jueves, 27 de octubre de 2022

Mi abuelo, el mexicano (2a. Parte).


Jlriveirof, OP

      Como diría el bachiller Sansón Carrasco al hidalgo caballero de La Mancha, don Quijote: “nunca segundas partes fueron buenas”, sin embargo, he cedido a la tentación a un año después del primer escrito, concretamente en el marco de la celebración del día en que festejamos a los abuelos, para hacer este segundo artículo sobre las andanzas del mexicano, muy especialmente para satisfacer los deseos juveniles de mis primos que no corrieron la suerte de conocerlo, gozarse en su presencia y amarlo como quienes gozamos de sus divertimentos.

     A tenor de lo expresado, alzo la mirada a los tiempos pretéritos y ubicándome en la compañía de una de mis tías, a quien para efectos de este post llamaré simplemente Colón, con quien crecimos casi juntos por llevarme uno o dos años de diferencia, en virtud que, en aquellos dorados tiempos el invierno era eterno, la única calefacción era un viejo pollo de leña que pasaba encendido casi todo el día, el mexicano ya estaba libre de tareas laborables y, no había televisión en la casa. En ese contexto vino al mundo la Colón...

     Como dije al principio, por el poco tiempo que me llevaba, nos divertíamos juntos y traveseábamos juntos al extremo que, no dejábamos estudiar a Gloria su hermana y, tía mía, apodada con especial afecto “la nana”, que, en compañía de sus compañeros de estudio, todas las noches se juntaban en la casa para estudiar y hacer tareas en su último año de carrera. Obviaré los nombres de sus compañeros, solo recordaré al famoso Nick de quien nos burlábamos por su cabeza calva –¡eo, eo, viejo pelón cabeza de bola de billar, ja, ja, ja! y, salíamos corriendo, mientras la nana con sus largas y afiladas uñas nos corría hasta alcanzarnos y al darnos alcance las ensartaba en nuestros costados.

Al hacer caso omiso el mexicano de sus quejas, ella tomaba la justicia por su mano.

     Casi todas las noches nos disfrazábamos de mi abuelo, nos poníamos sus enormes sacos, sus sombreros y sus botas, y con esa indumentaria nos burlábamos de nuestros vecinos: la Puc, doña Cuca, la Mich, etc. Al grado que, ante los ataques de risa que eso nos ocasionaba, mi padre nos gritaba: par de idiotas...

     Cuando nos llegó la adolescencia, la Colón cambió mi compañía por la de un “peoresnada” a quien apodábamos piocha, quizás por la nariz aguileña que lo caracterizaba. En cierta ocasión lo vimos salir con Fredy mi primo, de la única clínica dental que había en Cobán y, corrimos con el chisme diciendo: —Colón, acabamos de ver salir al piocha de donde el dentista, averiguamos y tiene todas las muelas picadas ¿cómo podes besarlo así?

El chisme en cuestión surtió sus efectos, él piocha fue mandado a volar y nunca más lo vimos por el lugar...

     Llegado el tiempo de “asentar los reales”, posterior al enamoramiento con un teniente del ejército, a la Colón la llevaron al altar “en un buque de guerra o en tren militar”, mismo al que no pudo asistir el mexicano, pues ya estaba viviendo sus últimas horas, por el cáncer al que estaba expuesto- Ella vestida de novia y él con su traje de gala de oficial del ejército de Guatemala, inmediatamente después de salir de la Iglesia Catedral de Cobán,  se hicieron presentes a la alcoba de mi abuelo para recibir su bendición y tomarse las consabidas fotografías para la posteridad.

Al salir de ahí me dice el mexicano, dado el carácter contestatario de mi tía, según él en voz baja —mijo, Dios quiera que, con el rifle del teniente se componga tu tía ja, ja, ja ..., obviamente estoy escribiendo en lenguaje figurado para no escribir lo que dijo aquella tarde/noche mi abuelo, de su hija, la más chiquita.

     Mi abuelo ya no vio el florecimiento de ese casamiento y, el teniente en cuestión no vivió y convivió con él, sin embargo, lo conoció en virtud de sus hazañas y sus anécdotas transmitidas de forma oral, especialmente lo que dijo de ellos aquella vez, comentario que le sacó muchas lágrimas acompañadas de sonoras carcajadas. -Era un cabrón tu abuelo decía...

     El tiempo pasó y en fechas recientes el teniente coronel que se ganó todo nuestro aprecio y respeto fue llamado a la presencia de nuestro buen Dios y, en virtud de nuestra fe, estoy plenamente convencido que, el mexicano salió a su encuentro para acompañarlo hasta el máximo tribunal a donde todos iremos alguna vez, y en ese tránsito sin duda le pregunto: —Rudy ¿se compuso la Telmita?, ¡ja, ja, ja, ja!

