viernes, 19 de enero de 2018

“¿Que es la verdad?” Juan (18,38)


Por jlriveirof

      Poncio Pilato, en su calidad de gobernador de Judea, fue el  garante expeditivo de la muerte de Jesús de Nazaret; y en el contexto de la aprehensión e interrogatorio   le pregunta al Maestro: “¿Qué es la verdad?” Pero no espera la respuesta  y de repente se vuelve hacia los judíos que ofuscados  demandaban la muerte del Hijo del Hombre. En su afán de congraciarse con la chusma,  supersticioso y temeroso del César, le manda  azotar con un artefacto letal denominado flagrum o flagelo romano, utilizado por los imperialistas de ese tiempo,  para castigar  a los insurrectos. En ese caso concreto fue utilizado para deshumanizarse con Jesús, en un intento fallido por subyugarlo y oprimirlo después de torturarlo.
     Según se dice, fueron aproximadamente doscientos azotes los que fueron descargados por los infames sobre el torso, dorso y extremidades de Jesús; que  atribulado y herido es presentado de nuevo por Pilato ante la plebe, a quien se dirigió con estas o parecidas palabras: “ecce homo”, que en latín quiere decir: “aquí tienen al hombre”, pero, ellos de nuevo, rechazaron el camino, la verdad y la vida y  la crucificaron; privilegiando a un criminal confeso llamado Barrabás; a quien dejaron en libertad…

     1984 años aproximadamente, han transcurrido desde aquel juicio infame,  y hasta el día de hoy; como sociedad, continuamos rechazando la verdad, la seguimos crucificando y en consecuencia,  seguimos eligiendo malhechores; que en su deseo mimético, cada día se parecen más a Barrabas, a los judíos y a  los romanos de aquel tiempo; por flagelar y  crucificar a nuestros pueblos, con sus actitudes y comportamientos; y en insensato contubernio,   políticos malhechores y  ciudadanos pusilánimes hemos echado sobre sus raquíticos hombros, una pesada cruz…
     Preguntando de nuevo “¿Qué es la verdad?”, nos podemos percatar que a pesar de ser una pregunta poderosa de permanente actualidad, al igual que el pretor romano, la soslayamos y damos la vuelta sin buscar la respuesta y nos lavamos las manos. Y; en  el sopor de la complacencia,  hemos elegido otros términos, como ese de la  posverdad, en donde relativizamos lo absoluto y absolutizamos lo relativo, inmersos en una  sociedad liquida –Zygmunt Bauman- en donde las cosas buenas que antes duraban toda una  vida, se han debilitado, se han ido para no volver, para dar paso a otras realidades más precarias, en donde seguimos crucificando la verdad, para reencarnar la pos verdad, que  ha venido para quedarse como tendencia y no  práctica pasajera.
Como antítesis del nombre con que intitulo este post,  cabe preguntarse entonces: ¿Qué es la posverdad?
 Según José Antonio Llorente, socio fundador y presidente de Llorente & CUENCA/EE.UU.-España; en el 2016, “post-truth” –posverdad-, fue seleccionada como palabra del año por el prestigioso diccionario de Oxford. Ese año es característico porque la clase política parasitaria, divulga noticias falsas, banaliza la mentira y relativiza la verdad. “Los signos de los tiempos” son interpretados con la emotividad y ya no con la razón, se les resta importancia a los hechos concretos y se le da relevancia a lo que cada quien “quiere escuchar, ver y leer”, según su pensamiento político e ideológico. Izquierdas, derechas, católicos, evangélicos, Etc. Vivimos en la era de la posmodernidad, en donde cobran  vigencia los “hechos alternativos y las noticias falsas”, es decir, la posverdad…
     José Antonio Zarzalejos, Periodista, ex director de ABC y El Correo/España; se sitúa en el contexto político estadounidense, previo  a los debates presidenciales,  hasta las elecciones en ese país y contabiliza hasta 217 falsedades, en los discursos de los candidatos. Donald Trump se convierte en el campeón de los pesos pesados en la práctica de la posverdad, con un 79%, ganándole en todo a su contrincante Hillary Clinton, a quien se le contabilizó  un 21% de falsedades durante sus fogosos y emotivos discursos.
     La posverdad, gana espacios a pasos agigantados, no solo  en la política, sino en el comercio, la iglesia y la empresa, en donde la máxima maquiavélica:  “el fin justifica los medios”, se convierte en un pensamiento estratégico de grandes envergaduras, no importa el cómo, sino el que… y eso lo podemos constatar de forma reincidente en las campañas políticas, como aquella reciente que el actual presidente de Guatemala, acólito impenitente e incondicional  de Trump; utilizó de forma reiterativa durante su campaña: “Ni corrupto, ni ladrón”, una mentira que al ser utilizada con asiduidad, por esos lobos rapaces disfrazados de ovejas; se convirtió en una verdad, al menos en el imaginario del guatemalteco ignaro; de quienes se dice, fueron engañados en su buena fe y jugaron con sus sentimientos, al perfilarse esas zorras politiqueras,  como probos en el amplio y estricto sentido de la palabra.
 Hoy, con Ralph Waldo Emerson les puedo decir: Lo que hace el mandatario guatemalteco suena tan alto, que no nos deja escuchar lo que dice… y  podemos afirmar con toda severidad, que con  celeridad, se ha convertido en el presidente de la posverdad, y es fácil comprobarlo. Sino analicemos desapasionadamente el informe de labores presentado en fechas recientes, ante los cancerberos del Congreso de Guatemala. A todas luces fue un informe de posverdad, aplaudido solo por sus compinches, pero juzgado, sojuzgado y humillado por las personas inteligentes,  conscientes y responsables, que sin distingos de ideologías políticas,  religiosas y económicas, quieren dejar a sus hijos y a los hijos de sus hijos, un mejor país…
     De manera imperiosa entonces, urge defenestrar al escusado  a todos los  partidarios de la era de la posverdad y evitar en la medida de lo posible, la estulticia que nace de una religión mal comprendida y una política mal aprendida…


Santo Domingo de Cobán, 19 de Enero de 2018

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