martes, 24 de diciembre de 2019

El infierno



Jlriveirof

     Ante la pandemia de peste que ha asolado a la sociedad guatemalteca durante los últimos ocho años; transmitida por los politicastros de turno, que con sus mañas y artimañas han convertido los edificios que dan cobijo a los tres poderes del estado de Guatemala, en una pestilente fosa común; cuyos olores nauseabundos permean a flor de tierra, especialmente cuando sus trapitos sucios son ventilados al sol.
En esa sepultura en cuestión; ellos, esa caterva de politicastros, enterraron vivos la moral, la ética y las buenas costumbres, matando así la democracia, el estado de derecho y el estado de bienestar. Así lo dispusieron esos malhechores; ante la mirada impávida de un pueblo permisivo y pusilánime, cuyos habitantes vemos y criticamos como pasan las cosas, pero no hacemos nada para cambiar las cosas, cuando lo mínimo que podríamos hacer es revolucionar el statu quo mediante la práctica de la desobediencia civil, como aquella que emprendió y lideró Mahatma Gandhi en la India para defenestrar a los ingleses.
     En ese bregar por caminos chuecos; muchos de esos individuos desnudos, -cosas cualitativamente indeterminadas, en el pensamiento ontológico de Mario Bunge- que a pocos días dejarán sus cargos con más penas que glorias; aún intentan patadas de ahogado, al pretender hacer un aprovechamiento ilícito para obtener coimas, mediante la concreción de negocios aparentemente legales pero inmorales. Un claro ejemplo lo vemos en la terquedad esa, de querer obtener aviones para el ejército nacional, cuya cúpula, se ha empeñado en doblegarse y plegarse al denominado pacto de corruptos, presuntamente tutelado por el nefasto presidente del ejecutivo, que gracias a la acción y al efecto del paso del tiempo, hoy si, está a pocos días de irse al puto infierno.
     Un infierno construido a imitación del descrito por Dante en su Divina Comedia; en donde esta caterva de malhechores, crearon sus propios círculos, viciosos en el caso de ellos.
Muchos ya estaban perdidos en el camino de su propia vida; en virtud que las maras políticas constituidas en partidos políticos, así los prefieren. Mientras más castrados de valores estén, mejor para sus aviesos fines.
Timil, timil; -despacio, despacio- como diríamos en lengua maya kekchí, fueron ingresando a ese infierno, abriendo la puerta para tener acceso al ante infierno. Ahí se sintieron como Pedro por su casa, al encontrarse con toda clase de personas inútiles, mediocres, pusilánimes, gentes carentes de voluntad y toma de decisiones. Ahí socializaron con muchas personas que, al estilo de Poncio Pilato, tienen por costumbre lavarse las manos, después de haberse constituido en autores intelectuales y materiales de más de algún derramamiento de sangre.
     En el tránsito ese; hacia las profundidades de su propio infierno; los politicastros, se encontraron en el limbo. Y ahí, estaban aquellas personas que no han cometido ningún delito; y que, en consecuencia, no pueden ser estigmatizadas, señaladas o castigadas por la sociedad. Son aquellas personas que, al igual que el cisne, cruzaron el pantano de aguas putrefactas, pero no ensuciaron su plumaje. Ellos; son los personajes que siempre abanderaron las causas nobles y se opusieron a todas las medidas espurias y políticas, que vieron la luz en desmedro de la población. Ellos; son los que con sus acciones han causado daños físicos al infierno político que los malhechores crean. Su pecado original consistió en ser demasiado crédulos y pensar que ellos solos podían cambiar las cosas, estando ahí dentro.
     Ya en el segundo circulo; y que es, en donde comienza ese puto infierno, nos encontramos con un diputado fornicador, lujurioso en extremo, aquel que utilizó su automóvil como habitación y el parqueo del congreso de la República como motel. También encontramos a todos aquellos acosadores que aprovechándose del cargo que ostentan, intentan fornicar con las trabajadoras del estado, así como también, aquellos que, a los viajes inherentes a su cargo, se llevan a sus secretarias, so pretexto de necesitar de sus servicios profesionales en el extranjero, no obstante, lo que pretenden es una dama de compañía a costas del estado de Guatemala.
     En el tercer circulo, seguimos encontrando viciosos incontinentes, particularmente aquellos que padecen del pecado de la gula, y que en consecuencia se hartan y beben hasta ver a Cristo, ávidos de todos los placeres y codiciosos en extremo. Aquí encontramos sentado a sus anchas, a aquellos borrachos y comilones, los miembros de la SAAS y el presidente del ejecutivo que, con los dineros del estado, comen y beben lo que nunca habían probado. Amén de los dipugánsteres que tragan todo lo que encuentran a su paso.
     En el cuarto circulo están los avaros y los pródigos; aquellos que medraron a costillas del estado, enriqueciéndose de forma lícita o ilícita, fomentando caletas de dinero proveniente de estupefacientes, bienes muebles e inmuebles obtenidos de forma ilegal y los robos a mansalva provenientes de las coimas obtenidas en las contrataciones del estado y obras sobrevaloradas.
     En el quinto circulo están los incontinentes emocionales, iracundos y perezosos; todos sumergidos hasta el cuello en el pantano de la putrefacción, habilidosos en el amaño y el engaño. Los resguarda aquel que incendio el hogar -in- seguro Virgen de la Asunción para crear una cortina de humo, que pudiera ocultar sus felonías.
Es de suponer también, que en ese pantano se arrastran los soberbios, los envidiosos y los débiles de carácter.
     El sexto circulo se encuentra ubicado en la novena avenida y zona uno de la Ciudad de Guatemala, cuyos recintos están bien resguardados por muros y vigilados por una legión de diablos, una soldadesca cuya cúpula militar, repta al compás del tamboril de su comandante general y de algunos miembros impresentables del CACIF -no todos- para cuidar sus bienes; así como también los cuerpos policiacos, que lejos de cuidar a la población de la delincuencia común, resguarda al crimen organizado en bloques legislativos.
     Después de las hecatombes causadas por los politicastros; especialmente los violentos, se accede al séptimo circulo, custodiado y representando por “la loca bestialidad”; es decir, por todos aquellos que violentaron todos los derechos del prójimo, entre los que encontramos homicidas, criminales, tiranos, violadores y bandidos. Aquí vagabundean los fantasmas atormentadores de los generales que rigieron los destinos de la patria, mediante los fraudes electorales y golpes de estado: El chacal de oriente, el caguachín del norte, Ríos de sangre Montt, Mejía Víctores, Laugerud, etc.
Están también los que renunciaron a su naturaleza humana, suicidándose; para escapar al imperio de la ley.  Y aquellos que se metamorfosearon en chacales, hienas y toda clase de aves de rapiña, arrastrándose por un “hueso”, como comúnmente se le denomina a cualquier puesto, se tengan o no las cualificaciones pertinentes para ocuparlo. Así como toda clase de derrochadores con objetivos destructivos específicos.
Aparecen también en esta escena; aquellos que blasfemaron el nombre de Dios, utilizándolo en sus arengas políticas, los que usaron la religión, especialmente la sectaria evangélica para predicar en sus púlpitos a favor del candidato de su predilección y aquella alianza evangélica que reptó a favor de las huestes corruptas y corruptoras, dándoles su bendición.
     Continuando siempre por los mismos caminos que conducen a las profundidades de ese infierno, en el octavo circulo están los malosos, seductores, aduladores, inmorales, fraudulentos y los rufianes; aquellos que aparentan tener caras de hombres justos, pero se arrastran como si tuvieran cuerpo de serpiente, se hacen acompañar de toda clase de proxenetas y embaucadores, que hicieron de los organismos legislativo, ejecutivo y judicial una casa de prostitutas.
 Aquí no pueden faltar los simoníacos; es decir, aquellos que prostituyeron sus oficios eclesiásticos; como el extinto arzobispo de Guatemala Mariano Rossel y Arellano, el Nuncio -rancio- Apostólico de su Santidad Nicolás Thévenin, curas borrachos, mujeriegos, ladrones y pederastas,  los pastores de las mega iglesias construidas con fondos de dudosa procedencia, una tal alianza evangélica, entre una caterva de indignos que utilizan el nombre de Dios para engatusar a los incautos e ignorantes fieles, que con tal de ganarse el cielo compran la gracia barata.
No pueden faltar todos aquellos que malversaron fondos públicos, aprovechándose de los cargos que les fueron conferidos, los hipócritas que se vistieron con piel de oveja siendo lobos rapaces, aquí están todas aquellas personas que creen que haciendo apología del pueblo de Israel, a ellos también les alcanzará su bendición, toda clase de ladrones comunes y asesores legales fraudulentos que brindan consejos engañosos.
     En la fosa número nueve, están todas aquellas personas que van por el mundo sembrando cizaña, aquellos que siembran vientos y cosechan tempestades, los cismáticos en materia social, política y religiosa, aquellos que se enriquecen con la comercialización de pertrechos de guerra y de ella hacen su industria, todos aquellos militares retirados que transan estos artefactos, sin importar que sus clientes sean las maras, las clicas y huestes subversivas. Están también los falsificadores de cosas: personas, dinero o palabras. Aparecen también los traidores, especialmente de la patria.  
     Metafóricamente hablando cada quien construye su propio infierno y lo confecciona a su medida, así como también cada quien labra la estaca en donde se sentará después y cada quien es el carpintero de sus propias cruces, como bien decía San Felipe Nery.  En ese sentido, las personas descritas anteriormente, son los ciudadanos predilectos de ese pandemónium. Sin embargo, también lo son aquellos que actúan como gallo-gallinas, los muertos en vida, el don nadie, que mientras no se metan con ellos de forma directa, no hacen nada, ni dicen nada. De ellos también están atestados los círculos infernales.
     A guisa de colofón; los dejo con este párrafo de Marco Aurelio: <<Sería propio de un hombre agraciado morir sin haber llegado a contagiarse de la falsedad, la hipocresía y la vanidad del lujo. Pues morir saciado de ello es morir dos veces. ¿Acaso prefieres vivir en el vicio antes de huir de esa peste? Porque peste es la corrupción de la inteligencia tanto más grave que la corrupción del medio ambiente que nos rodea. Esta segunda es corrupción de animales puesto que proviene de animales; aquella es corrupción de hombres, en cuanto proviene de hombres.>> Reflexiones, IX,2:
    
