En el antiquísimo y mítico libro del Génesis (9, 13), encontramos la historia del diluvio universal que presuntamente tuvo lugar por causa del pecado de los primeros habitantes del mundo, acarreando consigo, grandes calamidades. Sin embargo, según se lee, fue el mismo Dios quien suministró los medios para que personas concretas como Noé y su familia, lograran ponerse fuera de peligro, a quien mandó construir un arca para resguardarse de las aguas y poder navegar sobre ellas.
El relato bíblico en cuestión, narra que,
al principio Dios todo lo hizo bueno, bendijo la obra creada, especialmente a
todos los seres vivientes, y a los seres humanos les dio la potestad para dominar y sojuzgar la tierra, hasta
someterla y, abusando de esa autoridad conferida al hombre desde el principio,
tal privilegio lo convirtió en un miserable, a quien desde antiguo, se le ha subido
las heces fecales al cerebro y ha abusado del rol que se le dio, explotado la creación, al extremo que, ahora
es su más letal enemigo, máxime en este
tiempo presente cuando a hecho del capitalismo voraz y rapaz su dios, pretendiendo
obtener ganancias en la explotación de todo lo creado y hasta de lo increado.
Precisamente de la consumación
de ese pecado, delito, culpa, rebelión, transgresión, abominación, o como se le
quiera llamar, podemos atraer un sinfín de desgracias que evidentemente afectarán
la tierra y todo lo que sobre ella hay (Isaías 24, 20).
Sobre ese particular nos
podemos percatar como a lo largo de todos los tiempos, tales desgracias nos han maleficiado; son latentes y
están presentes en el aquí y ahora: desertificación de la tierra como
consecuencia de la sobre explotación, sobrepoblación que coadyuva al calentamiento global, uso o gestión inapropiada de la misma,
deforestación de los bosques para darle paso a la ganadería o para beneficiar
toda clase de maderas, maleficiando la fauna y la flora.
Como consecuencia su
destrucción será irreversible si no hacemos algo y pronto para contrarrestar ese
calentamiento global que ya se ve y siente a través de las sequías,
inundaciones, huracanes, hambre, pobreza, pobreza extrema y destrucción.
Con los fenómenos de la naturaleza que nos
azotaron en años recientes, podemos comprobar como una inmensa mayoría de
nuestros vecinos en Izabal y Alta Verapaz, especialmente en las áreas rurales,
están sufriendo sus embates por causa de la pandemia que en extraño maridaje
con la tormenta tropical Eta y Iota, que han dejado caos, desolación, pobrezas,
tristezas y muerte por doquier.
Hay gente que lo perdió todo: padres,
madres, cónyuges, hijos, parientes, amigos, sus pocos bienes materiales: casas,
animales y sembradíos, etcétera, etcétera.
La muerte que vino la percibimos
más trágica por ser violenta y, en muchos casos prematura ¿Cuántos huérfanos,
viudas, desempleados y desposeídos nos dejó?
El pecado social que llora
sangre y clama al cielo por causa de una clase política parasitaría que
desgobierna Guatemala, en común unión con algunas maras políticas, militares y
oligárquicas que, de cuya combinación a nacido un esperpento de nombre kakistocracia, es decir, el gobierno de los
peores, los más estultos, con un enanismo ético y moral de fatales
consecuencias como jamás habíamos visto en Guatemala y, que, en estos precisos
momentos, están más ocupados y preocupados por hacer negocio; negocios nacidos
de sus entrañas más negras en perjuicio de sus coetáneos.
Alea jacta est -la suerte está echada- ante
ese abandono para remediar la pobreza y
la destrucción total y parcial de la gente más afectada, la población sin distingos de ninguna
naturaleza recurrió a la limosna y la compasión (Deuteronomio 15, 7-11), De esa manera el pueblo salió a
salvar al pueblo, con la garantía que Dios respaldará la caridad de todas esas personas de buena
voluntad; y, con la fe puesta en el futuro, Dios se hace presente con su pueblo
y camina con ellos, sufre con ellos, llora con ellos y en consecuencia se
encargará de ellos...
A ese ritmo vertiginoso en que nos amenaza
toda clase de catástrofes naturales, tenemos que hacer algo, ya. Solo
así podremos evitar la barbarie y la hecatombe que trae consigo el
calentamiento global y el gobierno de los peores…
La alianza noáquica cuyo signo es el arco iris nos alumbrará el camino …, no por algo el escudo de armas de mi ciudad natal hace alusión a esa frase: Yo pondré mi arco.
Jlriveirof, OP
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