martes, 24 de julio de 2018

Sermón callejero



jlriveirof

     Hará unos cuantos años ya, cuando retornaba hacia mi hogar en un bus de transporte urbano de pasajeros, después de asistir a una de las Eucaristías de fin de año, era el año 2011.  En el  interior del automotor resonaba  fuerte la voz, de una señora ya entrada en años,  que  “a todo pulmón” disertaba un sermón de manera ininterrumpida durante casi 20 minutos. Hablaba de todo y de nada. Su verborrea no tuvo en ningún momento ni mensaje previamente elaborado, mucho menos hilo conductor, era notoria la fuga teológica de su discurso,  aunque evidente su misión, que según mi percepción era, disentir con la Natividad del Señor y la idolatría que presuntamente se vive a lo interno de la Iglesia Católica. Me miró fijamente como si yo fuese el destinatario de su “discurso religioso” y dijo:
     Yo soy evangélica y por eso no celebro la navidad, asisto a la  iglesia fulana de tal,  ubicada en las cercanías del parque central de la Ciudad de Cobán.  Y Jesucristo,  dice la sermonera,  escribió los 62 libros que contiene la Biblia, y cuando anduvo en la tierra no menciona en ninguno de ellos que haya nacido un 24 de diciembre, hace dos mil años ya.  Por lo tanto,  los católicos deben dejar de celebrar esas fiestas y dejar de  adorar a dioses mudos y sordos, fabricados con  madera apolillada, como los que se encuentran en sus templos.  Refiriéndose sin duda alguna, a las imágenes que se encuentran en la mayoría de templos católicos. Obras de arte sacro, expuestas en las iglesias particulares católicas, “dignas de admiración por ser una particular fuente de inspiración personal”, –Verónica Mena, Redactora para The Catholic Company- más no objetos de adoración.
     Pues bien, ese discurso puesto en escena de parte de la sermonera en cuestión, podría servir como objeto de estudio para cualquier aprendiz de predicador, respecto a todo lo que  se debe y no hacer en una predica. Inclusive, cualquier persona no versada en la materia  podría apreciar el desconocimiento de la señora en mención,  sobre las Sagradas Escrituras y  el arte y  don de la predicación.
Particularmente me quiero referir a dos errores garrafales cometidos por la “predicadora evangélica” sin entrar en detalle de los muchos que escuché:
    El primero es que Jesucristo no escribió ninguno de esos 62 libros que mencionó, incluidos en alguna Biblia fragmentada. Tampoco contaba con un amanuense particular que fuera escribiendo todo lo que  dijo e hizo, cuando tránsito por los caminos de la Palestina del siglo I de la era cristiana.  Y  todos los libros de la Biblia, no fueron escritos en un tiempo ni lugar concreto, ni en orden cronológico, sino en diferentes lugares,  y a lo largo de muchos años,  por distintas razones y escritores sagrados.
     El segundo error garrafal de parte de esta merolica del evangelio, es que los católicos no adoramos las imágenes que se encuentran en la mayoría  de nuestros templos,  solo adoramos a un sólo Dios creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Yahvé es su nombre.
     En lo que si estoy totalmente de acuerdo con ella, es que Jesús no nació un 24 de diciembre hace más de dos mil años. Pero,  para comprender el porqué, basta saber un poco de historia y entender y saber que las fiestas paganas del solsticio del invierno, fueron santificadas. En virtud que, algunas culturas de la antigüedad, celebraban el nacimiento del dios o los dioses del sol como Apolo y Helios en Grecia y Roma, y para cristianizar a los paganos,  se cambió esa celebración y en su lugar se empezó a celebrar el nacimiento de “una luz que viene de lo alto para iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz” Lucas (1, 78-79).
      Esa explicación no merita ningún grado de erudición, como tampoco su gozoso nacimiento, descrito en el capítulo  2 del evangelio de San Lucas, en donde podemos leerlo a detalle y con bastante simplicidad.  No es un estudio científico que con el recurso de la cronología, el evangelista precise el orden y la fecha de ese acontecimiento histórico. Al escritor sagrado parece no importarle la fecha porque solo  menciona el lugar; como a nosotros tampoco debe importarnos.  Lo que sí es importante indagar es si el suceso de Él en nuestra vida,  ha cambiado nuestra manera de pensar y de sentir, de tal suerte que podamos dividir el transcurso de la misma en un antes y en un después de Cristo, como se hizo con el tiempo.
     Lastimosamente los problemas que se dan con el don de la predicación, se remontan a tiempos inmemorables. Ya en 1917, el entonces Papa Benedicto XV, cuestionaba la actividad predicadora y a quienes la ejecutaban, que pululaban sin la debida preparación. “Mucha predicación y escasos frutos”,  escribe en su Carta Encíclica “Humani Generis Redemptionem”. Apuntando alto al cuestionar que una de las causas del paganismo, se deriva precisamente, por una mala predicación. Quizás  por ello, a todos los católicos, especialmente para el laicado, estableció como ley: “Que nadie pueda por sí mismo asumir este cargo de predicar, sino que sea necesaria para desempeñarlo una legitima misión, la cual no puede darse por ningún otro que por el Obispo”.
     No obstante, es fácil constatar que en aquel tiempo como en este, abundan los “predicadores de la gracia” que viven en desgracia, sin buenas costumbres y sin ciencia, “faltos y defectuosos” en palabras de Benedicto XV, incluyendo a miembros de la clerecía, que sin el apoyo de la exegesis y la hermenéutica, interpretan las Sagradas Escrituras según “San Yo”,  de forma subjetiva y, que no piensan como el apóstol Pablo, de sentirse embajadores de Cristo, -2ª Cor (5,20)- y por eso en muchos, no existe la coherencia entre el decir y el hacer.
     “Para que esto no suceda en adelante, -continua diciendo este Papa- , hay que esforzarse con todo trabajo y empeño, para conseguir predicadores que sean conformes a los deseos de Dios” y no halagadores de los oídos, como escribió San Pablo en su segunda carta a Timoteo (4, 3-4), volviéndose a las fabulas. Como ese cuento que describí al comienzo de esta intervención…

Santo Domingo de Cobán, 24 de Julio de 2018

Fuentes:
Biblia de Jerusalén
Carta Encíclica “Humani Generis Redemtionem”, Roma 15-06-1917
Sobre la predicación de la divina palabra.-

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