Fuentes bibliográficas:
Alighieri, Dante, La Divina Comedia, traducido por Bartolomé Miltre, (1922).  Centro Cultural Latium, Buenos Aires

domingo, 8 de diciembre de 2019

Abriendo puertas y derribando muros...




Sir Jlriveirof, OP
     El 12 de junio de 1,987; el entonces presidente de los Estados Unidos de Norte América Ronald Reagan, parado frente a la puerta de Brandemburgo, pronunció uno de los más famosos y comprometedores discursos ante los más destacados personajes de la política internacional. Una retórica política dirigida con alto grado de precisión hacía la humanidad del líder soviético Mijail Gorbachov, a quien, le cayó de canto al no esperarlo ese día.   Lo recibió, como un poderoso e inesperado proyectil jamás enviado a la cabeza de un líder de la talla de Gorbachov.  
    El Señor Reagan hizo un aprovechamiento intelectual y político al utilizar las políticas de glasnost – transparencia, apertura o franqueza- y perestroika -reformas económicas- anunciadas con bombos y platillos por el entonces líder soviético. El objetivo de tan aclamado discurso, fue sin más ni menos en abrirse al mundo, reunificar Alemania y abrir las fronteras hasta entonces cerradas; derribando esos muros de la vergüenza que dividieron no solo a Alemania sino al mundo mismo.
Aunque poniendo en cuestión la perspectiva de su inspiración, no fue creación del presunto y autodenominado “líder del mundo libre”. Según se sabe, utilizó un negro para que redactara el discurso, -como negro se conoce en literatura a un escritor profesional contratado para escribir especialmente discursos para políticos que carecen de tiempo y seso suficiente para esbozar sus propios discursos-.  
     El discurso en cuestión, implosionó en las mentes y en los corazones de los entes pensantes en todo el mundo; y para lograr los efectos deseados con este escrito, rescato el siguiente compendio. Secretario general Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa oriental, si usted busca la liberalización: ¡venga aquí ante esta puerta! Señor Gorbachov, ¡abra esta puerta! Señor Gorbachov, ¡derribe este muro! , el resultado de tal pronunciamiento es historia.
     La puerta a la que hago referencia en forma de parábola; y a la que hay que abrir “sin prisa, pero sin pausa”, es aquella que muchos de ustedes mismos han cerrado, igual que la puerta negra aquella, a la que alude el cantor, cuando dice que fue cerrada con tres candados y remachada por el miedo a una querencia.
       En circunstancias similares es que muchos no salen del sopor que causa la tranquilidad y el confort del hogar y, quizás por ello, el mundo se les esté despeñando encima, como muchas veces suele suceder cuando permanecemos inactivos. O talvez  se deba a miedos injustificados, iras, contiendas, postergación, cuando las cosas no salen como quisiéramos, amores fallidos e incumplimientos del deber; o simple y llanamente por holgazanes…
     El miedo, la ira, el amor y el deber, son cuatro gigantes, a los que hace alusión el doctor Emilio Mira y López, en su obra intitulada precisamente así: Cuatro gigantes del alma. Que para no auto plagiarme dos veces en un mismo día no mencionaré a detalle en este artículo, en virtud de haberlo hecho antes en un artículo precedente con la sinopsis esa; que le da sustento a lo que planteo hoy.
     Pues entonces; detrás de esa puerta negra, hay un mundo atestado de oportunidades y un sinfín de caminos y veredas que nos llevan a lugares distintos y distantes, en cuyos mercados podemos bregar, incidiendo de forma positiva para hacer el bien que anhelamos. Pero muchas veces como dice el apóstol, hacemos el mal que no queremos.
     Señoras y señores, amigos míos, coadjutores: “¡Vengan aquí ante esta puerta! ¡abran esa puerta!”. Si ustedes buscan la paz, abran esa puerta. Recuerden lo que decía Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Ello; significa que no hace falta ruta alguna para alcanzar la paz. 
¿Cuántas veces se pierde la paz a consecuencia de no cumplir con las tareas inherentes a nuestra profesión? 
¿Cuántas veces hay discordias a consecuencia de la falta de una oportunidad, del dinero que nunca es suficiente, y de la falta de empleabilidad y emprendimiento? 
¿Cuántas veces se pierde la paz, cuando de nuestro interior se escapa suma facilidad y frecuencia la ley moral, escrita en nuestra mente?
     La puerta que hay que abrir entonces; es, esa que conduce hacia la paz. Si aspiramos a la felicidad no hay otro camino, que el camino de la paz.
     Si ustedes buscan la prosperidad para Guatemala entera, para la empresa que les abrió las puertas, para ustedes mismos y sus familias, ¡Abran esa puerta! ¡Derriben esos muros! Son muros de vergüenza como lo fue el de Berlín en su momento y el de Trump en la actualidad. Son los muros del indiferentismo, del chapuz, de la ignorancia, de la pobreza, pobreza extrema, inacción, omisión, falta de objetivos sociales, éticos, responsabilidad social empresarial, personales, organizacionales, inteligentes, planes, metas y valores entre un rosario de pendientes, que nos quitan la paz y no permiten el desarrollo y el progreso.
     Si ustedes buscan la liberalización ¡vengan aquí ante esta puerta! Señores míos, ¡abran esta puerta!  ¡derriben este muro! … la liberalización que buscamos es de todo aquello que nos aliena y esclaviza, que no nos permite un desarrollo sostenible y sustentable, ni un crecimiento exponencial, y, nos llenan de animadversión e irrespeto de forma acelerada, sobre todo cuando el cielo estrellado se desinstala de nuestros entornos y la ley moral fuera de nosotros, imposibilitando una conexión con nuestras conciencias. Aquí; parafraseo a Kant.
     Ese desbloqueo que sugiere Reagan; en nuestro caso particular, sería de todos aquellos cepos, físicos, mentales y espirituales que nosotros mismos nos imponemos, y que, en consecuencia, no nos permiten avanzar, a dar la milla extra, a desarrollarnos, a cumplir con excelencia y excedencia todas aquellas cosas que queremos obtener y, no nos dejan salir de nuestra zona de confort.
     Por lo tanto, no es dable a nuestra esperanza, seguir abrigándose con imperativos hipotéticos, como aquellas frases trilladas con que suelen acometernos: haz esto y lo otro y veras que bien te va. Decalogos falsos e inútiles sugeridos como si de un recetario de cocina se tratase. 
El mismo Kant nos da algunas coordenadas, para salir de lo bajo, de lo abyecto, de lo tosco, de lo rutinario; y es a través de lo que él llama imperativo categórico y que equivale a actuar por deber. Ese  es el espíritu de la ética kantiana, actuar porque la obligación nos asiste, la necesidad nos desviste y el contrato social regenera nuestra moral y nos pone en la cima del mundo ético, el estético y el de la vida ordinaria; que nos permite vivirlos de forma extraordinaria…
     Solo un agente de cambio cambia, y si no cambia el cambio lo cambia. Esa es; la obviedad más obvia de todas las obviedades…
    

