Jlriveirof, OP
Esa disposición causó algunas reacciones, algunas adversas, otras positivas. Por una parte, muchos locatarios reaccionaron y se
hicieron a las calles para protestar, causando bochinches en la vía pública, entre
los que cabe destacar, enfrentamientos con los cuerpos policiales.
Mientras que los que actuaron con una actitud mental positiva en ese mismo contexto,
siguieron una lógica más viable, y con la frente en alto y el pecho descubierto, dispusieron
reinventarse, lograron rehacerse. Decidieron cambiar sus viejas formas de hacer las
cosas y salieron a las calles a hacer lo que nunca habían hecho y, salieron de su zona de confort, del estancamiento...
Salieron de un puesto bajo el
cobijo de algún viejo edificio insalubre, a recorrer las calles y las avenidas de la Ciudad...
Esa actitud mental positiva puesta de manifiesto y adquirida bajo circunstancias adversas, llama poderosamente la atención, en virtud que a pesar de la baja escolaridad con que cuentan
muchos de ellos, hicieron lo que otras personas con más estudios, inclusive
avanzados, no se atreven a hacer, y que es salir de su escondite, del anonimato, de la pobreza, de la
inacción.
Válido es recalcar la vieja frase acuñada
por Mahoma: “si la montaña no viene a mí, yo debo ir a la montaña”.
Sin duda intuyeron lo que dijo Einstein
alguna vez, acerca de que loco es aquel que pretende resultados diferentes, haciendo siempre lo mismo.
¿Cuánta gente está fracasando en estos
precisos momentos por seguir haciendo lo mismo?
O en el peor de los casos, por
no hacer nada, absolutamente nada para paliar la crisis, por sortear la peste y
planificar la recuperación económica, que está muriendo lentamente.
Un ejemplo preclaro en este escenario, son
los comerciantes que actuaron con positivismo, con denuedo, con intrepidez, y
tomando las medidas pertinentes necesarias para no verse afectados por la
pandemia, rápido tomaron decisiones, no se estancaron en el sopor que causa la
misma, le dieron otro giro a su negocio, salieron de su zona de confort, algunos se hicieron de carromatos jalados no por semovientes, sino por ellos mismos, y
empezaron a recorrer esos caminos vecinales, distintos y distantes, para ofertar ellos
mismos y “a todo pulmón”, sus productos consistentes en frutas, verduras y
legumbres frescas.
Salieron a tocar puertas,
recibieron muchas negativas de parte de las amas de casa que se dignaron en atender, pero sin desmayar, siguieron
tocando puertas hasta encontrar el tan anhelado sí, que muchas veces se
encuentra detrás de varias negativas...
¡Ah! Si todos fuéramos así de agresivos
¡ja! ...
comercialmente hablando, claro está. Hace mucho tiempo habríamos
salido de la pobreza, el pauperismo, la vagancia y la mendicidad.
Triste conocer y ver a muchas personas
preparadas técnica y académicamente, fracasar con estilo.
Y todo, porque no ven las cosas
desde la perspectiva correcta. Carecen de una visión del futuro, una misión
previamente establecida, algunos valores de la ilustración, metas y objetivos
inteligentes.
Pero por sobre todas las cosas,
se han mal acostumbrado a extender la mano, a rezar y a esperar que todo les
caiga del cielo. ¡Vaya timo! ...
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