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Lo anterior, trajo a lo interno de la república, multitudinarias manifestaciones
pacíficas que se están llevando a cabo a lo largo y ancho del territorio
nacional, para demostrar su rechazo y
menosprecio por todo el mal que han hecho.
Al escuchar la falsa retórica
parlamentaria deliberativa que con fatuidad fluyó de boca de los Presidentes del Ejecutivo y el Legislativo, bajo la égida de falsos nacionalismos, y con
la intención bien pensada para engañar y enaltecerse a sí mismos,
autodenominándose los defensores de la soberanía de un gobierno, cuyo país es democrático
y respetuoso de la constitución según ellos y que durante los tres años de
mandato sin mandato, lo han subido a los rieles del desarrollo, poniéndolo a la
altura de otros países que obviamente no tienen parangón. Siendo la obviedad
más obvia de todas las obviedades que los conceptos externados en tales
discursos distan a muchas leguas de distancia de la realidad actual, peor aún
de la realidad nacional deseada.
Cuando descabellada y cínicamente infiere el
mandatario: “no rompamos leyes, el que rompa las leyes, tendrá
que verse frente a la justicia” pone de manifiesto que la lógica de su
argumentación, está en contraposición con la lógica de la verdad. Cualquier
ente pensante podría preguntarse: ¿De
qué leyes habla? ¿En dónde está esa justicia concreta? ¿Acaso no es él, sus
familiares y todo el entorno político que lo rodea quienes han socavado el estado de derecho y la incipiente democracia? ...
O estará hablando de él y
sus compinches cuando afirma lo anterior expuesto, convirtiéndose así en un vidente muy digno de confianza; que
sabe que tarde o temprano los alcanzará la mirada ciega de la justicia…
En la pronunciación de sendos discursos
fueron evidentes la carencia de los ejes de la creación, disposición
y enunciación de una sola pieza cogitabunda originados en una visión de
país, y por eso gestaron sinfín de
ideas, y en vano gastaron grandes cantidades de dinero, propiedad del pueblo y
en perjuicio de necesidades vitales, para crear según ellos, un escenario adecuado, ante la infausta mirada de los ciudadanos del mundo cuando se percataron que toda la
parafernalia del acto oficial quedó reducida a su más ínfimo nivel. Las curules
del hemiciclo estaban vacías. Las grandes personalidades del acontecer nacional
estaban ausentes, manifestando con su proceder, que no avalan el pacto de
corruptos, cuyos discursos frígidos y calculados, tan solo fueron degradaciones
de la verdad.
Solos estaban ellos; y solos se
quedarán…, los miembros “honorables” del
pacto de corruptos, que con prisa se despeñan hacia el caos…
Parafraseando a Jacques Derrida, para no
dejar nada fuera del texto y respetando
los principios eminentísimos de la razón, transcribo un artículo adaptado a
tenor de lo planteado por el teólogo
jesuita José Ignacio González Faus titulado: “El Sermón del Hotel”; que
puesto en boca de los Presidentes en cuestión,
ponen en relieve las intenciones de su terca reacción.
El discurso del Parlamento dice
así:
El
moderno y falso ungido apareció en una sala del gran Hotel. –Congreso de la
República de Guatemala- El cubierto costaba veinticinco mil dólares por
persona. El mesías, viendo que estaban allí los suyos, abrió los labios y con
palabras llenas de arrogancia y poderío, les enseñaba diciendo:
"Dichosos los
ricos, porque la ciencia y las leyes se venderán a su razón”.
“Dichosos los agresivos, porque
se comerán al mundo y desaparecerán de la faz al débil y apocado; se harán de
sus posesiones y a ellos y sus familias los convertirán en sus esclavos”.
“Dichosos los que ríen, porque ellos serán
envidiados por sus carcajadas llenas de ignominia y desamor, porque al final de
sus carcajadas, estarán familias enteras llenas de hambre, de frío y niños
convertidos en niños de la calle y hambrientas jovencitas, prostituyéndose en
las esquinas o divirtiendo a los de su calaña en los antros”.
“Dichosos los que están hartos y
no pasan hambre ni sed, porque serán tenidos por justos, ante la pobreza
holgazana”.
“Dichosos los despiadados, porque nunca les alcanzará la
miseria, manteniendo sus arcas llenas del derecho ajeno”.
“Dichosos los turbios de corazón, porque solo verán lo que
les conviene y siempre tendrán a sus plantas a los serviles de corazón y ante
ellos se doblará la rodilla de la hipocresía”.
“Dichosos los que construyen armas, porque
serán llamados bienhechores de la humanidad, ya que con ellas serán derrotados
los que se opongan a los designios de los poderosos del mundo”.
“Dichosos los que persiguen a los
que luchan por la justicia, porque de ellos es el reino de la tierra y sus
arcas se verán siempre llenas de posesiones despojadas a los indefensos,
miserables y desvalidos”.
“Dichosos será cuando hablen bien
de ustedes y les asignen todas las virtudes de moda, mintiendo porque son sus
amigos. Pero más dichosos cuando censuren toda crítica contra ustedes haciendo
caer todo el peso conforme a derecho aunque en ello nunca asome la justicia.
Alégrense aquel día, porque habrán conseguido la máxima recompensa en la
tierra; pues así lo han hecho la mayoría de los que triunfan y atesoran”.
Oíste que se dijo: «Amen a sus
enemigos y recen por los que les persiguen». Pero yo les digo: «ACABEN CON SUS
ENEMIGOS Y NO CEDAN A LA DEBILIDAD DE ELLOS; porque si se les conmueven las
entrañas, ¿Que ventaja sacarán de ello? y si los toman como seres humanos, ¿no
tendrán que dejar que su sol luzca para todos?»
Oíste que se dijo: «No matarás»
Pero yo les digo: «Todo el que no lleve su cólera hasta el final de su enojo,
será tenido por estúpido ante ustedes» «Y si tienes algo contra tu hermano,
acalla tu conciencia llevando una ofrenda al altar, mientras acaban con él tus
mercenarios... y por la noche te sentirás el más feliz de los hombres pues
habrás logrado más poder y posesiones».
Cuando des limosnas, que pregone
tu mano izquierda todo lo que está haciendo tu derecha; porque si no ¿de qué te
servirá la limosna que das? Antes bien, encárgate que salga al exterior y sea
conocida por el mundo, así los hombres y el mundo que miran al exterior, te
darán la paga y reconocerán tu filantropía...
“No atesores tesoros en tu
conciencia, esos no tienen valor en el mercado ni en la bolsa, pues nunca
podrás disponer de ellos. Lo que has de atesorar que sea en Bancos de tu entera
confianza, donde nadie se enterará ni los conocen tus enemigos y donde ni la
policía ni los jueces los podrán desaparecer ni te los quitarán”.
“Nadie puede servir a dos
señores, porque tendrá que estar contra el uno o contra el otro. No puedes
servir a Dios y al dinero. Por eso yo les digo: "Sirvan al dinero cuya
existencia y poder son más evidentes que los de Dios y su recompensa es
infinitamente más segura".
“Así, cuando quieras orar, di:
Señor, santificaremos Tu nombre, mientras perdure nuestro reino y se cumpla
nuestra voluntad en la tierra, como la Tuya en el cielo”.
Cuando el falso mesías acabó de hablar, se
maravillaban las gentes, porque hablaba con autoridad y tenía toda la razón del
mundo pues daba confianza a sus posesiones y aligeraba sus conciencias…
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