domingo, 1 de diciembre de 2019

Aggiornamento empresarial


Jlriveirof, OP
     Al comienzo de su pontificado el entonces Papa Juan XXIII; inició una serie de procesos revolucionarios a ojos vista, atrayendo las miradas de creyentes y no creyentes alrededor del mundo.  El Vaticano en pleno; entró en crisis al conocer las sorprendentes y progresistas ideas que lo impulsaron a convocar un concilio, a escasos tres meses de iniciado su papado, para hacer un “aggiornamento”, -actualización en italiano- según sus propias palabras, y “poner al día" a la Iglesia de Constantino ante el mundo. Los cambios anunciados; pusieron los pelos de punta, inclusive a “sus ilustrísimas” carentes del mismo, quienes con sus trajes y mentalidad de corte medieval; decoraban el entorno mientras se paseaban suntuosos, cual pavos reales, en los jardines de la colina vaticana.
      Muchos de ellos eran unos cardenales regordetes y en apariencia abizcochados que, a imitación de los habitantes de los tiempos previos al diluvio, bebían y comían en exceso. Ellos; vieron cómo el mundo se les venía encima, al verse amenazado su statu quo, al escuchar de labios del sumo pontífice sobre esos cambios significativos y profundos, atinentes a renovar una Iglesia todavía en ciernes, que peleó con la ciencia y la cultura de todos los tiempos, que creyó que solo en su seno se daba la salvación y que acusó a los judíos de deicidio durante siglos. ¡Vaya engaño!
      A viva voz anunció que esa actualización era imprescindible para corregir el rumbo de la barca de Pedro y mantenerla incólume. Titánica   tarea impulsada contra todo pronóstico y con la no aceptación de algunos “sepulcros blanqueados" que habitaban el Vaticano en ese entonces, los teólogos y maestros de la fe de la primera y segunda mitad del siglo XX que quisieron “crucificar” al Pontífice como lo hicieron sus homólogos con el Maestro de Galilea en el siglo I de la era cristiana.
     Ese Aggiornamento, trajo a la Iglesia en general múltiples beneficios, y significó procesos de renovación, organización, progreso, ejecución, unidad, vigilancia, especialmente de los abusos que se deben evitar, reconciliación, apertura, relación recíproca, orientación, comunidad y diálogo con el mundo moderno teniendo como punto de partida “de lo que nos une y no entre lo que nos separa”.
     También trajo consigo confusión y angustia como cabe esperar, circunstancias desfavorables de las que ya había escrito en 1,870 el Cardenal John Henry Newman al observar que “Debemos recordar que rara vez ha habido un concilio al cual no haya seguido una gran confusión”. Casi todos los concilios son precedidos por batallas verbales eclipsados de confusión en torno a la temática abordada, la falta de planificación y dedicación a la puesta en ejecución de los mismos.
     Lo mismo podría decirse de la empresa en pleno siglo XXI, una empresa que transita por similares circunstancias en donde muchos siguen peleando con los signos de los tiempos y que, en consecuencia, urge actualizarla, ponerla al día, abrir las puertas y las ventanas para que entren fuertes y renovados aires.  –En América Latina, Medellín y Puebla entendieron que los pobres son un “signo de los tiempos”- y en el contexto del Concilio Vaticano II, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes abordó ese concepto como “aquellos acontecimientos de la sociedad moderna que nos plantean no solo un mundo en proceso de cambios acelerados en todos los ámbitos del desarrollo humano como la ciencia y la tecnología, la familia, la cultura, la sociedad, la economía, la política, la paz”, etcétera.
     ¿Cuántas empresas se aprovechan hoy día de la necesidad y de la ignorancia del pobre, practicando la aporofobia? 
     Sobre todo, aquellas que en Guatemala apuestan por la implementación de  salarios mínimos diferenciados y otras tantas que carecen, desconocen o soslayan la responsabilidad social empresarial, una visión de futuro, una misión previamente establecida, los valores de la ilustración o los pocos  valores humanos con que muchas entidades cuentan en sus códigos axiológicos, ricamente enmarcados por los sabihondos de recursos humanos o mercadeo,  para inmediatamente después, ser colocados en pasillos o lugares de importancia a lo interno de las organizaciones; pero que su observancia, es casi nula.
     Para ilustrar los conceptos anteriores válgame comentar una experiencia que me tocó vivir una fría madrugada en el interior de un predio de buses extraurbanos en Ciudad de Guatemala. Como es costumbre en este país, me encontraba haciendo cola para comprar pasaje hacia la Ciudad de Cobán, cuando observe que del interior del automotor que nos llevaría hacia nuestro destino se encendió una luz, un hombre se levantó, se vistió y salió al exterior para efectuar necesidades fisiológicas menores frente al autobús y después lavarse la cara y las manos en una pila resguardada por una vieja galera, y que, dicho sea de paso, era abastecida con aguas pluviales.
     No fue difícil conjeturar que dentro de ese bus pernoctó el piloto y su ayudante. ¿Cómo podría conducir ese hombre el autobús con seguridad y confort después de pasar una mala noche en su interior? Coincidentemente unos 45 minutos después tuvimos que bajar de la camioneta por problemas mecánicos y esperar otra para transbordar, sin duda alguna por su notoria vejez y falta de mantenimiento. 
Hoy, casi todas las empresas de carga y pasajeros sufren los mismos problemas, ante la falta de un espíritu empresarial más humano y más fraterno de parte de sus propietarios.