Pero mientras ese momento llega, que brille para ellos la luz perpetua y para la Colón mi compañera de muchas travesuras, Dios le conceda la ecuanimidad como síntesis de todos los valores para soportar la partida de su amado.




Mi abuelo, el mexicano

 




Jlriveirof , OP

     Según Frederick Nietzsche; las cosas grandes no se mencionan, pero si se hace hay que referirse a ellas con grandeza.

Haciendo acopio de ese pensamiento filosófico en  el marco de la celebración del día de los abuelos que, en Guatemala, un país de cultura cristiana se conmemora el 26 de julio, por ser éste el día en que la liturgia católica recuerda a Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y, por tanto, abuelos de Jesús, no encontré ocasión más oportuna para evocar, provocar y convocar a un gran ser humano, mi abuelo materno Hermógenes Fernández de la Cruz; de quien libé de su amor, cariño y amistad, de sus enseñanzas primarias, de su filosofía popular, de sus divertimentos, de su afable compañía entre mil y una cosa más, durante los mejores años de mi vida, hasta los diez y seis años…

     Aquel a quien apodé “el mexicano”, dada la influencia del cine azteca en Guatemala, por sus proximidades, por ser vecinos y por tener casi la misma cultura e identidad. Un sobrenombre que le vino como anillo al dedo y que a él le agradó y que desde antiguo hizo honor al mismo.

 Ranchero y jinete de pura casta, acompañado siempre de su fiel amante Julia, así se llamaba su revólver Smith & Wesson calibre 38 y fuete al cinto, rifle en su montura, botas vaqueras y espuelas un poco debajo de las rodillas, según la tradición oral familiar, raptó a mi abuela Lolita (con su consentimiento),  siendo casi una niña de 15 o 16  y montados en su corcel la internó en la selva enmarañada de la verde Verapaz, y allá por las Conchas y Salacuim le dio pie a su andadura.

Con más balas que centavos en sus alforjas, sueños e ilusiones y, con sudores y rigores fundó una familia, no sin antes dejar enterrados a sus primeros hijos entre el verdor y el frescor de aquellos parajes inciertos e insolidarios…

     ¡Firme y digno! Cuando papa Polo Zea de ascendencia mexicana quiso darle su apellido a mi abuela, solo después que ésta había cumplido la mayoría de edad, sin duda alguna, para evitarse la molestia de tener que pasar manutención alimentaria,  “el mexicano” se negó. -No don Polo a su hija yo ya le di mi apellido, no necesita el suyo ¿Por qué no se lo dio cuando ella más lo necesitaba? Y así mi abuelo siempre tuvo más dignidad que dinero, algo por lo que nunca se desvivió, él nunca estuvo en venta, su dignidad primaba por encima de todas las cosas.

     Aún recuerdo como si fuese ayer, cuando rondaba los siete u ocho años de edad, mi abuelo para el día de santos y difuntos; siempre iba a limpiar y pintar la tumba en donde descansaban los restos mortales de su padre Ventura Fernández, enterrado en el cementerio contiguo a la Iglesia del Calvario, que era el lugar en donde enterraban a las personas adineradas en su tiempo y, yo casi siempre lo acompañaba, el itinerario era este: Muy de mañana nos íbamos caminando rumbo al Calvario, no sin antes pasar a la misa de siete AM, cuando las celebraciones eucarísticas todavía eran en latín y nosotros que no sabíamos latín, sólo leíamos el lenguaje corporal del cura que preside la misa.

Yo miraba enorme e imponente a mi abuelo, elegantemente vestido, saco y pantalón sastre, botas bien lustradas y un sombrero Stetson o Borsalino sobre sus sienes, que casi siempre hacía juego con su vestimenta.

Al entrar al templo se quitaba el sombrero y se persignaba y me decía frunciendo la frente como un mentor: cada vez que entres a una iglesia quítate el sombrero no la cabeza. Una máxima que durante mucho tiempo creí que era de su puño y cuño, pero que al cabo de los años supe que era de Chesterton.

Aunque sus visitas a la iglesia eran de vez en cuando, mi abuelo me enseñó a vivir y respirar un ambiente cultural cristiano. Al concluir la misa la próxima parada era en la casa de su media hermana Concha Fernández, la casona que aún persiste ante la modernidad y está frente al Banco Industrial del centro de Cobán, en la mera esquina, ahí la tía abuela Concha nos daba de desayunar, para después concluir nuestra travesía en la Parroquia del Calvario, cuyas gradas me obligaba a subir, corriendo, en virtud que detestaba al holgazán, utilizando eufemísticamente el término para no escribir lo que realmente decía…

