar el sostén de la misma”.
Haciendo las cosas
a mi modo y desde el ejercicio de mi vocación como asegurador de porvenires,
desde hace más de treinta años vengo escribiendo con tinta indeleble en las
mentes y en los corazones de las personas importantes, esa palabra piadosa “asegúrese”, porque he visto de cerca
la muerte y los estragos que causa en el futuro de aquellos que sufren sus
rigores. Una póliza de seguro vigente no evitará que la muerte llegue, pero si hará que la misma
sea menos dramática, al poner fin a los sufrimientos que plantea, desde un punto de vista financiero, claro está…
No obstante, la
inconsistencia planteada por Franklin sigue vigente en pleno siglo XXI, en
Guatemala las estadísticas evidencias una falta de cultura previsional en el
ramo de seguros para personas y, como en aquel tiempo la gente prefiere
asegurar su carro, su dinero, su negocio, su ganado vacuno y caballar, sus
lanchas y aeronaves, postergando asegurar la propia vida. Sin duda, lo más
probable de que se pierda…
Metafóricamente hablando, prefieren asegurar los huevos de
oro que pone el águila, en menoscabo del águila misma…
Lo anterior expuesto plantea otra cuestión. El seguro de vida
siempre se paga. Si no lo paga hoy quien mantiene a la familia mediante pequeños sacrificios
económicos como apuntaba Churchill, lo pagarán los deudos mañana, cuando los
hijos menores de edad dispersos, ya no puedan vivir en su propia casa, comer,
vestir y vivir bien y no puedan asistir al mismo colegio, escuela o universidad,
como en los tiempos pasados…
Las objeciones
derivadas en una negociación de seguro de vida, casi siempre son estas:
“Es muy caro”, “valgo más muerto que vivo”, “no le dejaré ni
un centavo al lechero”, “si no me quieren oler que me entierren”, “que miren
como se las espantan”, “venga el año que viene”, argumentan algunos. Otros,
“asegure mi carro primero, ese vale más que yo”. Como diría Hamlet –escena VII-
“la
duda nos convierte en cobardes y nos desvía de nuestro racional curso de acción”.
Ahora bien, es cierto que vivimos en una época de gran conflictividad
social y política, en donde los robos por forzamiento de ladrones y atracos a
mano armada se dan todos los días, también lo es que la vida misma, lo más
preciado que tenemos ya no se respeta y
prueba de ello, es el incremento de muertes causadas por la violencia
generalizada, que se ha elevado ostensiblemente en toda la República de
Guatemala.
Ante esa
incertidumbre planteada, es mejor prevenir que lamentar, en virtud que ante
esas circunstancias perjudiciales que estamos viviendo, todos somos un blanco
tangible y estamos en la mira de cualquier malhechor, sea este tatuado o de
cuello blanco. Mientras tanto, las estadísticas siguen acrecentando sus cifras
en números rojos y la ciencia de los seguros sigue demostrando que es más
inteligente asegurar, para no lamentar lo caro que resulta una muerte, sobre
todo si a la misma la precedió una larga y costosa enfermedad, postrado en alguna
cama de hospital de cinco estrellas, más interesados en el dinero que pueden
sacarle al usuario, comerciando y especulando con la salud, que salvaguardar la
vida…
En ese maremágnum
de conceptos y a guisa de colofón, quisiera preguntar: “¿Se considera usted un
padre o una madre responsable, dedicado al cien por ciento a su trabajo y a su
hogar?” Como suele suceder, muchos me
responderán con un rotundo y orgulloso
sí, sin embargo, en materia previsional muchas veces su decir no es coherente
con su hacer. Muchos dicen que aman entrañablemente a aquellos que dependen
socioeconómicamente de ellos, pero, cuando se van, solo dejan amargas penas y
largos sufrimientos de tipo económico, un cepo que dificulta el libre fluir de
las personas que se quedaron desprotegidas económicamente hablando.
Aquí es en donde
fija su residencia el infortunio, al tener que socializar con las penas y los
sufrimientos que la falta de previsión depara…
Santo Domingo de Cobán, 18 de Mayo de
2017
Fuentes:
Hamlet,
William Shakespeare, 2007, traducción, versión y adaptación de José María Ruano
de la Haza

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