El mercader de seguros
Capítulo I
Jlriveirof, OP
Desde los tiempos del Génesis se emplea el
término mercader para describir a alguien que comercia con algo concreto, y al
ser una palabra que se deriva precisamente de mercado, la luz que arroja la
economía sobre el término en cuestión, describe que, “es un conjunto de
transacciones de procesos, o intercambio de bienes y servicios entre
individuos.” Según Wikipedia no hace referencia al lucro o a las empresas,
sino al acuerdo mutuo y voluntario en el marco de las transacciones. De tal
suerte que, se equivocan aquellas personas que utilizan el término como un peyorativo
para describir a una persona mezquina per se.
Aunque tampoco podemos
soslayar el hecho que, haya mercaderes malhechores, pero a los tales los vamos
a encontrar en cualquier profesión u oficio.
Adrede he intitulado este post utilizando
la palabra mercader, como una sátira hacia aquellas personas que negocian
seguros y que, les gusta almibarar el título que le anteponen a sus nombres en
sus tarjetas de presentación, por algo más fino y sofisticado por decirlo de
esa manera. Al final, quienes nos dedicamos a la comercialización de seguros,
somos mercaderes de seguros. No hay nada indigno en ello, al contrario, es una
profesión muy noble que permite satisfacer innumerables necesidades a la
sociedad, es una profesión de servicio que permite atesorar gratas experiencias
en nuestras mentes y corazones.
En 38 años que cumpliré el primero de
agosto del año 2025, de forma ininterrumpida he estado al servicio de la
sociedad guatemalteca como mercader de seguros, y puedo atestiguar que, podría
escribir un denso anecdotario sobre el bien que mis asociados y yo, hemos hecho
a la sociedad en la comercialización de seguros. Especialmente con los de vida,
por los cuales tengo una opción preferencial, en virtud que, por medio de
ellos, hemos contribuido al desarrollo socioeconómico en la región de Alta y
Baja Verapaz y puntos circunvecinos. Con justa y sobrada razón el Comité
Europeo de Seguros, aseveró en el año 2006 que, “el sector de seguros juega un
papel fundamental en la economía y, los expertos en ese tema, coinciden que
entre los diferentes ramos de seguros, son los
de vida los que más contribuyen a dicho desarrollo por el ahorro
personal y familiar que generan para garantizar un dinero sustentable durante
la fase de un desempleo temporal, durante la etapa de la jubilación, una muerte prematura,
sobrevivencia o el padecimiento de enfermedades graves.
Para dar pie al anecdotario anunciado en
párrafos anteriores, retrotraigo el pensamiento a la última década del siglo
pasado, cuando en las instalaciones del Centro Universitario del Norte, aseguré
a un catedrático de dicha sede, gozaba de muy buena salud, lo que le permitió
adquirir una muy buena suma asegurada. Unos 15 años después, solicitó un retiro
parcial del dinero que, por concepto de ahorro, tenía acumulado en su póliza de
seguro. —me servirá para paliar una crisis económica por la que estoy
atravesando, —adujo. Fiel a la programación de su póliza, se devolvió,
asimismo, reintegrando el dinero retirado en aquella ocasión, (aunque no tenía
por qué hacerlo) porque si no, no tendría para su jubilación —me explicó.
Como en el 2015, sin previa cita me visitó
en mi oficina, se hacía acompañar de su señora esposa, para solicitarme le
explicara a ella, qué tramites tenía que hacer para que, sin ninguna
dificultad, llegado el momento pudiera cobrar el seguro como única beneficiaria
de su póliza.
Estupefacto quede cuando me
comentó él porque de esa petición. -Hace algunos años, —me dijo, desarrollé
cáncer metastásico y fallo renal por causa de una hipertensión muy alta, y
clínicamente estoy desahuciado. —Ya me queda poco tiempo en esta vida para
estar con ella…
En esos 37 años y pico, como mercader de seguros,
jamás había visto a alguien gestionar en vida lo que sería el pago de su
seguro, jamás había visto a alguien con alta dosis de aceptación, resiliencia,
estoicismo, inteligencia emocional y social. Estaba lúcido y sereno, un estado
emocional que extendió a su futura viuda, quien se encontraba en aparente
estado de ánimo apacible…, ¿acaso existe amor más grande que ese, demostrado por
alguien que, sin ningún atisbo de egoísmo, temor y temblor, hablara con suma
facilidad sobre su próximo deceso?
Se fue seguro que al momento
de su muerte no le fallaríamos, murió en fechas recientes con olor a santidad,
por haber procurado para su viuda, una renta que le permitirá una vida cómoda y
digna…
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