miércoles, 11 de junio de 2025

 


El mercader de seguros

Capítulo III

La cultura previsional

Jlriveirof, OP

 “La cultura de un pueblo se mide en relación a la cantidad de pólizas de seguros que tiene.”

Mario Vargas Llosa

     En fechas recientes mi amigo y colega de antaño, Eduardo H Mata, me recordó el epígrafe atribuido al famoso escritor peruano y ganador del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, cuya afirmación está en sintonía con el Comité Europeo de Seguros que dijo en fechas no muy lejanas que, “un mundo sin seguros sería mucho menos desarrollado económicamente y menos estable.” 

      Ese párrafo primero, me retrotrajo años atrás, cuando leí la más famosa obra literaria del escritor vienés Stefan Zweig: El mundo de ayer, en donde en uno de sus capítulos comenta lo que a él le tocó vivir a finales del siglo XIX, en la Viena Imperial, al decir que, era “el siglo de la seguridad y que llegó a ser la época dorada del sistema de seguros. Se aseguraba la casa contra incendio y robo; el campo, contra el granizo y la tormenta; la vida contra accidentes y enfermedades; se compraban rentas para la vejez y se depositaba en la cuna de las niñas una póliza para su futura dote. Por último, hasta los obreros se organizaron, conquistaron un salario estable y una caja de previsión; el servicio doméstico ahorraba lo necesario para un seguro en la vejez y pagaba de antemano, en pequeñas cuotas, su propio entierro. Sólo el que podía contemplar el futuro sin preocupaciones disfrutaba del presente con buenos sentimientos.”

      A más de un siglo de desvelados esos hechos, podemos constatar como en “la ciudad de la música” y hogar de Beethoven, Mozart, Strauss y Schubert, contemplaban el futuro sin preocupaciones porque tenían una cultura previsional impresionante, algo de lo que carecemos una inmensa mayoría de guatemaltecos, puesta de manifiesto en fechas recientes, con bochinches callejeros y violencia generalizada, cuando se quiso poner en vigor el seguro obligatorio de responsabilidad civil.

     Ante esos hechos de violencia tanto física como verbal de los opositores al seguro, nos sometimos al escrutinio de otras civilizaciones, en donde, sin duda alguna, nos vieron con desdén.

     ¿Cómo nos verían los vieneses en el primer cuarto del siglo XXI? Cuando ellos siguen con la creencia de que, al seguro hay que verlo como un contrato de “absoluta buena fe” (ubérrima bona fide), y que, es la única herramienta clave para gestionar riesgos y resarcir tanto los daños físicos y materiales consecuentes a una muerte prematura, a una invalidez, a la vejez prolongada, al desempleo, las enfermedades graves y a los accidentes…

     Como en la época dorada del seguro vienés, en Guatemala hoy día, también contamos con seguros para garantizar la renta vitalicia para una viuda; seguros contra incendio para el hogar o la empresa y su contenido;  con un amplio portafolio de seguros de vida, tanto en dólares estadounidenses como quetzales, pólizas de gastos médicos, de accidentes personales; garantizamos el riesgo que conlleva la sobrevivencia; así como un seguro agrícola que garantiza indemnizar todas las pérdidas ocasionadas por las catástrofes de la naturaleza, entre tantas cosas; con la diferencia que, aquí les restamos importancia.

     Si en palabras de Vargas Llosa, la cultura de los pueblos se puede medir por la cantidad de pólizas que tienen; ¿acaso no podríamos afirmar, reafirmar y confirmar nosotros que, la cultura de nuestras familias también podría medirse   en relación a las pólizas que tenemos en vigor?

Conozco familias verapacenses que tienen asegurado hasta el modo de andar…; ellos, se han dado a la tarea de contemplar el futuro sin preocupaciones porque tienen un respaldo financiero; disfrutan el presente con buenos sentimientos, porque piensan en sus seres queridos; aún en medio de nuestra relativamente exigua cultura previsional…

 

 


A propósito del Día Internacional del trabajo

Jlriveirof, OP

     En el marco de la celebración del Día Internacional del Trabajo, quiero felicitar y abrazar a corazón abierto, a mis compañeros del camino, a todos los agentes de cambio que son los hombres y mujeres de negocios de seguros que, bregan con un mismo fin y en una misma dirección, y que todos los días se levantan desde algún rincón de Verapaz, motivados por hacer de este mundo un mejor lugar para sus descendientes y por quienes en ellos depositan su confianza. Mi aprecio y respeto para ellos que, todos los días emprenden, trabajan y actúan, con alto grado de excedencia y excelencia.

