lunes, 31 de diciembre de 2018

"No te hace rico lo que tienes, sino lo que haces con lo que tienes"




Jlriveirof


      Escuchando los últimos latidos de un corazón moribundo, del corazón agitado y apesadumbrado del año 2018, que en medio de estertores dejará de existir para instalarse sempiternamente en el cementerio de los años, vale imaginarse lo que dirá su lápida, tendrá tantas inscripciones como gente hay en el mundo, en donde cada quien escribirá su propia historia. Para unos fue un año excelente, para otros muy bueno, bueno, regular, malo o muy malo; según le haya ido a cada quien en su vida. Muchos lo etiquetarán según les fue en el aspecto económico, político o social, ente otras cosas.
Partiendo de dos preguntas éticas que cada quien se puede hacer y responder, se debe averiguar con cierta precisión como fue el año que hoy se va para no volver.

 ¿Qué hice bien durante el 2018? Y ¿Qué deje de hacer?

     Para dar respuestas a tales interrogantes se puede utilizar  la rueda de la vida, una herramienta administrativa diseñada por Paul Meyer, que permite indagar sobre aspectos concretos; preferentemente aspectos que coadyuven a la propia felicidad; tales como: el trabajo, la salud física, mental y espiritual, desarrollo personal, lo cognitivo, cumplimiento de metas y objetivos, el placer, el amor, la familia, el desarrollo profesional,  entre otras. Al describir lo que se quiere evaluar dentro del círculo, se califica el grado de satisfacción de cero a diez y se concatenan los puntos para ver si la rueda, rueda. 
Para poner la guinda a ese pastel, como anillo al dedo cuentan las palabras dichas por un gurú de la administración, el Señor Michael Porter: “No te hace rico lo que tienes, sino lo que haces con lo que tienes”, y poder así  iniciar magistralmente un diálogo filosófico grupal en torno a lo ponderado.
 Dicho pensamiento encierra una gran verdad y no debe referirse a ella  únicamente en el aspecto económico como muchos lo hacen, sino en las diferentes aristas de la vida misma. 
En este tiempo presente en donde abundan las oportunidades,  muchas personas cuentan con conocimientos especializados respecto a cualquier actividad concreta,  pero no los ponen en práctica. Muchas personas poseen  títulos universitarios que certifican algunos años de estudio y esfuerzo pero carecen de sentido común.  Muchos tienen una profesión o un oficio concreto,  pero no tienen la vocación para ejercerla. Muchos tienen todo el tiempo del mundo,  pero no lo gestionan bien. Salud y no la aprecian. Muchos planifican el porvenir pero no ejecutan;  y por eso muchas veces no son eficientes para responder con habilidad ante los retos que voluntariamente han aceptado al comienzo de cada año  calendario.

      Siempre es bueno iniciar el año nuevo con una buena dosis de humildad, empezando con un breve recorrido por los campos de la  deontología y axiología  para recordar cuales son los convenios que se deben cumplir  y  los valores nucleares con que se han de concretar, para ir identificando aquel “talón de Aquíles” que muchas veces no permite cumplir con los proyectos, metas, anhelos y esperanzas.
Lo peor que cabe esperar es que muchos no tienen siquiera un planteamiento estratégico, escrito en un papel, claro está,  a otros les falta motivaciones endógenas y exógenas que no permitirán que se muevan hacia el norte anhelado.
Todas esas circunstancias  se pueden  evaluar utilizando la rueda de la vida en mención.

     En adición a la utilización de esa herramienta en cuestión,  también vale la pena medir la temperatura en cuanto a todo aquello que nos mueve a hacer lo que debemos hacer y lo que lo dificulta. Para indagar como se está en ese plano emocional se puede estudiar un antiguo modelo de la motivación del logro de R.C. Atkinson, que a pesar de haber sido concebido a finales de la segunda mitad del siglo XX, sigue siendo actual y aún conserva su frescura. Y  puede ser útil para ponderar las calificaciones pertinentes a cada logro. 
La fórmula a utilizar es la siguiente: M=F (MxExI) en donde M es igual a motivación, F consecuencias (la M el motivo por la E de expectancia por I de incentivo).
Explicándolo al modo de “Juan Chapín” se puede precisar que de acuerdo al grado de motivación que tenga cada persona, la misma le producirá consecuencias ya sean estas favorables o desfavorables; las cuales se obtienen multiplicando los motivos que se tienen para hacer todo lo que se debe hacer por la expectancia (probabilidad subjetiva de que la ejecución de una actividad tendrá como resultado la consecución de las metas para las que el sujeto tiene un motivo) por los incentivos.

