viernes, 31 de agosto de 2018

¿Quien es el hombre?


 
Jlriveirof

     En la década de los años 80, llegó a la pantalla gigante, la película estadounidense,  Depredador. Una película protagonizada por Arnold Schwarzenegger, en el papel del “mayor Dutch”.  Durante la narración de esa historia, se da un encuentro personal entre el furtivo monstruo alienígena y el hombre, -mayor Dutch-  en donde éste le dice al primero, al verlo desenmascarado: “eres horrible”. Y,  efectivamente, cualquiera que haya visto la película, no podrá decir lo contrario ante  una maquina mortífera, programada para hacer cuánto daño le fuese posible, cuya cabeza posee ojos pequeños, con esclerótica negra e iris de color, rojo, verde y amarillo, unas hendiduras por nariz, y una boca con mandíbulas bastante grandes, cruciformes y móviles.  La frase “eres horrible” habría  encajado mejor, si la bestia hubiese externado tales conceptos al ver al hombre, el verdadero depredador de todo cuanto existe sobre la faz de la tierra…
     Todos sabemos que  en Guatemala, casi a diario, hay decenas de personas muertas como consecuencia del índice delincuencial, el hombre es muerto por el hombre, en una guerra sin cuartel. De forma continuada se talan grandes cantidades de bosques, en perjuicio de la fauna y la flora, se contaminan ríos, quebradas, lagunas, lagos y mares, en detrimento de la vida. El ecocidio es persistente, sin que las autoridades hagan algo por contrarrestarlo, es más muchas de ellas, participan por un fardo de dinero y se hacen de la vista gorda. Amén de la minería a cielo abierto.
Todo eso y más hace el hombre, a pesar de ser un ente racional, dotado de una inteligencia superior, y muchos dones y talentos, para poder hacer del mundo, un lugar digno en donde vivir. Ese hombre, es considerado como el centro y la cima de todas las cosas,  visto desde la antropología. Imagen y semejanza del Creador,  desde una óptica teológica y, desde la antropología filosófica,  “el verdadero hombre”. Ese ser perfectible pero inacabado, aquel conquistador de muchas batallas, desde la ciencia,  la cultura, lo social y  las artes; entre tantas otras cosas. Y a pesar de todo, aún vive en ese estado de imperfección.  A la luz de la filosofía nietzscheana, podría ser el superhombre. “El mono es el pasado vergonzoso del hombre, decía Nietzsche,  así como  lo será el hombre del superhombre”…
     Pues bien, el objeto de ésta reflexión,  consiste en ir más allá del hombre de la antropología, de ese hombre de “carne y hueso” como lo describió  Goethe, de ese hombre que es lo que puede ser, independiente de las concepciones que él tenga de sí mismo y que dé él se tengan.  Porque es ávido de nuevos conocimientos. Y, dándole un enfoque filosófico, parto de la más antigua de las exhortaciones, de aquella que estaba escrita en el dintel del templo de Apolo en Delfos, según se dice por los siete sabios de Grecia, pero atribuida a Sócrates: el famoso aforismo “Conócete a ti mismo”.  Una regla que debe ser asumida por todas aquéllas personas, que quieran seguir elucubrando sobre ese ser irrepetible y bregando por sus caminos, por sospechosos que estos sean: El hombre…
     Sólo conociéndonos a nosotros mismos podremos conocer a los demás y comprenderlos, tener empatía los unos por  los otros y, colaborar todos,  en la construcción de un mundo más justo, solidario, humano y  fraterno.
      De lo anterior debo destacar que primero se debe salvar el trecho que existe entre el verdadero conocimiento de uno mismo, de lo que se cree de uno mismo. Porque,  casi nadie quiere saber cómo es y quién es. Quizás,  porque a veces es preferible ocultar al Cuasimodo, al Míster Hyde, o al diablo que muchos llevamos dentro y con el que se convive todos los días.  Sinónimo de todas nuestras debilidades y flaquezas, horrores y errores cometidos a lo largo de nuestra vida; posiblemente, porque no se quieren corregir.
     Muchos; no pretendemos reinventarnos, y a partir de esa mutación; ser nuevas personas.
 No queremos salir de nuestra zona de confort, a pesar que se sabe que la misma,  es la antesala de muchos infiernos, de  vicios y pecados, el cementerio de la voluntad y, preferimos  vivir una vida rudimentaria y acomodaticia, para no esforzarnos en la rehabilitación del verdadero hombre, de ese hombre que vemos todos los días frente al espejo de nuestra casa, y por eso, “nos convertimos en un animal que reprime sus instintos”, según Freud. Y no nos percatamos que, “El hombre es un campo de investigación, en el que aún hoy día puede observarse un número indeterminado de fenómenos nunca antes vistos y a los que todavía no se ha dado nombre.” A. Gehlen