     Es extensivo este saludo a su selecta clientela que también hace lo mismo por mantener una póliza de seguro vigente, trabajando arduamente sin importar si el día está frío y ventoso o ardiente y exigente.

     Sin entrar en connotaciones históricas del porqué de la celebración de este día, de sobra conocido por todos, les dirijo este saludo por ser  asiduos en el bregar ese que se da , en las interacciones diarias, con aplomo, simpatía, empatía y gallardía, manteniendo sanas relaciones con todos,  por ser agentes de cambio, disciplinando su ser y su hacer con las luces que arrojan la prospectiva estratégica, las 4DX, con un pensamiento sistémico y una filosofía de mejora continua (Kaizen), que obliga a determinar ¿qué puedo mejorar el día de hoy?

     Que las promesas del Hombre de arriba se cumplan y nos permitan   transitar sin miedo por los distintos derroteros que la vida nos pone por delante, estando con nosotros, todos los días hasta el final de los tiempos...

  


La elección del Papa León XIV, un signo de los tiempos…

Jlriveirof, OP

     En el Cuarto Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor que, la Iglesia Católica celebra hoy, la fe y la razón me impelen a escribir estas letras a pocos días de concluido el cónclave, acerca del Papa León XIV, como un signo de los tiempos, dadas las señales que otean desde Roma y que se extenderán a lo largo y ancho del vasto mundo.

     Haciendo un sucinto análisis de la realidad actual, vemos a un mundo que, como consecuencia de la era posmoderna en la que estamos inmersos desde principios de la segunda mitad del siglo XX, cuestiones éticas, morales y espirituales, no tienen el suficiente barniz filosófico, teológico, sociólogo, antropológico, etcétera, que nos permita ver nuestros problemas con una óptica de fe.

     La corrupción pública, privada, clásica o moderna, ha permeado la mente y los corazones de aquellos que, deberían procurar el bien común, la justicia y el derecho.

     Guerras y rumores de guerras ocasionadas en gran parte por políticas neoliberales de parte del imperio del norte, sacuden y contaminan al mundo entero. ¿En dónde no ha avasallado democracias ese imperio del mal? Liderado por un Hitler posmoderno…

     Los bulos y la desinformación en las redes sociales, “le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar con un vaso de vino, sin dañar a la comunidad…,” Sentenció el escritor y filósofo italiano, Umberto Eco. Y ¡Vaya sino! …, muchos creen que la libertad consiste en decir lo que se quiere, soslayando la verdad para imponer sus propias agendas…

     Todo esto pasa mientras en el país, se satanizan, persiguen, esclavizan, asesinan o encarcelan a aquellos que, defienden derechos civiles y el medio ambiente, incluso por gobiernos que se autodenominan progresistas.

     Ante estas realidades, la elección del Papa León XIV, es un signo de los tiempos, porque leyendo entre líneas sus discursos y sus escritos desde que estaba en América del Sur, se puede constatar que va a desempolvar la Doctrina Social de la Iglesia, para promover un humanismo integral y solidario.

Al ser oriundo de los EEUU, y nacionalizado en Perú, conocer la realidad actual de la iglesia pobre, misionera y perseguida en LATAM, la depauperación de nuestras sociedades, haber escogido su nombre por León XIII, porque según sus propias palabras, afrontó en aquel tiempo, la defensa de la dignidad, la justicia y el trabajo, sin duda, le permitirá abogar por estos pobres y desposeídos, invisibilizados por los gobiernos de las naciones, excluidos, expoliados y explotados a perpetuidad...

 


 

La Julia

Jlriveirof, OP

     Con el nombre de Julia, bautizó mi abuelo materno Hermógenes Fernández de la Cruz, el revólver Smith & Wesson, calibre 38 que en esa vieja fotografía portaba en la cintura. Especialmente en los tiempos aquellos de la década de los años 50 y 60 del siglo pasado, cuanto fungió como administrador de la finca Pancus, después de haber sido expropiada a los alemanes por el gobierno de turno por conflictos políticos y sociales, así  como de alcalde municipal de San Miguel Tucurú, a finales de los años 50, principios de los 60, y como propietario de una parcela camino de Salacuim, cuando la única vereda que llevaba a la misma era un camino de herradura, dentro de la densa montaña,  poblada de fauna y flora abundante, antes que, los depredadores hicieran de las suyas.