     Le fascinaba leer  novelas vaqueras; eran su solaz; especialmente las de Marcial Lafuente Estefanía, de las que tenía una amplia y variada colección, las devoraba de un solo pilón, sentado en su vieja poltrona de color naranja, con sus gruesas manos sosteniendo el mentón unas veces, otras la mandíbula y la nariz, como hijo de su tiempo y de su cultura repetía a voz baja lo que leía, lo que sin duda alguna le permitía memorizar; porque después, en las frías noches del invierno  que en el Cobán de finales de la década de los 60 y los 70ss duraban trece meses al año; reunía a sus nietos en torno a una fogata y ahí nos comentaba sus hazañas por su tránsito según él, por Durango; México, en las selvas del Petén y quien sabe que más lados, él era el protagonista de todas esas anécdotas; sin duda alguna nos contaba lo que horas antes había leído en  sus novelas de vaqueros.

     En los escasos días de verano a todos sus nietos les hacía helados de Incaparina, de café y mosh, según fuera lo que había sobrado del desayuno; cuando las ventiscas estaban en su mejor momento y que casi siempre eran en el mes de noviembre; días previos nos mandaba a comprar engrudo y papel de china al mercado central, en su compañía nos íbamos a las márgenes del río Cahabón, que pasaba cerca de su casa a cortar varas de tañíl  y ya con esos materiales nos hacía barriletes que después nos llevaba a volar en los potreros de Buena Vista; invisibles hoy, que por el paso del tiempo y del progreso se han convertido en residenciales.

Por las tardes hacíamos días de campo en el sitio trasero de su casa con mandarinas, naranjas o bananos que según el tiempo de la cosecha era lo que había.

     Durante los días previos a la navidad en la casa de mi abuelo todo era festividad; el 24 de diciembre se ponían mesas a lo largo del corredor principal y participaban de la cena todos sus hijos, hijas, nueras, yernos y nietos. Él ocupaba la silla principal y su voz socarrona opacaba todas las demás, no dejaba que nadie hablara, sobre todo cuando ya tenía un par de bebidas espirituosas entre pecho y espalda, quien osaba contrariarlo se tenía que atener al duro gancho al hígado que le propinaba a cualquiera de sus hijos o sus yernos, que sufrían el rigor del mismo casi siempre desprevenidos…

     En aquellos tiempos la fruta navideña como decir manzanas de California, uvas y nueces eran muy escasas; pero teníamos dos tíos militares recién egresados de la Escuela Politécnica que días previos a la navidad llevaban por cajas a la casa de mi abuelo, mi abuela las escondía debajo de su cama para sacarlas solo el 24; pero mi abuelo que no acaparaba comida, se daba a la tarea de sustraer para regalarla a sus nietos, teníamos dos tíos que jugaban fútbol profesional y a ellos les robaba sus medias, las que llenaba hasta el tope de manzanas y nueces para luego mandarnos a dejarlas a nuestras casas de habitación, que distaban a cinco minutos de la casa patriarcal.

     Era un Robin Hood; les robaba a sus hijos ricos según sus propias palabras para darle a sus hijos pobres; y así cuando “los soldados con título” como llamaba a sus hijos militares regresaban a sus cuarteles, se iban con menos ropa, desde calzoncillos, calcetines y camisas que él después regalaba en algún envoltorio como nuevos, a sus hijos que tenían alguna dificultad financiera.

     De oficio era tektón como José, el padre putativo de Jesús; construía desde una jaula de conejos hasta una casa de habitación, desde un caballito de palo de escoba, cabeza de pantimedias que le robaba a mi abuela y crin de escoba de raíz, común, usual y acostumbrada en aquel tiempo, para que nosotros sus nietos varones jugáramos a los indios y vaqueros en los amplios y anchos corredores de su casa.

     Ya en los últimos momentos de su vida, cuando el cáncer le había avanzado en demasía, oyó desde su cuarto bulla, de gente que se movía y que hablaban según ellos quedamente, yo que le acompañaba ese último día me dijo: -mijo; anda contar mis tablas que tengo en el corredor, porque ese hijo de cuatro letras del pichelón de Miguel, seguramente se las está robando…

Aún tenía atisbos de esperanza y; esas tablas que me mando contar, serían para construir una casa en el terreno “dos pistolas, o granja del tío Güilo” ubicado en Santa Cruz, Verapaz.

     Al filo de la medianoche de un día cualquiera, hace 44 años el mexicano entregó su espíritu, sin embargo, vive y convive en las mentes y en los corazones de todos los que lo amamos, "ad infinitum" ...




lunes, 24 de octubre de 2022

El lugarteniente

 Por:

Jlriveirof, OP

     Durante mi azarosa existencia he intentado transitar por diferentes derroteros para alcanzar la transformación y el desarrollo socioeconómico para que, en palabras de Ulpiano, poder llevar a la praxis tres principios básicos: vivir honestamente, no dañar a los demás, y dar a cada uno lo suyo.

