miércoles, 11 de junio de 2025

 

 


El mercader de seguros

Capítulo II

A propósito del seguro de responsabilidad civil obligatorio

Jlriveirof

     A finales de los años 80, principios de los 90, el escribiente aseguró la vida de cada uno de los miembros de una familia cobanera.

Al expedir la compañía aseguradora las pólizas de seguro de vida, visité nuevamente al padre de familia y sostén de la misma para explicar y entregar cada uno de esos documentos.

Al final, previo a despedirme, le ofrecí asegurar su vehículo contra todo riesgo. Era un hermoso pick up Ford F150 XLT Lariat de modelo reciente en ese tiempo, que se encontraba en su garaje.

Le expliqué a detalle todo lo que la póliza le cubría, y al final me preguntó cuánto tenía que invertir para ese seguro. —no me joda, respondió. Con ese dinero compró un par de chivos para engorde y en año y medio los vendo y le gano el 60% a mi dinero. Insistí con asegurarlo ofreciéndole el mismo seguro excluyendo la cobertura que cubría contra robo, atraco, vuelcos y colisiones y dejarle solo el beneficio de responsabilidad civil o daños a terceras personas y sus bienes materiales, lo que reducía ostensiblemente el pago, sin embargo, también lo refutó, aduciendo que, con ese dinero podría comprar un becerro de media ceba.

     Pues bien, el tiempo pasó y un día llegó a buscarme afligido, para contarme su historia. —Fíjese, me dice, —iba yo para el puerto (no me dijo que puerto), y la recta de Tactic la agarré muy rápido, iba entretenido cambiando estaciones en la radio, cuando de la calle  que lleva al mercado de la villa, cerca de Chamché, una mujer salió corriendo queriendo atravesar la cinta asfáltica y la atropellé, no murió en el momento, sino una semana después en un hospital privado que me está sacando un ojo de la cara. —Estoy libre bajo fianza, con arresto domiciliario y los abogados que me están auxiliando, me están saliendo más caros que el hospital. Como si lo anterior fuera poco, los hijos de la señora pretenden un resarcimiento por su muerte, so pena de entablar demanda si no les pago. —¿Qué hago?, ¡malaya aquel día! mejor le hubiera tomado el seguro, aunque sea el más barato, ese para terceros…

      Lo anterior expuesto, es sin temor a equivocarme, una clara expresión del desconocimiento y la desconfianza que muchas personas tienen en materia previsional. En Guatemala es grande la falta de cultura en esa materia. Fue eso lo que permitió que muchas personas pudientes económicamente hablando, se opusieran a un seguro obligatorio de responsabilidad civil.

     Si el protagonista de la historia hubiera tomado ese seguro en aquel tiempo; la aseguradora que yo representaba, hubiera cubierto todos los daños físicos ocasionados a la atropellada, los gastos médicos en el nosocomio, incluso su muerte. Se hubiera evitado todos los pagos realizados a sus abogados, porque el seguro tiene una cobertura de asesoría legal, otorgándole un abogado para brindarle toda la asistencia requerida para defenderlo ante el juzgado correspondiente…, según me dijo, gastó más de Q.50,000.00, un dineral en aquel tiempo considerando que el poder adquisitivo de la moneda era grande.

Con ese dinero, según sus propias palabras, hubiera fincado un terreno con becerros, tomando en cuenta que, ese era el giro de su negocio…

     Pero además de los beneficios citados en párrafos anteriores, cabe resaltar que el seguro de responsabilidad civil, también impide que las víctimas queden desprotegidas, independientemente si el hechor, tiene o no recursos económicos para hacerle frente a la situación.

Hoy día, es preferible pagar la prima de un seguro que hipotecar el futuro si no se cuenta con esa herramienta clave para resarcir pérdidas, tanto humanas como materiales. Una herramienta que nos da seguridad y paz mental al saber que a la hora de una contingencia tenemos un respaldo, que también reduce los gastos a los hospitales públicos, que, al día de hoy, han erogado millones de quetzales para atender a las víctimas de accidentes viales, llevándose el primer lugar, quienes se conducen y se accidentan en una motocicleta.

     Ocioso me parecería de mi parte si quisiera aquí extenderme para comentar los hechos que tuvieron lugar, ante la reacción de muchas personas que se opusieron al establecimiento de ese beneficio.

Aunque no comparta las divergencias, respeto cada punto de vista. A mi juicio asiste la razón primero, por eso mi reflexión es técnica, no política.

     Permítaseme, empero, a guisa de colofón, dejarlos con la siguiente máxima de Aristóteles: “Solo una mente educada puede entender un pensamiento diferente al suyo sin necesidad de aceptarlo.”

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