     Mi querido y recordado abuelo Moge, “el mexicano”, en esos tres escenarios de su vida particular, practicó más que las tareas inherentes a sus cargos, también la hacía de “ombudsman”, defendiendo los derechos civiles de los mozos de la finca, aunque a veces el mismo los violentará: a veces, contaba, tenía que mandar a dormir a más de un bolo relajero y bojero (bebedor de una bebida espirituosa fabricada de maíz fermentado), dándole un “tomxicaso”, así le llamaba él, al golpe que les daba con la palma de la mano abierta en la “xic”, (oreja en idioma autóctono), mandándolos a descansar hasta el día siguiente…, también contaba que muchas veces la tuvo que hacer de loquero, cuando alguna vecina enardecida lo iba a llamar para que controlara a su marido. Varias veces fue a “adormecerlo”, hasta que se hastió diciendo: —esta vieja ya me agarró de su loquero.

     No tuvo educación formal, pues su padre, un rico mercader y coronel de infantería, Ventura Fernández, oriundo de la hermana Ciudad de Salamá, se dedicó a hacer hijos, registrando a más de 75 en los diferentes cabildos de los pueblos en donde pernoctaba acompañado y, a la hora de otorgar estudio él no estaba dentro de los elegidos.

Sin embargo, mi abuelo se formó en la escuela de la vida, y su pensamiento se abrió paso interpretando el mundo y todo cuanto en él acontecía, cuando esa interpretación del mundo ya no era monopolio de unos cuantos intelectuales, especialmente los que vestían de sotana. —Cuando entrés a la iglesia, quítate el sombrero, no la cabeza. Crecí creyendo que era un pensamiento de él, con el tiempo descubrí que era de Chesterton.

Careció de la avidez y la mezquindad de sus homólogos que se enriquecieron en sus cargos, como entró así salió, solo con la Julia y su montura que iban a donde él iba.

 

 


El lameculismo como estrategia de dominación y sumisión geopolítica

Jlriveirof, OP

     “Los países están llamando, me están besando el culo, se mueren por llegar a un acuerdo.”

Donald Trump

 

     La primera vez que leí una historia sobre lameculos fue en El clan del Sorgo Rojo, del premio Nobel de Literatura Mo Yan. Su narrativa se da en tiempos de guerra, muy similar a los tiempos actuales que vivimos, donde las grandes potencias amenazan con una conflagración bélica de predicciones inimaginables.

     Cuenta Mo Yan, como el jefe del Xian, Cao Mengjin, amonesta a Wu Sanlao por deshonrar a una mujer, mandándole a bajar sus pantalones hasta los tobillos, previo a mandarlo azotar con 100 zapatazos, a razón de 50 en cada nalga. Al finalizar con el castigo, le manda a embadurnar el sisiflís con miel y obliga al damnificado del gorrito de melón a cumplir con un antiguo remedio chino: limpiarle el trasero con la lengua, hasta dejarlo “limpio y fresco como flor de sauce.”

      Quizás el neonazi que ocupa la Casa Blanca pretenda embadurnarse con miel el trasero de macaco que tiene, y que los líderes mundiales que lo están llamando para negociar los aranceles impuestos por el de forma unilateral, le den el ósculo infame bajo circunstancias similares: lengüetazo arriba, lengüetazo abajo, ralentizando la operación, hasta que le dejen el “culo limpio y fresco como flor de sauce.”

     El neonazi en cuestión, sin duda alguna tiene argumentos de peso para mofarse ante el Comité Republicano de los líderes de las naciones que lo llamaron,  y es que, la historia a demostrado que, a todos los imperialistas en sus diferentes épocas y lugares, quienes han gobernado a países inferiores en desarrollo socio económico, político, militar y cultural, siempre se han bajado los pantalones a media asta y han besado su bota y su trasero a perpetuidad, con el fin de mantener un trato justo y digno, aunque la hagan de forma indigna. “El fin justifica los medios,” diría Maquiavelo, o “el fin santifica los medios,” dirían los jesuitas en el medioevo. No importa el qué hacer con tal de

obtener cualquier cosa.

     La ofensa vulgar de Trump, ha generado relaciones tóxicas en el concierto de las naciones, incluso con ciudadanos de a pie, políticos, religiosos y empresarios de su propio país, que no apoyan sus malas relaciones internacionales y sus decisiones sociales, políticas, bélicas y económicas, entre tantas otras más.