     En ese fluir de la vida, me he auxiliado siempre de la construcción psicopictórica que, en lenguaje sencillo y llano no es más que, amalgamar la visualización y la creatividad, mediante la cual, se puede construir en la mente, imaginando o creando una situación deseada y salir de la actual que, en aquel tiempo, la que estaba viviendo no me estaba gustando, dada la precariedad que me embargaba y alienaba.

     En ese sentido, recuerdo muy bien cuando en torno a una mesa de burdel, en compañía de mi amigo fiel y compañero de la niñez, infancia, adolescencia, juventud y, ahora de los años dorados de nuestra existencia, el San (Juan Francisco San José Leal). Me despedí y juré que, a Cobán no regresaba si en la capital de Guatemala no alcanzaba el sueño que muchos buscan fuera de nuestras fronteras. Y así lo hice.

     Mediante el uso ese de la visualización, me vi a futuro finquero: ganadero y caficultor.

Para llevar a cabo tal faena encontré trabajo como agente de seguros, habiendo obtenido un éxito rotundo en la colocación de seguros de vida y, con el dinero generado por concepto de comisiones y bonos de producción y persistencia, logré comprar una casa en la capital, carros y dos terrenos en Alta Verapaz, listos para fincar.

     De buena fe, compré sin ver ni conocer, dos caballerías y media de terreno en la antigua propiedad de un tío de mi abuelo materno Moge, llamado Abelardo Leal de la Cruz (+)), cuya propiedad denominada Las Conchas, a su muerte, había sido segmentada y heredada a la retahíla de hijos que tuvo, y yo, adquirí en propiedad la fracción antes citada.

     Mi primer desánimo vino al tomar posesión de la tierra y enterarme que, media caballería de la misma, ya estaba invadida por ex delincuentes subversivos que contendieron con el ejército durante el enfrentamiento armado interno, por lo tanto, dadas sus anti éticas y perversas costumbres, era más fácil que me enterraran como XX por ahí que, sacarlos legalmente de la fracción de terreno usurpado. Compre entonces, 2 caballerías de tierra útil y   media más con más de una docena de "canchitos" y sus familias, sin oficio ni beneficio alguno.

     Mi lugarteniente, nombrado así por el escribiente, en algún lugar remoto y ardiente del bello valle de las Conchas, mi hermano más pequeño de edad, pero más grande en estatura, Miguel Ángel Riveiro Fernández, que con botas "todo terreno" posa frente al Nautilus, nombre que le puse al forzudo Land Cruiser de mi propiedad, que en fotografía que acompaño al post, callado también posa.

Lo llame Nautilus porque inmerso entre aguajales y lodazales, vigoroso con doble y retranca se desplazaba en medio de la densa selva y en camino de herradura, como era en ese tiempo el camino que conducía desde Cangüinic Polanco hasta Salacuim.

     Pues ese fortachón, jamás nos dejó varados en el camino, era como una mula serrana que, en modo automático llegaba incólume a su destino, máxime cuando el colocho y yo, habíamos bebido de más los extractos de la uva, la caña, la cebada, del maíz o de lo que fuera, dada las circunstancias del momento.  El Nautilus fue un fiel acompañante desde Cobán hasta las Conchas, pasando por Cangüinic y otras partes.

Fue mi “colocho" hermano, mi lugarteniente en cuyo honor escribo estás letras, quien ingresó a pie las primeras cabezas de ganado "ixim", en cuyos parajes se loquearon y muchas en infernal carrera agarraron por distintas y distantes veredas, perdidas, buscadas y encontradas con el pasar de los días, con más pellejos que carne.

     Poco tiempo después compré mi primer lote de ganado fino en la Finca Dolores, unas cabezas de ganado raza nelore, que, pasado el tiempo del engorde, aproximadamente año y medio, fueron sacados de la finca a pie, cargados a camiones en Cangüinic y trasladados a un rastro a Ciudad de Guatemala en donde me los iba a pagar el carnicero.

     Ingrata fue mi sorpresa cuando el comprador llamado Cristóbal, vecino mío en Residenciales Atlántida, me llamó al teléfono, vociferando y maldiciendo de rabia, "encorajinado" como diría Cantinflas, –esos toros me dijeron, tienen de nelore lo que usted tiene de inglés. Ni m.…, –me gritó. Inmediatamente me puse en camino hacia EXGUAPAGRA y al llegar, me encaramé al camión y me percaté que, efectivamente, tales cebucanos me los habían canjeado por vacas y toros viejos.

A las vacas se les podían contar las costillas y a los toros de viejos, les colgaban las criadillas engarrapatadas hasta las rodillas, parecían nidos de oropéndolas, mismas que se mecían al compás de los gritos que con sapos y culebras salían de la boca espumosa de Cristóbal.