     Esa falta de responsabilidad social empresarial  la podemos evidenciar también  con  el ecocidio causado  en el río La Pasión en  El Petén por empresas agrícolas extractoras de aceite  de palma africana, el dragado ilegal de ríos que han dejado muerte y destrucción de la fauna y la flora a lo largo y ancho de su recorrido,  empresas multinacionales extractoras de minerales que ha puesto en peligro la vida de seres vivos a leguas de distancia de donde operan, telefonías que inventan leyes en su propio beneficio  y la confianza en progresar relacionada con el crecimiento de capitales de algunas casas emisoras de tarjetas de crédito que han caído a las más bajas e ilegítimas costumbres del agiotismo al   hostigar al tarjeta habiente  con cobros excesivos por concepto de  intereses, el nazismo practicado por los “publicanos” –recaudadores de impuestos- de este tiempo, quienes  administran el cobro de los impuestos al estilo de la GESTAPO con carta blanca para abusar tanto de los contribuyentes como de sus tributos –la línea- que  “cuelan el mosquito y se tragan el camello”,  hidroeléctricas que se ensañan  con la naturaleza y los habitantes originarios de la región para su explotación y enriquecimiento, tan solo para mencionar algunos casos concretos.
     Con tales actitudes y comportamientos no es difícil entrever muchas empresas que riñen con la cultura de los pueblos, relativizando  valores humanos; y absolutizando el mercado con sus políticas económicas neoliberales en detrimento del ser humano. –En él caben todos los conceptos utilizados por la ciencia administrativa como recurso, capital o talento humano-
     No está demás subrayar que las ciencias que estudian las tareas administrativas y los comportamientos organizacionales son cambiantes y el acomodamiento que causa permanecer estático a viejos conocimientos muchos de ellos irresolubles e imprácticos hoy, repercuten también involucionando el gremio.
      Ante esas vicisitudes urge llevar a cabo un congreso que permita poner al día a muchas empresas agrícolas, comerciales, industriales y financieras entre otras, con las nuevas tendencias organizacionales, con una moral y una ética que permita hacer un “Aggiornamento” empresarial a fin de que la misma sea tendencia y no moda pasajera para mantener su hegemonía y lograr una pertinencia social, tanto endógena como exógena en el devenir de los tiempos.
     La tesis del “Aggiornamento” organizacional planteada debe de empezar con el propio empresario, quien debe de actualizarse y ponerse al día, no puede haber cambios sustantivos y colectivos serios, significativos y profundos a lo interno y externo de la organización, sino cambia la persona que la crea o a que la dirige y quien sigue en la escala jerárquica organizacional.
     Analizando desde una perspectiva antropológica la figura polémica y auténtica de Jesús de Nazaret; como el líder innato que fue y situándonos en el contexto convulso ese, de los años  30 de la era cristiana, en el preciso momento en que comienza su ministerio lo hace, haciendo un llamado rotundo a la conversión, diciendo: <<Conviértanse y crean en el evangelio>> En ese enunciado Jesús, un líder por excelencia como le llama Ken Blanchard y Phil Hodges en su libro “Un líder como Jesús”, hace dos sugerencias: la de convertirse y la de creer en el evangelio. No es a un cambio religioso al que llama, sino genérico y que sugiere cambiar en clave holística. Hoy día; podría decirse que ese llamado a la conversión, constituye un imperativo categórico y moral.
     Concerniente a ese “conviértanse” el teólogo dominico Yves Congar dice que la conversión es un cambio del o de los principios que rigen la síntesis o la dirección de nuestra vida, alcanzada en un segundo nacimiento al mundo ético al que libremente se abren y entregan, pero para que acontezca es necesaria una experiencia personal y llevarla a cambiar algo en nuestras vidas. Tomado en ese concepto tan genérico la conversión también trastoca lo moral y lo religioso.
Continúa expresando Y. Congar que la conversión moral que se produce en el interior de una fe que en principio nunca se había dejado de profesar es un cambio de nuestros principios éticos o un paso de no practicarlos a practicarlos, esto puede reducirse en conversión religiosa. Según las Sagradas Escrituras la conversión expresa la idea de volver, volver de nuevo, tornar a Dios, apenarse, arrepentirse de malas prácticas: éticas, morales, comerciales, laborales, organizacionales, etc. Salir de las tinieblas a la luz, cambiar de intención y de actitud, cambiar la trayectoria del propio pensamiento. En el pensamiento platónico podría pensarse en salir de las cavernas.
     El Doctor E. Würthwein expresa que un individuo, un pueblo –una empresa- se convierte cuando para él Dios es Dios, le obedece, se fía plenamente de Él y se aparta del mal que tanto odia. Para el doctor Angélico, teólogo y filósofo dominico Tomás de Aquino alguien se ha convertido cuando es firme y notoria su fe, el temor y la esperanza se conjugan, hay amor inicial y el arrepentimiento y el propósito se mantiene firme.
     ¿Menuda tarea verdad?
    Ante todo, cuanto las leyes que rigen el mercado las hemos convertido en mandamientos de imperiosa ejecución, y el Banco Mundial es ahora nuestro altar en donde adoramos al dios de las finanzas especulativas: Mammón. Y del poder temporal, el tener lícita o ilícitamente en abundancia, el placer y el parecer rápido los convertimos en nuestros objetivos inteligentes, con fecha exacta en el calendario para que se cumplan. Ello es lo que aliena y esclaviza el nuevo orden de muchos  empresarios posmodernos, en perjuicio de aquellos que dependen de él, organizacionalmente hablando, claro está.
     Referente a la segunda sugerencia de creer en el evangelio, Jesús mismo se presenta como la buena noticia. Eso es lo que significa la palabra “evangelio”, una buena noticia.  
En ese orden de ideas, todos los que creemos en algo, lo hacemos por fe y por ella nos sometemos. En las organizaciones seguimos a un líder y destacamos en el trabajo, cuando ambos son “una buena noticia”.
     Sobre la fe el teólogo y filósofo danés Soren Kierkegaard dice que: «Creer no es una empresa como otra cualquiera, un calificativo más que se aplica al mismo individuo; no, cuando se arriesga a creer, el mismo hombre se convierte en otro.» ¡Esa es la pretensión de este ensayo! Arriesgarnos a creer y convertirnos en otro y consecuentemente con ello convertir nuestro entorno laboral, espiritual, comercial, social, empresarial, académico, epistemológico, marital, ético y estético, etcétera, también en otro.  Sin duda alguna, la mayor empresa a la que nos enfrentaremos para obtener una mejora continua mediante una administración preferentemente orientada a los procesos y que requiere un cambio en el comportamiento.