      Partiendo de este pensamiento; Scheler, propuso elaborar una antropología filosófica que respete el singular paraje metafísico del hombre, dada, su independencia, cuando decide ser un ser vivo inteligente, cuando su conducta tiene sentido. Y,  cuando buscamos el conocimiento a través de la reflexión filosófica, percibimos a través de tonos nuestros sentidos, que la misma es terapéutica y, nos permite controlar la ignorancia extrema. Cuanto pensamiento creativo se da, en la reflexión, cuando la misma es filosófica…
     El hombre por medio de la ciencia y la técnica ha llegado a la luna, pretende llegar a Marte, sin embargo le cuesta hacer un viaje de ida y vuelta a su propio interior, para  hacer desde ahí  las averiguaciones pertinentes de quién realmente es. Nos resulta fácil hablar de otras personas, pero cuando de hablar de nosotros se trata, nos quedamos cortos de palabras y no sabemos qué decir…
     Para ilustrar ese viaje de ida y vuelta hacia el interior de “nuestro propio pozo”, recuerdo una de las tantas vivencias de mi infancia: a finales de los años 60 y principios de los 70, mi papá, siempre llevaba a mi madre,  hermanos y a mí, a pasar los días de la semana santa, a la finca Chameoj, propiedad  de mi abuela paterna. Ahí, el Río Polochic transitaba riguroso dentro de la propiedad, se veía  cristalino y libre de desechos sólidos y tóxicos,  y se mantenía puro,  antes de que los finqueros lindantes tiraran toda la pulpa de su café, a sus márgenes. 
En una de esas vacaciones, nos acompañó un amigo de mi papá, a quien llamaré Jack Chapín. Era un borracho consuetudinario, adicto a las bebidas embriagantes. Recuerdo que lo primero que hizo durante el día de campo, fue ingerir “su lechita”, como él llamaba, a cualquier bebida etílica  que embotara sus sentidos. Y estando ya en completo estado de ebriedad, se subió a lo alto de una roca, que se encontraba en medio de la corriente y exclamó fuertemente: “miren todos, me voy a echar un “jack´s nine”, dicho esto se lanzó a las aguas turbulentas. ¿Jack´s nine? Intuyo que ese era el nombre del clavado que se echó desde la roca. Sin embargo, a los pocos segundos, el azul cristalino de las aguas, se tiñeron de rojo; y al bendito Jack Chapín, tuvieron que sacarlo a la superficie para llevarlo al centro de salud de Tucurú, en virtud que con algunas piedras subyacentes a la roca firme, rajó su dura cabeza en 9…
     Entonces, para hacer una aproximación al viaje,  hacia nuestro interior, tendríamos que tirarnos al modo del  “jack´s nine”, y rompernos la madre en nueve, para salir de ahí, desangrados, anonadados, por decirlo metafóricamente, claro está, porque hemos descubierto real y verdaderamente quien somos. Y a partir de ahí, tomar las medidas anticipativas, adaptativas y correctivas, para crear y recrear al nuevo hombre, mutando hacia nuevas realidades, para procurar otros mundos. Como  el ético, el estético y el de la vida ordinaria, para vivirlos  de forma extraordinaria…
     Al igual que la antropología filosófica, tengo la esperanza del saber, y confío en que algún día, obtendré mi propia imagen, porque sólo la persona que obtiene el conocimiento de sí mismo, tiene el poder para contrarrestar una vida sin sentido.
     Sólo el conocimiento llevado a la práctica con sabiduría, nos pondrá en la posición de señores del sub-mundo que ahora es la vida que vivimos. Una vida desprovista de significado, necesitará de la habilidad para poder contrarrestar sus muy arraigadas malas costumbres; aquellas, que muchos llaman,  instintos naturales. Y por eso, vamos perdiendo nuestra libertad, al ponernos  en pose; para adoptar el papel de borregos, que es como nos quieren los patronos, los políticos  y las mil y una iglesias existentes a lo largo y ancho del mundo…
      De este repaso me quedo con dos interrogantes que podrían servir de base para averiguar real y verdaderamente quién soy:
     ¿Soy un mono que tuvo éxito en el proceso de la evolución, o sigo brincando del tingo al tango, sin ton ni son?

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