Todos los nelore habían sido metamorfoseados de la misma forma en que, Circe transformó a los hombres en cerdos estando en la Isla de Eea.

     A tenor de lo expresado postulo que, no todas las personas actuamos en coherencia con las reglas de Ulpiano, que consisten como expresé al principio en vivir honestamente, no dañar a los demás y dar a cada uno lo suyo, lo que en derecho corresponde...




viernes, 15 de abril de 2022

 El Titanic

Jlriveirof

     En la madrugada de un día como hoy, pero del año 1912, se hundió el trasatlántico británico Titanic durante su travesía inaugural. Viajaría desde Southampton hasta Nueva York. Muy a pesar de la petulancia, arrogancia y soberbia del constructor al afirmar que ni Dios podría hundir semejante embarcación, el mismo se hundió  al chocar contra un iceberg en el lado de estribor la noche del 14. El barco comenzó a hundirse e inundarse poco a poco hasta que, se partió en dos,  llegada la fría madrugada,  al filo de las 2:20AM.

     El barco en cuestión, era una ciudad flotante y, como en todas las ciudades había distingos de clases sociales: primera, segunda y tercera categoría, cuyos entornos ocupados estaban en correspondencia con dichas características. De tal suerte que, a la hora del salvamento quienes tenían las mayores posibilidades de salir incólumes eran las mujeres y los niños primero, en palabras de los gendarmes. Obviamente,  se refería a los de primera clase. Los otros, casi todos,  murieron de hipotermia  en las gélidas aguas del Océano Atlántico.

     De forma analógica podemos pensar como en Guatemala pasa lo mismo, el barco en donde navega la incipiente democracia, la injusta justicia y el derecho torcido, tiempos ya que se estrellaron contra el iceberg de la corrupción, la cleptocracia nos desgobierna desde tiempos pretéritos tan antiguos, tiempos ya que todo se resquebrajó y poco a poco los que navegamos en este mar de laberintos y tormentos, nos estamos ahogando. Solo se están salvando los ricos emergentes mafiosos, hijos de dipugánsteres, abogánsteres y demás maras sociales, políticas, económicas, militares y religiosas. Estás últimas especialmente aquellas de corte neo pentecostal, agresivas, atentatorias, divisorias y polémicas, unidas todas hacía un mismo fin: reptar hacía el escaso poder temporal, convirtiéndose pronto en sus lacayos.

     Como en aquel tiempo, en este las medidas de salvamento son casi nulas, casi toda la sociedad está absorta en el indiferentismo e ignorancia política, egoísmo, laicismo, etc. 

Poco importa el diario acontecer mientras de forma aparente no nos alcancen los tentáculos de la corrupción institucional, en tanto y en cuanto el pacto de corruptos se sigue consolidando ante el soslayo de nuestra mirada. Ante tales circunstancias desfavorables este navío se ira a pique si no hacemos algo y pronto,  y el rumbo que tomará será de "Guatemala a guatepeor". 


sábado, 9 de abril de 2022

 Judas, simplemente Judas...

Jlriveirof

     En alguna parte de su evangelio el doctor Lucas narra que, Judas Iscariote el traidor por antonomasia, transó con el poder religioso de Jerusalén, los "doctores en teología" epocales, el cómo y el porqué entregar a Jesús en sus manos,  por unas cuantas monedas de plata. Concretamente treinta en total. 

     Acabada la cena, Jesús se urgió hacía el Monte de los Olivos, como era su inveterada costumbre, a orar. 

El Monte en cuestión, era en aquella época una especie de hospedería en donde llegaba a pernoctar toda clase de gente: los sin hogar, los vagabundos y los transeúntes entre otros, a quienes Él, sanaba sus dolencias o tribulaciones, tanto físicas como  mentales o espirituales.

     Aquella noche había llegado simple y llanamente a orar, una oración cargada de una fuerte presión, tensión y angustia al grado que, fuertes gotas de sangre mezcladas con sudor caían en tierra. Una dolencia que hoy se conoce con el nombre de hematidrosis. 

Sus palabras <<Padre mío, si es de tu agrado aparta de mi este cáliz. No obstante, no se haga mi voluntad, sino la tuya>> Lc (22, 42), buscaban siempre agradar a su ABBA sin importar las consecuencias, así fueran éstas las últimas...

     Inmerso en ese acto voluntario de su conciencia estaba cuando se encontró entre un grupúsculo de gente armada con espadas y garrotes liderados por aquel que comió con Él en su mismo plato, se apretujó a Él para plantarle un beso en la mejilla con un amargo sabor a hipocresía. <<¡Oh Judas! ¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre?

Maniatado fue llevado donde el Sumo Sacerdote y de ahí al pretorio romano. Perfiló de Herodes a Pilato como hoy día reza el refrán popular.