     Postuló que solo mediante la fe en Dios, uno mismo y los demás, tener la capacidad y voluntad para convertirnos en un “evangelio viviente” como recomendaba la Santa Madre Teresa de Calcuta, y creer en esa “buena noticia” se “pueden producir ventajas competitivas de importancia para la compañía” como bien apunta Masaaki Imai en su obra “Kaizen, la clave de la ventaja competitiva japonesa”. Solo mirándonos a nosotros mismos podemos mejorar a los demás y por ende los resultados, incluyendo la empresa que es en donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo y es en donde nos desarrollamos.
      Pero para que esto ocurra es menester amar al otro más que al dinero que éste produce o representa, sin descuidar el flujo de efectivo  -inversiones, actividades operativas y financiamientos- por supuesto, porque solo mediante una buena salud financiera la empresa puede sacar conclusiones en el compartimiento de la riqueza que la misma genera y que permita  regalías, justas prestaciones de ley a tiempo y  salarios  equitativos para que el  asociado pueda brindar a su familia  una vida decorosa, cómoda y digna.  Por supuesto cuando tiene la mentalidad de un emprendedor humano, demasiado humano parafraseando a Nietzsche y no la de un simple mercachifle o buhonero bueno para producir inseguridad e inestabilidad emocional, explotando al trabajador.
      ¡Amar a los que están arriba, abajo y a los lados en el seno de una organización!
    Solo sugerir puede causar escozor o “paniquear” a cualquiera como decía una asociada mía, particularmente a aquellos que han ascendido en la escala jerárquica de forma circunstancial, por tener el apellido correcto o por razones menos nobles que no vienen al caso mencionar; a estos, el puesto se le sube rápido a la cabeza y se deshumanizan cuando de “dirigir a otros” se trata, soslayando valores que no les convienen…
     Un relato anecdótico recordado en fechas recientes por uno de mis pares, puso en el tapete una evaluación de resultados que se llevó a cabo hace muchos años, el dirigente expositor señaló a tres personas que pasaron la prueba y les dijo: “hoy  los considero mis amigos, excelente, los números son buenos.” Aquella reunión de trabajo, a los que no fueron aludidos y aplaudidos les dejó un amargo sabor de boca por el mensaje enviado. Una lectura rápida y somera podría interpretar que solo los que van bien pueden ser llamados amigos del ejecutivo, los demás está claro que no. Casualmente este mismo personaje cada vez que empezaba una conversación con aquellos que no iban bien, según su leal saber y entender, rápido la interrumpió y los dejaba hablando solos para conectarse al teléfono celular o para hablar con alguien más “importante” según él. Cuanta razón tuvo Einstein al sostener que la tecnología iba crear una generación de idiotas
     Por “esas metidas de pata” de parte de cualquier persona que ostente el título de ejecutivo, entendido éste como la persona que ejerce un cargo de alta dirección dentro de una organización. (Infaustamente hoy día se emplea mal el término y; cualquiera lo antepone a su nombre, inclusive  muchas mujeres que se dedican a la más antigua de las profesiones lo hacen,  haciéndose llamar ejecutivas de negocios -peliagudos y venéreos, pero negocios al fin-) debe observar especialmente  los abusos que se deben evitar para no minar la moral del asociado con lo que dice y hace; precisamente por ello es importante actualizar su ser y hacer –moral y ética- mediante el estudio asiduo  especialmente de las ciencias administrativas, economía, política,  Filosofía por cuanto que nos sirve para razonar el quehacer administrativo ante las personas o cosas que intervienen en él,  Antropología Filosófica para comprender el fenómeno humano y sus manifestaciones como el fenómeno del conocimiento científico, de los juicios de valor, de la libertad, de la comunicación interpersonal y de la religión entre otras, sin descartar la historia y las Sagradas Escrituras como fuente inconmensurable de sabiduría de permanente actualidad.
     Ya desde antiguo en el más “extraño, erizado e impenetrable” libro del Levítico –tercero del Pentateuco- encontramos  un conjunto de normas que tienen que ver con las sanas relaciones interpersonales dadas a Moisés y que siguen siendo actuales: Sean santos porque Yo soy Santo, respeten a sus padres, no acudan a los ídolos (los de este tiempo son el mercado, el poder, el tener sin ética, el placer y el parecer), no robar,  engañar ni defraudar a ninguno de su pueblo –empresa, mercado, etcétera- no explotarás a tu prójimo –el más próximo nuestros asociados, familia y clientela-  ni lo despojarás –de sus prestaciones- ni retendrás hasta el día siguiente su salario –comisiones, aguinaldos, bonos entre otros- no cometerás ninguna injusticia a la hora de emitir juicio, juzgar con justicia, no declarar en falso contra la vida de tu prójimo, no odiarás a tu hermano –empleado, patrono, cliente-  reprenderás abiertamente, no serás vengativo ni guardarás rencor a tu propia gente, no cometer injusticias en pesos y medidas,  tengan balanzas, pesas y medidas exactas. Amaras a tu prójimo como a ti mismo y cumplan todas mis leyes y mandatos poniéndolos por obra (Lev, 19ss).
     Viejas normas de conducta que permanecen vigentes hasta el día de hoy.
Siendo “Cristo una figura históricamente sensata y convincente” dice el Papa emérito Benedicto XVI, en su obra Jesús de Nazaret, actualiza y sintetiza esas normas de conducta al recomendar “ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” Siendo este el primero de los mandamientos, pero hay un segundo “ama al prójimo como a ti mismo” (Mc 12).  Ese es el mandamiento más importante, nadie puede decir que ama a Dios a quien no ve si odia a su prójimo a quien si ve. Empecemos con aquellas seis personas que vemos todos los días de nuestra vida: Yo, tu, él, nosotros, vosotros, ellos y ellas…