      Investigaciones más recientes refieren que las expectativas nunca son las mismas y pueden cambiar en la medida que transcurre la vida de cada quien, por lo tanto no es total ni permanente, tampoco rígida y puede ser diferente de acuerdo al desarrollo aptitudinal (inteligencia, destrezas). En otras y sencillas palabras no están escritas en piedra y determinan la altitud y ésta la plenitud en la tentativa de cualquier faena.

     ¿Qué motivos tengo para cumplir con lo pactado?

      El motivo es lo que mueve a cualquiera para desinstalarse, a moverse para salir de su zona de confort y, pueden ser  muchos;  desde cumplir con la manutención de la familia,  hasta la obtención de cualquier cosa material para garantizar la seguridad y el confort en el hogar, para vivir más y mejor,  con comodidad, dignidad y decoro,  construir  un cuarto para “la suegra”, el cambio de vehículo por uno más reciente y económico, adquirir  un terreno para la posterior construcción de una casa entre tantas otras cosas. 
Pero no hay que dejar pasar que lo que debe mover a cualquiera hacia la consecución de cualquier objetivo es el amor y la pasión  que se le pongan a las cosas para servirle a Dios y al prójimo, planeando y ejecutando lo que se quiere, se debe y se puede  hacer con un alto grado de efectividad. Es importante subrayar que también el entorno laboral es un lugar de encuentro teologal y con el prójimo; aquellos con quien se pasa muchas horas juntos, en la consecución de las más nobles inquietudes. Quien concibe así este planteamiento apunta alto…

      ¿Qué incentivos tengo?

      En la tentativa de cualquier empresa, el mejor incentivo es una remuneración lo suficientemente sustancial para cumplir con la deuda social, con buen grado de excedencia,  ganada con principios y valores y, en donde se puedan conjugar todos los conocimientos, habilidades, destrezas, potencialidades e inteligencia para lograr la satisfacción de las más nobles aspiraciones.
En adición a lo anterior, para que la empresa en donde uno se desarrolla valga la pena hay que valorar otros aspectos intramuros; como un salario emocional adicional a los ingresos presentes y futuros. Estos podrían ser: un agradable clima organizacional, incentivos dinerarios por productividad,  bonos extras; seguro de gastos médicos mayores, acompañamiento técnico, cursos institucionales que permitan la permanente actualización de los conocimientos, promoción, tecnología de punta, celebración del cumpleaños, participación en viajes nacionales e internacionales basados en la meritocracia y celebraciones al comienzo del año nuevo para premiar a todas aquellas personas que cumplieron con todas y cada una de sus obligaciones durante el año que ya pasó. 
Un lugar de trabajo que permita esas condiciones es un buen lugar al que vale la pena entrañar y permanecer ahí por tiempo indefinido. Valga el anuncio publicitario, para anunciar una buena noticia, la Agencia de Seguros GyT con sede en la Ciudad de Cobán, Alta Verapaz, Guatemala, C.A. Procura esas particularidades y más…

     Y el último componente a considerar es la expectancia –motivación por medio de las expectativas que se esperan- por constituir  dentro de  este modelo el principio básico de activación siendo en definitiva la  expectancia de que mediante un determinado acto podemos satisfacer un motivo concreto.
     Para poder determinar el grado de expectancia que cada persona pueda tener, se puede hacer una reflexión sobre el grado de dificultad que tuvo su actividad laboral el año que hoy llega a su final, la asequibilidad de la meta planteada con antelación, los incentivos que se pudieron alcanzar y el valor de la distancia psíquica que existe desde el estado actual y  el estado futuro que se espera en esta realización del logro.
 El resultado de interrelacionar los factores antes citados determinará en cada persona un valor esperado y creará “un determinado nivel de expectación con  respecto a los resultados de nuestra  actividad”.

     Que Dios los bendiga abundantemente durante este año que está por comenzar y que durante el mismo se pueda demostrar fehacientemente “de que madera están hechos”,  a fin de que todo lo que inicien lo lleven a feliz término, haciendo tangibles sus más nobles aspiraciones, intangibles en estos precisos momentos…


Fuente bibliográfica:
Jaime Arnau Gras, El Estudio de la Motivación Humana,  Departamento de Psicología, Universidad de Barcelona.

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