     El destino del bajo, abyecto, vulgar traidor y ecónomo ladrón lo narra San Mateo en el capítulo XXVII de su Evangelio. Ahí explicita que, al declararse reo de muerte a Jesús, se arrepiente, restituye las treinta piezas de plata a los príncipes de ese averno creado por los sacerdotes y a los ancianos les dice: "Yo he pecado, pues he vendido la sangre inocente". Inmediatamente arroja la plata, se larga apresurado y se ahorca desesperado.

     Al ser prototipo de traidor Judas ¿Por qué no proponerlo para que sea el Santo Patrón de los políticos guatemaltecos? En virtud que, su ser y hacer, vivir y convivir se parece en mucho al de la inmensa mayoría de ellos: bajos, rastreros, reptando siempre hacía lo putrefacto, vendidos, corruptos, ladrones y mentirosos entre un largo e inacabado etcétera. 

Según una leyenda medieval era un ávido pecador antes de vender a Cristo por treinta monedas, fratricida, parricida e incestuoso, que, para expiar sus bajas pasiones y múltiples delitos se hace uno con los doce, es nombrado no solo discípulo sino amigo, en cuyo apostolado defrauda la bolsa que se le encarga, la malversa, la roba y después traiciona y vende a su Señor. ¿Acaso sus seguidores los politicastros de todos los tiempos, no han procedido igual o peor? Creando sus ardides cobijados bajo el manto de la política oscura, impune e impura, sangrando en tan alto el erario nacional, roban, mienten, engañan, se cambian de mara política con total desfachatez, asiduos para comer y beber hasta "ver a Cristo", falsarios, carentes de toda moral y ética profesional.

     Sin embargo, al ser su ser y hacer asiduo aunque horra de sentido, algo les falta para ser semejantes a Judas su patrón: ser valientes para reconocer el yerro y el desacierto que cometen con asiduidad, arrepentirse, restituirle al pueblo lo que es del pueblo y le han robado, buscar una riata y un árbol para terminar su mísera existencia como Judas terminó con la suya...

¡Anda, ve y diles!...

domingo, 28 de marzo de 2021

Un líder sin cargo como Jesús

 

     Robin Sharma “es uno de los expertos en liderazgo más prestigiosos en todo el mundo”. Así lo describen en la portada de su obra El líder que no tenía cargo; en cuyas páginas encontramos una clara y abierta invitación para asumir la vida tanto personal como organizacional desde una perspectiva de liderazgo de manera especial en este tiempo en pandemia que estamos viviendo a nivel mundial y de pos-pandemia que ya se avizora en lontananza gracias a los avances de la ciencia para combatir el letal “virus chino”.

En sus páginas nos invita a desenterrar los dones y talentos que por naturaleza nos corresponden y, desarrollarlos en, por y para el liderazgo de cada una de las personas que conforman un colectivo. Todos conformamos un colectivo o estamos inmersos en uno o más de uno.

Añade Sharma que, “desde el conserje hasta el director ejecutivo, todos deben ejercer el liderazgo y asumir la responsabilidad del éxito de la empresa”, ya sea esta individual, familiar o jurídica, en virtud que, es la única clave para fortalecer las capacidades innatas o adquiridas de todas las personas que así lo requieran.

Por su parte Kenneth Blanchard y Phil Hodges; escritores, educadores y asesores de gestión empresarial de talla internacional, han encontrado el más grande modelo de liderazgo transformacional de todos los tiempos escudriñando las Sagradas Escrituras, especialmente las neotestamentarias y las han plasmado en las páginas de su libro: Un líder como Jesús. En donde se analizan los dotes de liderazgo de aquel judío marginal que marco el paso en la Palestina del siglo I de la era cristiana y que hoy día cuenta con un ejército de más de dos mil millones de seguidores en el vasto mundo, lo que, en palabras de Rick Warren, autor de una vida con propósito, lo convierte en el líder más importante de todos los tiempos. 

     Precisamente así era Jesús de Nazaret, un líder sin cargo social, político, religioso o económico, era tan solo un laico que se enfrentó a esos poderes en su tiempo, a cuyos representes adjetivó de zorras, sepulcros blanqueados, raza de víboras,  hipócritas, serpientes, etc. Y no hay en el mundo nadie más oportuno que él para hablar sobre dones, talentos, liderazgo, gerencia, servicio, entrega, valores, virtudes, carisma, visión, misión, entre otras cosas y que mejor para hacerlo precisamente hoy, en este día en que la Iglesia Católica recuerda la Pasión del Señor y, para ese efecto nos tiramos a modo de jaks nine a las profundidades de la prioridad marcana (Mc 14, 1-15, 47), en donde contemplamos como los sumos sacerdotes y los fariseos hipócritas buscaban la manera de apresar a Jesús de forma traicionera y darle muerte porque les era intolerable, su forma de ser y hacer, vista en clave ontológica y ética les era inadmisible. Simple y llanamente su modo no comulgaba con ellos. Jesús hablaba y actuaba de forma asertiva y transparente, mientras que ellos de manera falaz y pertinaz.