domingo, 24 de noviembre de 2019

Vamos a filosofar...


Jlriveirof, OP

     En el marco de la celebración del día internacional de la filosofía, que cada 21 de noviembre se conmemora a lo largo y ancho del vasto mundo, desde que la Organización de Estados Americanos así lo dispuso; le ponemos un punto seguido a ese esfuerzo racional, el más antiguo, que las personas ilustres han llevado a cabo en el diario acontecer, que consiste simple y llanamente en pensar…
     Para rendir un homenaje a ese quehacer tan humano como antiguo; en la organización bajo mi dirección, hemos sustituido las aburridas reuniones de cada lunes, con tendencia a la evaluación del hacer de los miembros de la organización, por algo más dinámico, que despierte el interés, motivando. Para lograr los resultados esperados, hemos cambiando el modo de hacer las cosas, llevando a cabo procesos que pongan al cerebro en movimiento; en acción, en el ejercicio de su función, examinando todas las aristas de nuestra vida, poniendo en circulación el pensamiento socrático de que solo la vida examinada es la única que merece ser vivida.
Einstein nos proporcionó más  luz al sentenciar que; loco es aquel, que pretende resultados diferentes haciendo siempre lo mismo. Ya no queremos más de lo mismo, quien así lo prefiera que las circunstancias lo sigan tratando mal, como sin duda hasta ahora lo han hecho.
     En consecuencia; cada lunes, practicamos lo que filósofos centroeuropeos iniciaron a comienzos de los años ochenta en Alemania con Gerd Achenbach, y por los norteamericanos en la década de los años noventa. Ellos; pusieron de moda los cafés filosóficos organizados por un moderador, obviamente con las cualificaciones pertinentes para actuar como tal. El único fin anhelado es discutir un tema desde una arista filosófica, analizar todas sus partes, discernir, contemplar, interrogar, para encontrar el meollo de algún problema. Una vez identificado, actuar para contrarrestar sus efectos y mejorar la situación.  
A imitación de esos filósofos, la hemos emprendido con esa actividad racional, sin embargo, no pretendemos aprender filosofía, pues en palabras de Kant no se puede lograr, solo se aprende a filosofar. Ya Henry David Thoreau postuló en su tiempo; que ser filósofo no consiste en el mero formular pensamientos sutiles, ni siquiera en fundar una escuela… consiste en resolver algunos problemas de la vida, no en el ámbito teórico, sino en el práctico. 
     En ese sentido y haciendo una apropiación del corpus kantiano, dispusimos de la filosofía en el quicio de su oficio haciendo énfasis en la pregunta ética que plantea, acerca de lo que debemos hacer en cualquier escenario que la vida nos ponga por delante. Precisamente por ello; con la luz que arrojan los futuros posibles, mediante una prospectiva estratégica y la visualización; desde hace algunos años, iniciamos un proceso de mejoramiento continuo tanto en el ser como en el hacer. Se trata de una filosofía de vida concebida por Masaaki Imai como Kaizen, una filosofía que, sin temor a equivocarse, consideró como la clave de la ventaja competitiva japonesa, muy por encima a las prácticas administrativas estadounidenses y las ejecutadas en otras partes del mundo. Precisamente por ello; tomamos en cuenta la pertinencia de sus conceptos que son más prácticos que dogmáticos, y que hoy permiten que nos hayamos apropiado de esa manera de vivir la vida y, precisamente por ello, la estamos introduciendo hasta el tuétano.
Ella; Sofía, nos ha permitido hacer cambios significativos individuales y colectivos en todas las áreas de nuestra vida.
     Ese asesoramiento filosófico utilizado en las acostumbradas sesiones de coaching, que cada mes, practicamos con cada colega, ha permitido que, durante el comienzo del presente año, la agencia de seguros que dirijo, se hiciera acreedora a los más grandes galardones que una compañía aseguradora pueda otorgar a sus miembros.
A la más grande vendedora de seguros de vida durante el 2018 le fue conferida la estatuilla del jaguar de vida y un viaje internacional a Punta Cana y Santo Domingo; al segundo lugar en la comercialización de seguro de vida, se le premió con el viaje internacional en mención. Como un incentivo emocional adicional a ambos miembros del equipo cobanero, se les otorgó un puñado de dólares para gastar a manos llenas en ese emblemático lugar.
Como si lo anterior fuera poco, la agencia en pleno fue premiada por haber sido la mejor agencia a nivel nacional durante el 2018; con un viaje nacional extra a la Ciudad de Flores y, un tour con guía y todo al parque arqueológico Tikal. La guinda en el pastel fue la distinción honorífica otorgada al suscrito, al haberle conferido el título de “Jaguar de Jaguares”. La distinción más alta conferida a un gerente.
     Ella; Sofía, nos ha permitido retrotraer la mente a siglos de distancia y poder ver desde aquí, que, desde los tiempos pretéritos, las cuestiones que tratamos casi a diario en el seno de las organizaciones, vienen siendo expuestas desde el génesis de todas las cosas y así seguirá siendo hasta el final de los tiempos.
Es por ello que podemos decir con un orgulloso timbre de voz que no estamos huérfanos de Sofía.   Es por ello que, apropiándose de los conceptos externados por Lou Marinoff en su libro Más Platón y menos prozac; me he convertido en un abogado defensor en contra de las flagrantes injusticias que cualquiera ose hacer a mis asociados. Defiendo las causas justas, sus intereses, y dentro de las actividades inherentes a mi rol, he añadido una más, que consiste en derribar muros y construir puentes que tiendan a llevarlos por derroteros más seguros, en ayudarlos a comprender los múltiples problemas que siempre habrá, a resolverlos y enfrentarlos mediante el diálogo, y así poder desembarazarse de sus nefastas complicaciones.
     Inmersos en esa actividad racional; fue que, en fechas recientes, haciendo una socialización de cerebros, sentados alrededor de una mesa ovalada y en torno a una tasa de café humeante, propio de las partes altas de Cobán. Un café que, por ser de altura, igual que el pensamiento de Friedrich Nietzsche, puede marear con su esencia a cualquier hijo de vecino. Con el sopor que quita el café; ese de altura, nos dimos a la tarea de buscar problemas que pudieran impedir nuestro crecimiento y desarrollo organizacional; y, resolverlos. 
Embrollados en ese tema en cuestión; nos percatamos que nuestro problema al día de hoy, es que llevamos un crecimiento alfeñique, enclenque, que si bien es cierto supera el cien por ciento de nuestras metas organizacionales, puede mejorarse. En esta organización somos enemigos de lo bueno, nos gusta siempre lo mejor. Y; en consecuencia, nos dispusimos a filosofar…, abrimos la mente y le dimos un toque eléctrico al corazón. Nos sumergimos en el diálogo ese, helénico e intercambiamos ideas en relación a la palabra poder, en virtud que la falta de poder en la consecución de nuestros resultados, es la que nos permitirá superar la alienación que causa el no ponerla en práctica.
     Las disquisiciones se dieron con total afabilidad. Y al haber urbanidad le dimos paso a los valores de la ilustración, del siglo de las luces. Seguimos el esquema ideado a principios del siglo pasado, por un filósofo alemán que se llamaba Leonard Nelson; que en la medida que pasa el tiempo lo hemos venido perfeccionando, obviamente sin salirnos del esquema clásico, natural sugerido por el filósofo en mención. El primer paso consistió en escoger la palabra mencionada anteriormente, con esta sencilla pregunta: ¿Qué es el poder?
     Un segundo paso; puso a cada participante en acción. Cada uno eligió un ejemplo vivencial que incorpore el poder. Al finalizar con este paso, cado uno en apretada síntesis dio a conocer su ejemplo.
     En el tercer paso, el equipo consensua cual es el mejor ejemplo a su juicio, mismo que será utilizado para sacar la definición de la pregunta hecha al comienzo del diálogo. Al elegirlo, el autor lo expone de nuevo, sometiéndose al escrutinio de los demás interlocutores, quienes pueden hacer preguntas en ese momento.
     Un cuarto paso permite que todos los participantes desglosen la historia en sus partes, para analizar una a una las palabras que enmadejarán la definición que pronto verá la luz. Posteriormente todos los miembros de la agencia, formulan una definición que tenga que ver con el ejemplo que se escrutó. En esta ocasión se definió como poder: “La libertad otorgada por Dios para tomar decisiones encaminadas a un determinado fin, a efecto de que los propósitos y los planes se materialicen”.
     Pusimos punto final al diálogo socrático, tratando de impugnar la definición, misma que se aferró a la vida, resistiéndose a todas las embestidas que le dimos por delante, por detrás y a los lados.
     El poder, una bestia magnifica según la descripción que Nietzsche hace de ella, nos permitirá tomar todas las medidas anticipativas, adaptativas y correctivas; para salir triunfantes este año, que a pocos días dejará de existir, y que se instalará sempiternamente en los anales de la historia. Obviamente, si tiene una historia que contar y que sea en sí misma filosófica…

Fuentes bibliográficas:
Lou Marinoff, Más Platón y menos Prozac, Nueva York, 1999

domingo, 10 de noviembre de 2019

¡Váyanse al carajo!



