Alineados estratégicamente con la dirección de ventas, le dimos pie a la andadura de este año con el lema: “Juntos por la Victoria.”
Un lema que podemos ver como
un faro de luz que iluminará nuestros futuros posibles y, como norte orientador
hacia donde todos los que conformamos la fuerza de ventas, a nivel nacional, debemos
dirigir nuestra mirada y nuestros pasos.
Tal frase puede entenderse
como una paráfrasis parcial de “¡Hasta la victoria siempre!”, pero no es
equivalente en sentido pleno. De cuyo epígrafe presenté mis reflexiones en
fechas recientes, mediante un artículo compartido en mi muro, intitulado con
intención con ese lema.
Tal y como lo expresé en ese artículo, “¡Hasta
la victoria siempre!”, es una consigna signada por Che Guevara. Su
significado profundo implica perseverancia permanente en la lucha hasta
alcanzar la victoria, e incluso más allá de ella.
El adverbio “siempre”
introduce una dimensión temporal y ética de continuidad y, concatenándola con
la máxima ideada por la dirección, las dos, presentan algunas diferencias que
son clave como medios para el fin que deseamos, por ejemplo:
Hasta la victoria siempre; nos permite una
lucha continua, sin fecha de caducidad.
Juntos por la victoria, nos permite una
cooperación orientada a un objetivo concreto.
Ambos lemas tienen una
magnitud ética:
La consigna del Che expresa
compromiso radical y permanente.
Mientras que la consigna de la
dirección resalta más unidad estratégica que perseverancia histórica. Tiene
fecha de caducidad: 31/12/26.
El tono de ¡Hasta la victoria siempre! Es
épico, militante, casi sacrificial.
El de ¡Juntos por la victoria!
Es colaborativo, organizacional, aplicable a nuestro contexto empresarial.
Si lográramos amalgamar con
éxito las expectativas de las dos máximas en consideración, podríamos llevar a
feliz término la misión encomendada para el presente año, perseverando unidos
sin rendición hasta alcanzar la tan anhelada meta…
Dicho en forma aforística:
La primera consigna habla de
la duración de la brega, la segunda, de la forma de bregar.
Como nos parecemos en mucho a
los árboles sembrados a la vera del río (Salmo 1,3), producimos resultados
constantes y oportunos, garantizando el éxito en todo lo que emprendemos…
“¡He ahí la cuestión!”
Jlriveiror
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