Como les pasa a todos los líderes que andan en la búsqueda del bien común, Jesús fue injuriado, traicionado y negado inclusive por sus propios amigos, aquellos que, el reclutó, capacitó e integró a su grupo. Fue criticado severamente porque una mujer anónima de Betania a quien no hay que confundir con la hermana de Lázaro ni con María de Magdala le unge los pies con un perfume valuado en trescientos denarios, como los políticos y los fundamentalistas de este tiempo aquellas personas dijeron: se pudo haber vendido y darles el dinero a los pobres…

Judas, el discípulo que comía del mismo plato con él, lo traiciona y lo vende por treinta monedas de plata. Hoy, en este tiempo presente muchos cuasi líderes se venden por menos, un plato de lentejas es suficiente. Veámoslo en los tres organismos del estado guatemalteco; como las personas que se dedican al tráfico galante, casi todos tienen un precio en perjuicio de su dignidad.

Pedro lo negó en la oscuridad de aquel tiempo. 

¿Y el resto de los doce? Huyeron despavoridos y se escondieron detrás de las puertas por temor a correr la misma suerte de su Maestro y Señor.

     Sin embargo, de las mujeres surgió la valentía, aquella que no tenían los varones; ellas estuvieron al pie de la cruz, fueron ellas en su calidad de miróforas las que estuvieron directamente relacionadas con el enterramiento de Jesús y las que lideradas por la magdalena descubrieron la tumba vacía que siguió a la resurrección. Fue María de Magdala la que recibió la orden de ir a Galilea y avisar a sus hermanos que ahí se verían, nombrada in situ apóstol de los apóstoles por el mismo Jesús para cumplir con esa orden, aparentemente sencilla, pero peligrosa por los acontecimientos que se acababan de dar en Jerusalén.

A pesar de esas circunstancias desfavorables en contra de la persona de Jesús, Marcos nos presenta el comportamiento digno de un líder, siempre infundió aliento, dio esperanza, fue buena noticia, vino a servir y no a ser servido, fue coherente entre lo que dijo e hizo, su sí fue si, su no, no, en él no había cabida para las medias tintas, fue firme, digno y fiel, el fallo de sus discípulos no trajo consigo rupturas futuras, ni reprimendas, ni represalias, muy por el contrario los confirmó en su fe, en la visión y la misión que tenían por delante anclada en valores después de las resurrección, reivindico el papel de la mujer y por eso Marcos explicita tres palabras para definir su trato con ellas: Seguir, servir y subir.   Conditio sine qua non para toda persona que quiera ser líder en este tiempo presente.

Jlriveirof, OP

    

domingo, 17 de enero de 2021

Hacer o no hacer, ese es el punto

     Un día cualquiera del mes de marzo del año recién pasado un grupo de ejecutivos de seguros de GyT veníamos de vuelta hacía Guatemala después de vacacionar varios días en Los Cabos, Baja California Sur, como parte de un salario emocional adicional a nuestras remuneraciones que todos los años obtenemos en adición a capacitación constante, reconocimientos, teletrabajo, gestión del tiempo, entre otras motivaciones más que recibimos como parte de nuestra cultura organizacional. 

Al arribar al Aeropuerto Internacional la Aurora los trabajadores del lugar nos recibieron con ciertas precauciones en virtud que, en el mismo vuelo venían varios asiáticos a quienes veían con temor como si fueran los leprosos que narran los evangelios, toda vez que Wuhan en esos momentos estaba en el centro del brote de coronavirus que amenazaba con expandirse “urbi et orbi”.

No habían pasado muchos días de nuestro regreso cuando los gobiernos de las naciones empezaron a extremar y tomar medidas enérgicas de bioseguridad para disminuir el riesgo de infección ante la inminente fatalidad, como el cierre de puertos y aeropuertos, encerronas, toques de queda y restricciones a nuestras libertades individuales y colectivas entre muchas cosas más al extremo que muchas actividades empresariales se paralizaron.