Jlriveirof, OP

   Cuenta una anécdota que en cierta ocasión llegó a la India un grupo de médicos provenientes de otras naciones a prestar ayuda humanitaria a ese país. Un país milenario y famoso por los millones de seres que en pobreza y extrema pobreza cohabitan en el mismo. Como parte de las ayudas que emprendieron, se dieron a la tarea de diagnosticar y curar cuanta enfermedad les fue posible con los medicamentos y equipos médicos y quirúrgicos que llevaban. Lo curioso de la historia es que dentro de las personas que hacían largas colas mientras les llegaba el turno, había una en particular que reparó y asustó porque casi todas las personas que entraban a una de las clínicas improvisadas en una carpa de campaña, gritaban y lloraban cuando eran suturadas sus heridas o desinfectadas las llagas que habían fijado su residencia desde hacía mucho tiempo en la humanidad de esas pobres gentes. Como no podía abandonar el puesto pensó en engañar a los médicos tratantes y dijo: -les voy a enseñar la pata buena y esconder la purulenta, les diré que tengo un dolor interno que no me deja dormir, al salir de su consulta, los que seguían en la cola  se dieron cuenta que él no gritó ni lloró y le preguntaron qué había sucedido. A lo que respondió: -los babosee, les enseñe la pata buena, no la enferma y solo me dieron estas pastillas de Sulfatiazol para combatir el dolor y una posible infección. ¡Vaya timo!
     A tenor de lo planteado en la fábula anterior, sirva para una analogía con lo que sucede a lo interno de muchas organizaciones; ya sean estas eclesiásticas, militares, culturales, sociales, académicas, públicas, privadas, laborales, ONG’S, con fines de lucro o beneficencia, etc.
Hoy día, hay mucha gente que, para evitar gritos, lloriqueos y despidos injustificados, mejor se dan a la tarea de babosear al que en última instancia termina siendo el baboseado: el jefe que se cree muy listo. Un jefe, gerente o director capataz, que jamás quiere escuchar los yerros, desaciertos, errores u omisiones que casi a diario se cometen a lo interno de las organizaciones y que en consecuencia prefieren que el profundo invierno que se genera al pretender defender un statu quo indefendible, prefieren hacerse amigos de la tautología y de continuo caen en la falacia ad hominem, amenazando no los argumentos planteados sino al asociado o subalterno que los produce. Al caer con suma facilidad en esa tentación se atenta severamente contra la moral del personal y repercute insidiosa y negativamente contra la productividad, causando un mal mayor en detrimento de las partes.
El mal es mayor cuando el alto directivo ocupa el cargo por amistad, familiaridad, por encargo de alguien superior, tener el apellido correcto y sin contar con las pertinentes cualificaciones para ejercerlo. Esa clase de personas solo sabe amenazar y atenazar al personal que disiente con ellos, carecen de inteligencia emocional en la empresa y al tener la mollera huera casi siempre piensan con la cabeza de los demás, o en el peor de los casos con el hígado mediante sus reacciones hepáticas…
     Es por eso que con alto grado de cinismo los vemos  conduciendo vagones de calesita sobre los rieles que otros con su sudor, esfuerzo, lágrimas, desvelos, sin sazones y largos años construyeron. A semejanza de los ciegos y los leprosos del evangelio, esos directivos terminan siendo los ciegos que conducen a otros ciegos. Pronto caerán en el agujero que ellos mismos construyen y muchos buenos asociados huirán de su presencia; así como en los tiempos antiguos, la gente huía de la presencia de los leprosos, y que en premio a su deshonor terminaban siempre lapidados sin misericordia alguna.   
En ese sentido, es notable y verificable que la gente no huye de las organizaciones, huye de los malos ejecutivos que no buscan la mejoría de las cosas, a través de una filosofía de mejora continua que lleva implícita una crítica constructiva en pro de cualquier enmienda. Ignoran o se hacen de la vista gorda que lo que no se escucha y evalúa no se puede mejorar. Se creen dueños de la verdad absoluta, desconociendo si acaso que la única verdad absoluta es que la misma es relativa, en palabras de Albert Einstein. Huye de aquellos altos directivos que padecen incontinencia emocional, según el diagnóstico que da Daniel Goleman en su libro: Inteligencia emocional en la empresa; y muchas veces esta carencia se da al no contar con una filosofía de vida que permita administrar según los conceptos de esa ciencia, es decir de la ciencia administrativa. En tal virtud, es menester regresar a los básicos y partir de un concepto bastante simple - ¿Qué es administrar?
     La acepción más simple la brinda el Grupo Fortune. Ellos dicen que, “la administración es la habilidad de alcanzar objetivos predeterminados mediante la cooperación voluntaria y el esfuerzo de otras personas”. En tal concepto hay cuatro palabras que son clave para el logro de los objetivos organizacionales y, son a saber: Habilidad, objetivos, cooperación y esfuerzo. Hoy por hoy; muchas personas que desconocen el arte y la ciencia de dirigir construyen muros en lugar de puentes. No son fuentes sino canal y precisamente por ello; repelen en lugar de atraer y al ser así, no son facilitadores del desarrollo y el progreso de sus asociados.
     En palabras de Robert Theobald, a todas aquellas personas que nos dedicamos a la difícil pero noble tarea de desarrollar personas, nos urge transitar de una cultura adversarial a una de dialogo. Ese es el requisito indispensable para salir de la co-estupidez y pasar a la co-inteligencia. De lo contrario aquellas personas que dependen de nosotros, tarde o temprano, “sin prisa, pero sin pausa”, nos mandarán al carajo. Y ahí nos llegará la hora en frase bíblica del llanto y crujir de dientes.
Con la ley de la oferta y la demanda necesarios somos, nunca imprescindibles…
    