     Infaustamente, el lameculismo institucional no es monopolio de unos cuantos líderes de potencias mundiales, se da de forma insidiosa y progresiva en todas las esferas de la vida, tanto en instituciones públicas como privadas, conozco a muchos que, con tal de ascender a un cargo de mayor relevancia o mantenerse en el actual, le besan la suela de los zapatos y el culo al jefe de turno, congratulándose con él o ella, hasta en lo más bajo, abyecto y vulgar, sin importar si tienen que arrastrarse como una serpiente de cascabel, o si tienen que perder  la dignidad, la civilidad y el decoro con tal de lograr lo que quieren…sin embargo, para no extenderme demasiado en este post, algo escribiré sobre ellos a posteriori…

 

 


El coronel que tenía mil amores

Jlriveirof

     Mi bisabuelo materno se llamaba Ventura Fernández Barrios y era coronel del Ejército de Guatemala en las primeras décadas del siglo XX. Como el chichicaste, por donde pasó quemó…, fue hombre de “mil amores “, alguien que, sin duda, se tomó en serio el contexto de la frase bíblica contenida en el libro del Génesis (1, 28) de “ser fecundos y multiplicarse”, ya que según se, inscribió un aproximado de 70 hijos en los diferentes cabildos de los pueblos en donde entre candilejas y atrincherado, acampó en más de un monte venusino…

     Además de militar fue un rico terrateniente y empresario. La actual cárcel de hombres que está situada cerca del parque San Marcos, en la Ciudad de Cobán, era de su propiedad, y en su interior tenía una fábrica de licores…

      En su tiempo las monedas eran de pura plata, y pródigo con sus finanzas, en las peleas de gallos pesaba su dinero y lo apostaba por libra, tanto tenía que no le importaba despilfarrarlo, de igual manera, fue responsable con la manutención de su descendencia, al menos hasta que cada uno llegara a su mayoría de edad, porque “heredad de puño y letra” no dejó a sus hijos que no eran de matrimonio.

     Ya jubilado del ejército y radicado en Cobán, con el tiempo y el dinero a su favor, “pasaba revista” a sus familias, montado en el dorso de su caballo de pura cepa…

La mujer del alba con su guadaña al hombro lo vino a visitar precisamente cuando de San Pedro Carchá regresaba a Cobán, había ido a visitar a la familia que tenía allá, y pasado el puente El Arco, un poco más arriba ya dentro del pueblo, las patas traseras de su caballo resbalaron en las piedras lisas y mojadas, cayéndose del corcel y éste a su vez, le cayó encima. No murió en el instante según el relato de mi madre, que, a sus 12 años de edad, junto a mi abuelo lo fueron a ver a su casa de habitación, la casona que está en la esquina de la calle principal que conduce al calvario, frente a un banco del sistema.           

Murió a finales de la década de los años cuarenta, intestado, sin embargo, todo apunta a que su espectro aún ronda en esta tierra y hace negocios, porque al parecer su “casa matriz” a sido desmantelada y puesta a la venta…, como diría el cantor, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay Dios…”

El Cerro de la Santa Cruz

 

     Así como las cumbres son las partes más altas de una montaña, el pujante y portentoso Valle del Río Salamá o Valle de las Rosas, que se aprecia al fondo, es cumbre de un desarrollo socioeconómico, urbanístico y de progreso nunca antes visto, muy especialmente en la cálida Ciudad de Salamá y puntos circundantes que florecen en el valle.

     Desde la cresta del Cerro de la Santa Cruz, donde posa de espaldas el Reverendo Giovanni Morán, párroco del templo San Mateo Apóstol, y su grey que, de forma panorámica pudieron apreciar, al frente, la Sierra de Chuacús, al fondo, como ya lo dije, el Valle de las Rosas, cuyo entorno es abrigado con el manto de un cielo empíreo de color azul celeste, acromático y dramático, adornado de nubes de algodón que le dan un toque de belleza sin igual.

     El sacerdote en mención, con la custodia alzada y El Santísimo expuesto, bendice el valle, a su gente trabajadora y proba y demás seres vivos que yacen sobre la faz del valle y sus montañas que la rodean, pidiendo para que las lluvias retrasadas de mayo se hagan presentes en junio, entre otras cosas.

     La misa celebrada por él cura en la cúspide del cerro, que me fue comentada, a mi parecer fue dialógica y simbólica por cuanto que, en tiempo de los mayas se creía que en ese cerro vivía Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que tenía por misión asustar a los antiguos pobladores.

Ya con la llegada del cristianismo a esas tierras por parte de los frailes dominicos que vinieron de España, se mandó a erigir un templo y una cruz en ese lugar, para desmitificar las creencias ancestrales. De ahí el nombre que tiene hasta el día de hoy el cerro.

     No obstante, hoy día, son otra clase de serpientes las que merodean, chismorrean y espantan a la gente, se arrastran por todas las ciudades, ya no son emplumadas como Quetzalcóatl, sino bípedos implumes, según la frase utilizada por Platón. Que mil misas nos libren de tal raza de víboras…

Jlriveirof, OP