     Lo anterior trajo consigo el derrumbe de la economía, la vida, la salud, la educación y la justicia entre otras cosas y, como  si la pandemia no fuera suficiente la naturaleza nos castigó severamente durante la época invernal y una tras otra vinieron las tormentas tropicales ETA e IOTA que anegaron en gran parte el departamento de Alta Verapaz convirtiéndolo en uno de los lugares más afectados de todo el territorio nacional, ambas depresiones tropicales dejaron a su paso caos, muerte y desolación que nos sumergieron en una crisis existencial de grandes envergaduras, en una batalla emocional sobre la vida y la muerte como aquella en la que se encontró Hamlet, el príncipe de Dinamarca, en la más famosa obra literaria de Shakespeare cuando terriblemente afectado por la muerte de su padre, el rey de Dinamarca dijo: “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Una frase ontológica que nos puso en jaque frente a los caminos inciertos entre la vida y la muerte y los fantasmas atormentadores que recorrían nuestros pueblos ante el hecho de que muchos de nuestros clientes, amigos, parientes y conocidos estaban muriendo por causa de la pandemia, otros que se quedaron desempleados ante el derrumbe de la economía, más los que se quedaron literalmente en la calle por causa de las tormentas tropicales antes mencionadas que pusieron al descubierto que poca cosa somos ante las catástrofes naturales y sobre la importancia que cobra la tenencia y la vigencia de un seguro de vida, gastos médicos y daños  para paliar los problemas dinerarios que se avecinan después que pasan cosas de esa magnitud.

     Ser o no ser, esa es la cuestión”.  Desde el punto de vista ontológico esa frase alude lo esencial del individuo, ante una existencia que en los derroteros inciertos que teníamos por delante tuvimos que tomar decisiones: ¿Ser o no ser? en virtud  que, somos lo que hacemos es condición sine qua non hacer para ser alguien en la vida a pesar de las penas, las tristezas, las desesperanzas y la muerte. Precisamente por ello, le  di paso a una frase ética, parafraseando a Shakespeare: Hacer o no hacer, ese es el punto.

En ese sentido, en la agencia de seguros bajo mi dirección y procuración haciendo gala del pensamiento sistémico supusimos una visión del futuro intuitiva en extremo, decidimos sortear la pandemia y salir a trabajar como si no estuviera pasando nada, intentando soslayar la afectación, cumpliendo con todos los protocolos de bioseguridad eso sí.

Innovamos, creamos y trabajamos. Acrecentamos nuestros conocimientos y destrezas, mediante una verdadera transfiguración cambiamos nuestros viejos modelos mentales, generamos pensamiento creativo y construimos una visión compartida poniéndonos metas grandes, misiones y valores humanos y cristianos para apalancar y catapultarnos a las grandes ligas.

Tuvimos que convertirnos en sujetos tecnológicos conquistando las herramientas de Google para ser eficientes y, ante la imposibilidad de reunirnos de forma presencial cada lunes como fue nuestra inveterada costumbre, la seguimos ejecutando de forma virtual, al igual que las sesiones de coaching, el mentoring y el feedforward entre otras herramientas administrativas que amueblan nuestro cajón de herramientas interno.

     Resulta paradójico que en un año atípico como lo fue el 2020; nos enfocamos y comprometimos sobre una o dos metas crucialmente importantes, actuamos sobre medidas de predicción e  históricas, movimos con asiduidad el tablero de resultados mediante una cadencia de rendición de cuentas de forma semanal,   el haber decidido trabajar en equipo, socializar nuestros cerebros, no ser reactivos sino pre activos y proactivos como solo lo es un sujeto de seguros; en esas crisis, encontramos oportunidades de mejoramiento continuo, de enmienda, de dominio propio y de una buena gobernanza de nuestras emociones.

Del “virus chino” sonsacamos la palabra crisis que en chino significa oportunidad e  hicimos más y mejor que lo que hicimos en el año 2019; de tal suerte que, en el año que recién acaba de expirar obtuvimos mejores resultados en ventas, las encerronas nos obligaron a mejorar nuestro desarrollo personal, los libros se volvieron inseparables y las capacitaciones asiduas; en consecuencia, cinco personas se hicieron acreedoras al acostumbrado viaje internacional con todo pagado más una bonificación en dólares, duplicando  el número de viajeros del 2019 que representarán a la agencia imperial en el extranjero.

     “Ser o no ser, esa es la cuestión",  hacer o no hacer, ese es el punto.  Una frase ontológica la primera y ética la segunda, fueron el santo y seña que nos obligaron a transitar entre el claroscuro ese que se forma entre la vida y la muerte, entre la luz y la oscuridad, entre la buena voluntad y la fuerza de voluntad, entre la opción y las circunstancias desfavorables que nos acompañaron en todo el caminar.

Ese ser y ese hacer nos obligaron a deliberar sobre todo aquello que, teníamos y debíamos hacer: servir a nuestra comunidad en materia previsional haciendo más y mejor sin importar las causas.

Para el año que recién comienza ya tenemos trazada nuestra hoja de ruta y, como diría un extinto miembro de la gerontocracia y kakistocracia en el país, "seguiremos haciendo más de lo mismo"...

Jlriveirof, OP