    

domingo, 3 de noviembre de 2019

La Chula



Al titular este artículo La Chula, el autor da a entender que la locomotora 917 con ese nombre, sus vagones y sus usuarios el día de su reaparición tienen una historia que contar. Esa historia empieza casi en tiempo real cuando las circunstancias hicieron caminar bajo la lluvia pertinaz y en medio del lodazal a los cancerberos de la política que presumían a los cuatro vientos, haberla puesto de nuevo en movimiento luego de que se descarrilara a pocos minutos de haberse puesto en acción, para dar una lección a los tahúres que hicieron alarde de ella y que desde antiguo han despojado a los guatemaltecos de todas sus seguridades.
 Eppur si muove, habrán dicho los escépticos mientras el mandatario se justificaba ante los periodistas que con tono inquisitorial y burlesco le preguntaban por qué "La Chula se negó a andar cuando  vio a Jimmy y a su esposa en el lugar", utilizando el epígrafe que se lee en uno de los mil y un memes que invadieron los medios modernos de comunicación después que esa vieja pieza de museo se descarriló, justo el día en que el presidente de turno y el alcalde capitalino re inauguraron su salida por las viejas calles y avenidas de la “Ciudad del Futuro", paradójicamente en el lugar conocido como la línea. Un lugar atestado por golfas de poca monta con más escote que cerebro, vagabundos, zánganos, drogadictos y borrachos consuetudinarios.
Al parecer, las líneas son los lugares preferidos para estos políticos de pacotilla. Por ellas viven y por ellas morirán…
En el ideario de ellos, esa “mega obra” se pone de nuevo en funcionamiento para "el libramiento" de calles y avenidas que son invadidas por los cientos de miles de guatemaltecos que todos los días se dirigen a cumplir de forma proba, consciente y responsable sus tareas laborales.
     Al ser un digno exponente de la mentira emotiva don galimatías que a pocos días cesará en sus oficios en el ejecutivo, se expresó con alto grado de cinismo diciendo a los medios que ese descarrilamiento y varamiento de La Chula, era normal. Como normal le pareció en algún momento la corrupción que presuntamente lidera, la devastación causada por las erupciones del Volcán de Fuego hace poco más de un año y, los derrumbes que se están dando con asiduidad en el llamado libramiento de Chimaltenango. Una obra que tienen bajo la tutela de San Isidro Labrador para que quite el agua y ponga el sol, de lo contrario se seguirá derrumbando sin ton ni son.
Con esos comentarios hace alarde a la inoperancia y apología a la estupidez, algo que es común en todos los funcionarios de turno en el desgobierno de Guatemala.
     La puesta en marcha de trenes viejos sobre rieles y durmientes viejos y podridos requiere comprobaciones, reparaciones, un planteamiento concreto y retos más allá de la politiquería marrullera que lo que pretende siempre es llevar agua al interior de sus propios pozos. Viejas prácticas de politicastros que no buscan el bien común. Si así fuera, utilizarían mejor los recursos en megaproyectos que satisfagan las más precarias necesidades de todos los habitantes de ese valle de lágrimas, que es en lo que han convertido al Valle de la Virgen.
En este caso con ferrocarriles nuevos y modernos, no con trenes vetustos cubiertos de herrumbre pertenecientes a principios del siglo pasado.
La reparación de esos vejetes (los trenes no los políticos) plantea un enigma que en contextos parecidos fue expuesta en la Habana a finales del 2017, ante un presunto acto de corrupción de parte de las autoridades de la isla derivado de un cuestionable proyecto de recuperación ferroviaria y, que hoy cabe en este tejido. –“Alguien está ganando dinero, pero en las altas esferas el despilfarro no es delito, y el transporte, a la vista de todos parece un problema que no merece parar en gastos”-
     Mientras tanto en circunstancias similares otros países como Panamá sin ir tan lejos, en el 2014 puso en marcha la primera línea del metro contando con 14 estaciones, de las cuales 6 son elevadas y el resto subterráneas, 2 terminales y 3 de transferencia con otros medios de transporte, cada estación cuenta con aceras de hasta 110 metros. Hoy día es considerado el medio predilecto de transporte público de los panameños, transporta entre 240,000 a 280,000 usuarios diariamente.
Mientras las autoridades panameñas en ese entonces se afanaron y ufanaron por un recorrido de 16 kilómetros en un tiempo de viaje de 26 minutos aproximadamente, contando para el disfrute de los viajeros con conectividad móvil en toda la travesía, incluyendo las partes subterráneas, sus pares guatemaltecos hacen el ridículo ante la opinión pública y extranjera, porque “su mega obra” se planificó para recorrer tres kilómetros, pero no avanzaron ni uno cuando se descarriló el vagón que llevaba a las autoridades de turno. Lástima grande externaron los disconformes con este desgobierno, ese descarrilamiento no tuvo lugar en el Puente de Las Vacas, contiguo al Puente Belice. Lo que habría constituido el libramiento del siglo en Guatemala. …
     En consideración a lo expresado, muchos podrán decir que esa comparación es odiosa. Sin embargo, remontándonos en el tiempo nos podemos percatar que desde el comienzo de todos los tiempos el estudio de la vida política ha estado vinculada con la comparación. No dejarán mentir quienes hayan leído La Política de Aristóteles, las obras de Nicolás Maquiavelo, Tocqueville, Karl Marx, Frederick Engels o Max Weber por citar a algunos hombres ilustres que nos antecedieron y con quienes podemos platicar al leer sus obras. Parafraseando a Descartes.
     A tenor de lo planteado entonces, no es tosca la comparación que se hace acerca de los trenes de Panamá y Guatemala, que, para no echarle más leña verde al fuego, no se mencionan a los de Bolivia. Es preciso hacer esa comparación para sacar y sonsacar deducciones explicativas. Iván Llamazares y Miguel Paradela López, en el Curso de Ciencia Política de Salvador Martí i Puig dicen que “nos pasamos una buena parte de nuestras vidas comparando, ya sean sensaciones, experiencias, relaciones, características de objetos, magnitudes, etc.”
Eso nos invita y obliga a pensar en los tres propósitos inherentes de la ciencia social.
     El primero consiste en describir cómo son las cosas. Fue lo que se planteó al comienzo de estas disquisiciones.
El segundo, en explicar porqué son así y no de otra forma.
Y el tercero y último propósito, nos permite argumentar después que se han conocido las cosas, como éstas deberían ser.
     En primera instancia se sabe que en el país no existe voluntad política, políticas públicas, empoderamiento, liderazgo holístico, sentido común, bien común y sumo bien. Por ser así, las cosas en Guatemala están como están…
     El segundo propósito nos permite dar razón de nuestra desesperanza. No se necesita ser erudito o muy versado en política para deducir que las cosas son así gracias a esa ralea de politicastros, oligarcas avaros en extremo, una caterva de narco militares, neo pentecostales amantes de todo lo que brilla, etc. que, a imitación de Drácula han clavado sus afilados colmillos en la yugular del erario nacional, lo han chupado y exprimido hasta la saciedad, lo que imposibilita invertir en proyectos que satisfagan las necesidades más elementales de la sociedad guatemalteca, como medios modernos de comunicación. Al menos similares a los que existen en Costa Rica, Panamá y Bolivia. Sin olvidarnos claro está, de una sociedad permisiva y pusilánime en extremo, que solo ve como pasan las cosas, pero no hace nada porque pasen cosas. Valientes sí, para manifestar su descontento en Twitter, Facebook o Instagram. En tiempos pretéritos hubiésemos dicho:  el papel todo lo aguanta 
     Someramente se pone al descubierto el talón de Aquiles que no nos permite avanzar como las necesidades en Guatemala lo requieren, que al saber cómo son más o menos las cosas, se vale soñar, estando despierto. ¿Por qué no construir un estilo de sociedad más justa, más humana y más fraterna, en donde quepamos todos sin distingos de clases sociales, políticas, económicas, culturales y religiosas?
¿Por qué no soñar con un estilo de vida ordinaria ética y estética, similar a las descritas desde La República de Platón a la Ciudad de Dios de San Agustín? …
Son utopías por supuesto, sin embargo, podría ser nuestro tercer y último propósito. Vivir como se debe en una sociedad bien organizada con gloria, en paz con los demás, y alcanzar el buen desarrollo para sus habitantes. Así de simple…
Jlriveirof, OP
Fuentes: