lunes, 11 de mayo de 2020

Comportamiento organizacional en tiempos de la peste …



Jlriveirof, OP
     Cuando la peste pase, todo volverá a ser igual, dicen los crédulos, sin embargo, según la opinión generalizada de  los científicos, en el mundo,  ya nada volverá a ser igual.
En ese sentido, la personalidad, las actitudes, aptitudes, valores, percepción sobre las cosas, el aprendizaje, la motivación intrínseca y extrínseca, la industria, el comercio, la fábrica, la iglesia, el colegio, la escuela o la universidad, el hogar, la sociedad, los viajes, estilos de vida, gajes del oficio, entre muchas cosas más, no volverán a ser igual. 
     Es por eso que, valiéndome por el principio de simplificar, quiero conjeturar y dedicar estas líneas al trabajo. Quizás, por ser el mejor invento del hombre y es en donde pasamos más tiempo, haciendo muchas cosas unos, y viéndolas pasar otros.
Quienes procuramos que pasen cosas, nos vemos de continuo: planificando, ejecutando, ideando, motivando, divirtiéndonos, organizando, vendiendo, comprando, creando, controlando, dirigiendo, integrando, entre muchas cosas más.
Entre esa inventiva y en la tentativa de su faena, es lamentable señalar que el trabajo, en sus mil y una forma y concepción, hoy más que nunca, está siendo vulnerado en muchos aspectos. En consecuencia, se está convirtiendo en lo más próximo a perderse.
     Se ve amenazado cuando empresarios de nombre solamente, después de muchos años de forcejear con el giro de su negocio, hoy no cuentan con los recursos pecuniarios adecuados y suficientes para paliar la crisis económica, que se deriva del simple hecho de estar cerrados temporalmente, a causa de las políticas de salubridad dictadas por el gobierno.  O si cuentan con esos recursos para mantener los vientos a su favor, se hacen de la vista gorda y se aprovechan de la situación, haciendo recortes de personal, bajando salarios, restando comisiones o haciendo economías para nada acordes a las circunstancias desfavorables que, a todos los ciudadanos del mundo, nos aquejan y nos tienen en vilo en estos precisos momentos de nuestra historia.
     Sobre ese particular, vemos como en los mares de la web, surcan vertiginosas las noticias, de cómo algunos empresarios, risiblemente los más poderosos económicamente hablando, así, como procuran pagar los impuestos que les corresponde poco a poco e intentan socavar el poco estado de bienestar (seguro social y sus pensiones) existente en el país, aprovechándose de las consecuencias que implica para la economía local y global, la propagación del coronavirus.
     Se ve afectado cuando, los dueños de las empresas o sus directivos, no tienen un concepto claro sobre lo que es el comportamiento organizacional, o se olvidan de adrede que las personas que trabajan en las organizaciones ejercen una gran influencia en ella, pero que, a su vez, la organización, también debe de reciprocar.
Lamentablemente, muchas personas que ocupan altos cargos directivos, están ahí, quizás porque tienen el apellido adecuado, o cuentan con la correcta amistad, pero su ignorancia es enciclopédica, adquirida con honores magna cum laude, cuando desconocen que lo más importante en una organización, son las personas que trabajan ahí. Su bagaje de conocimientos es tan pobre, que carecen de ese conjunto interdisciplinario de saberes, que hacen comprensible las conductas humanas.
 En el peor de los casos, muchas de estas personas, actúan como gerentes capataces. Solo saben mandar, pero no saben cómo se hacen las cosas que ellos de continuo mandan a ejecutar
     Se ve afectado cuando, el miedo a la peste los paraliza. Muchos están encerrados en sus casas, temerosos del contagio, sentados en el diván, colocado estratégicamente frente a la pared, de donde penden títulos, diplomas y logros académicos, que necesitan ver para recordar cuan ilustrados son. Cuando lo que deberían estar haciendo en estos precisos momentos, es crear alianzas estratégicas con el personal que labora con ellos,  virtud que a ambos les corresponde empezar a gestar la productividad y la recuperación económica.
      Es ahí, inmersos en el sopor que causa la complacencia en donde muchos pasan silenciosas las horas, atentos de los medios noticiosos para saber cómo va la curva de la pandemia y esperando el último informe para ver si sus ganancias se van a pique, se desaceleran o suben gracias a la acción y al efecto de la fuerza del trabajo del hombre. Aquellos, que   se rajan con asiduidad y con tesón la depresión tropical que tienen al final de sus espaldas, de sol a sol, inmersos en la putrefacción de la pandemia. Y, aun así, como un “incentivo emocional”, destilan el fruto del trabajo y del esfuerzo hasta niveles insospechados, con tal de maximizar sus utilidades, aunque frunzan la economía de la clase trabajadora, a quien eufemísticamente llaman sus colaboradores.
     Se ve afectado cuando, estos directivos están al pendiente solamente de los aspectos visibles del comportamiento organizacional, tales como: el cumplimiento fidedigno de políticas, estrategias, metas, objetivos, el cuido de sus equipos tecnológicos, móviles, automóviles, instalaciones locativas, etc.  Olvidándose que lo más importante, que a lo que más se le debe prestar atención y dar mantenimiento es a los aspectos invisibles del comportamiento organizacional, entiéndase como: el clima laboral, las percepciones, conductas, comportamientos, la psique y el ethos de las personas.
     ¿Por qué no dar mantenimiento a la psique de los trabajadores, es decir a su “alma humana”? ¿Por qué no dar mantenimiento al ethos de los trabajadores, es decir a sus costumbres, conductas, caracteres y personalidades? …
Sabemos de antemano que, si el cuidado de la psique y el ethos, se pusiera muy por encima de todas las cosas, se obtendría la excelencia en grado superlativo.
     En ese orden de ideas, el desempeño de las personas y en consecuencia el de la organización, sería pronto y cumplido. Veamos porqué ...
     El compromiso de los trabajadores sería más grande. Derivaría en menos rotación, menos ausentismo, menos tiempo perdido, menos paralización del trabajo. Ello redundaría en más satisfacción laboral, más desempeño, más esfuerzo, más desarrollo, menos costos y más utilidades, etc.
     La fidelidad, la competencia y la motivación de los trabajadores, sería totalmente superior.
     La satisfacción en el puesto de trabajo sería sana, atrayendo y reteniendo el talento y conquistando su compromiso.
     El empoderamiento a los trabajadores se lograría si y solo si, se les otorga una ciudadanía organizacional. Ese concepto expresa que los comportamientos individuales de cada trabajador, van más allá de los deberes y exigencias que requiere de continuo la organización. Eso vendría a constituir una ventaja competitiva para la empresa y un desempeño superior, si se compara con sus pares…
     Ese sería el ideal, pero de la concepción de la idea a su ejecución hay un océano de por medio. La pregunta en esta época de crisis es ¿quién se animará a concebirla, desarrollarla y ejecutarla?
     He ahí la cuestión, diría Shakespeare …

Fuentes bibliográficas:
Idalverto Chiavenato, Comportamiento Organizacional, la dinámica del éxito en las organizaciones, segunda edición.
    

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