lunes, 8 de junio de 2020

El Emilio y algunos divertimentos…



Jlriveirof, OP
     Aunque de forma tardía me uno a las mil y una felicitación que egresados de todos los tiempos del glorioso Instituto Normal Mixto del Norte “Emilio Rosales Ponce”, en su 75 aniversario celebrado en fechas recientes, y que mejor manera de hacerlo a través de las letras que ahí aprendí a hilvanar y amar.
Rindo pues merecido homenaje a mi loable establecimiento, cuna de todos los saberes, por todas las vivencias y las ciencias acrisoladas tanto en mi formación básica como diversificada, hasta mi egreso en 1979, con el título de Maestro de Educación Primaria Urbana, bajo el brazo.
El Emilio, como le llamábamos los de mi generación, aquella generación fortificada en las costumbres bien arraigadas de los nacidos durante el baby boom; y que, en consecuencia, nos hacen parecer en mucho al Emilio de Juan Jacobo Rousseau, por la independencia de criterios que nos enseñaron a exponer y defender nuestros mentores, con claridad y con vigor.
    Agazapado en ese pensamiento, y dividiendo el tiempo que estuvimos en el   Emilio, como Rousseau, dividió su Emilio en partes, dedicados a la infancia de su protagonista, se puede aseverar que las grandes mayorías de estudiantes nos transformamos ahí, pasando de la niñez a la adolescencia, hasta que muchos nos convertirnos en hombres y mujeres de buena voluntad y aprendimos a ser humanos, que, según Rousseau, es la primera obligación de todo estudiante.
    En esa enseñanza-aprendizaje, llegamos a contemplar la naturaleza en todo su esplendor, en virtud que el campus en donde me toco compartir esa experiencia, tenía amplios jardines, arboleda, un cerro que dicho sea de paso era el lugar de las escapatorias o alguna que otra cita para cortejar a más de alguna amada, o para que los más “machitos” se dieran de golpes por algún problema que no se pudo conciliar con el diálogo.  
     Pues bien, en ese frío y verde entorno muchos “endurecimos” nuestras enclenques osamentas, según la propuesta de Locke de “endurecer los cuerpos contra los rigores del clima”, un clima que, en los años 70, eran fríos y tendidos sus inviernos, de ahí que en ese tiempo se decía que, en Cobán llovían trece meses al año.
De esa suerte, y fusionando el pensamiento con el de Rousseau, nuestros catedráticos intervinieron para crear las circunstancias favorables que mejor respondieran a nuestras muy particulares actividades como alumnos de ese templo del saber, que muchas décadas después, aún le llamamos cariñosamente, el Emilio.
     De nuestras clases,  la de moral y ética profesional siempre es motivo  para recordar a quien “sentaba cátedra” sobre el tema en cuestión, alguien que jamás pudo ser mesurado. Que para justificar su causa nos decía “no hagan lo que yo hago, sino lo que digo”. Quizás por ello, su arte de enseñar no era libre, estaba atado a unas duras y pesadas cadenas que no le permitían la libertad de su cátedra. Como el avestruz, siempre agachapa la cabeza, a pesar de tenerla bien amueblada de saberes.
Parafraseando a Château, podría decir hoy, que la vida de nuestro maestro de moral, como sujeto de estudio es hasta el día de hoy un material didáctico muy ilustrativo y útil para aprender a ser y hacer en todos los tiempos. Para saber lo que es bueno y malo, agradable y perfecto…
     De nuestra clase de filosofía, los incorregibles, aquellos que aprovechábamos cualquier manifestación o asueto obligatorio para “abrir la puerta a los vicios” y darnos cita ya no donde doña Cotorra, como lo hicieron las primeras generaciones de estudiantes, sino a la Tienda del estudiante, adyacente al Emilio, ahí, al calor de los espirituosos, nos dábamos a la tarea de filosofar sobre temas coyunturales,  corregíamos el rumbo del mundo a diestra y siniestra,  visualizábamos  los porvenires, y así de cerveza en cerveza con un huevo de gallina criolla hasta el fondo del vaso, casi siempre robados,  sacábamos textos filosóficos de su contexto y empinábamos el codo “hasta ver a Cristo” o hasta que Valerio o el abuelo Rossi llegaban a tocarnos la retirada, amenazándonos con ir a quejarse con el director.
En cada libación, levantábamos un acta, para recordar cada una de nuestras reuniones del seminario, en donde teníamos que elaborar una para dejar constancia de todo lo realizado. Iniciábamos en el mismo lugar y fecha relacionada al principio de la misma, pero en más de los casos la concluíamos en otro lugar, de cuyo nombre no debo acordarme, parafraseando a don Quijote, y muchas horas después de su inicio. 
Como el ser humano es bueno por naturaleza, afirmaba Rousseau, esos pasajes de la tienda del estudiante no viciaron nuestra vida, y al egresar de ese egregio establecimiento, esa puerta quedó cerrada de una vez y para siempre.
     En el Emilio nos dejaron ser y hacer. Nos enseñaron a seguir el orden de las cosas, aprendimos a hacer, obedeciendo. Las cátedras no eran un monólogo, siempre el mentor forzó para que la inteligencia saliera de “la caverna”, como bien nos decía el catedrático de filosofía, como condición sine qua non para alcanzar la edad de la razón, según él.
     De nuestra clase de Literatura Universal, de mi catedrático aprendí a amar las letras, a conjugarlas, a preciarlas, a encontrarles un lugar en el mundo, para que hilvanadas una tras otra, no tuvieran límite. El único límite decía, es aquel que uno le pone a su mente. Con el conocí a Tolstoi, Sarmiento, Cervantes, Boccaccio, Homero, Guiraldes, Virgilio, Hesse, etc. Aprendí que al leerlos era como estar platicando con los hombres más sabios que me antecedieron, tal y como lo acuñó Descartes.
     Del Emilio Salí, pero él jamás salió de mí, aun recuerdo con cariño a todos mis amigos y compañeros de estudio, a mis catedráticos con especial afecto por todas las cosas buenas que me enseñaron, tanta vivencia compartida, tantos divertimentos juntos.
     El Emilio fue partera de otros pensamientos, ideas y creencias, una nodriza que me educó, el ayo que me custodió, y el maestro que me enseñó

    

viernes, 5 de junio de 2020

Cuando la peste pase...


Jlriveirof, OP 

     ¿Ha escuchado usted alguna vez la frase cuando la peste pase?
Yo casi siempre. Casi todos los días oigo a alguien decir cuando la peste pase… cuando la peste pase estaré más tiempo con mi familia, visitaré más seguido a mis padres, abuelos, hijos y amigos.
Cuando la peste pase..., trabajaré más y mejor, buscaré un nuevo empleo, brillaré en todo lo que haga, destacaré, triunfaré, haré, viajaré, ascenderé, transmontaré, etc.  Todo, cuando la peste pase...
     Pero, para que esperar que la peste pase, si tardará mucho en pasar. Y dable es recordar que el futuro no está escrito. Está por hacerse, y en tiempos de pandemia a todos nos toca hacer que pasen cosas, y no esperar a que la cosa pase, escribir otra historia personal, mejor que la que hemos escrito hasta ahora. No podemos ni debemos caer en la tentación del determinismo de la futurología y de la bola de cristal, para “viriguar” como diría Pancho Villa, qué acontecerá, que nos traerá el porvenir. No hay nada mejor que estar preparados, prestos y dispuestos frente a 4 actitudes tipo, para ver con cual nos identificamos:
a) la del avestruz, que según dicen entierra la cabeza cuando ve problemas, y en consecuencia es pasivo,
b)  la del bombero apagafuegos, que es reactivo,
c)  la del asesor de seguros que prevé riesgos, y en consecuencia es pre activo,
d)  y la del conspirador que es pro activo.
     Si usted que lee este mensaje en este preciso momento, se encuentra frente a un futuro que es incierto, pero prevé inseguridades en pro de su familia y está conspirando en contra de todas las circunstancias desfavorables que trajo consigo esta pandemia, como:  haber perdido la salud, la paz, la tranquilidad, su ocupación u oficio,  la pobreza que sin prisa pero sin pausa ya se avizora a la vuelta de la esquina, la falta de oportunidades, de un empleo digno, entre tantas otras cosas.
En ese sentido, para evitar esos grandes riesgos lo invito a echar una mirada al negocio de los seguros y a convertirse en el mediano plazo en un hombre o una mujer de negocios de seguros, bajo el cobijo de la mejor compañía de seguros, y bajo la dirección de Seguros GyT Cobán, en donde le daremos más información al respecto.
Para ese efecto, puede enviar su hoja de vida al Email: agenciacobangyt@yahoo.com
Posteriormente, nosotros lo estaremos contactando para una entrevista, que podría ser personalizada o vía web.
     Recuerde que su futuro es la razón de ser de su presente y que en lugar de sobrevivir hay que darse a la tarea de sobresalir.
Esa es una obligación que solo a usted le pertenece...



domingo, 31 de mayo de 2020

La biodiversidad…



Jlriveirof, OP
     En el marco de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, que todos los años se festeja el cinco de junio, justo y necesario es que todos los habitantes del mundo en su conjunto nos tomemos unos minutos para “contemplar y dar a los demás lo contemplado”, a efecto de crear conciencia y circunstancias propicias para salvar nuestra casa común.
Una casa común que nos fue dada en heredad como el primer don de parte de Dios hacia la humanidad y que no hemos sabido agradecer y beneficiar, creando…, sino maleficiar, destruyendo…
     Hundiendo una mirada crítica en las profundidades de la Torá, especialmente en el mítico y simbólico libro del Génesis, encontramos que, en los comienzos de la vida, todo era abstracto: “caos, confusión y oscuridad”. No obstante, ahí, Dios dijo e hizo, llegando a existir todo cuanto en la tierra hay. Después de crear al hombre a su imagen y semejanza -macho y hembra, para que vivan en concordancia, enarbolando la bandera de la libertad no la de colores- les bendijo y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra y sométanla”.
La expresión empleada por el mismo Dios, según el texto veterotestamentario fue “sométanla”, teniendo como sinónimo los términos dominar, subyugar y sojuzgar.
En contraposición, las grandes mayorías poblacionales, especialmente las capitalistas, que en virtud a esa forma de vida son avaros, voraces y rapaces, han cambiado el término empleado “someter” por el de somatar, que según el diccionario es lo mismo que golpear y casi matar.
En ese sentido, podemos afirmar que estamos somatando y casi matando la tierra y todo cuanto en ella existe, atentando contra la biodiversidad, que dicho sea de paso es el lema escogido por la Organización de las Naciones Unidas para la celebración que tendrá ocasión este cinco de junio próximo y que reunirá entre sus principales a gobiernos, empresas, celebridades y ciudadanos de a pie, comprometidos con el tema ese que hoy, nos embarga y nos enajena: el medio ambiente a nivel del mundo.
     Cuando se habla y se escribe sobre biodiversidad, se hace sobre los muchos seres vivientes que habitan sobre la faz de la tierra, entre los que encontramos: microorganismos, hongos, animales, plantas y el mismo ser humano.  Aquel que según las Sagradas Escrituras fue hecho a la imagen y semejanza del Creador, pero que hoy, en virtud de un liberalismo totalitario, está somatando y casi matando esa biodiversidad. 
Al actuar así transgrede las leyes de Dios, porque las leyes de la naturaleza, son también leyes de Dios. Quizás por ello, al actuar con esa autonomía que le ha sido dada, la naturaleza ya empezó a hacer estragos y a vengarse y pasarle la factura al máximo depredador que existe en el mundo, y que es el hombre mismo. Para él nada esta prohibido. "¡El liberalismo lo obliga!" …
     Lo ha obligado desde que muchos que se han enamorado de la forma y estilo de vida de los países occidentales, constituidos en un referente y en la vitrina misma del capitalismo, desde donde se puede contemplar aquella tierra de la promisión, de la previsión y la explotación del hombre por el hombre y sus recursos,   en cuyos patios "mana la leche, la miel" y el petróleo a borbollones, convirtiendo a los países pobres del tercero y cuarto mundo en su patio trasero, y a sus habitantes en conejillos de indias para experimentar en pellejo ajeno, cualquier cosa  que a ellos se les antoje. Algo así como lo experimentado por el gobierno de los EEUU entre los años de 1946 y 1948, cuando en Guatemala, inocularon enfermedades venéreas a 1,500 conciudadanos guatemaltecos entre los que figuraban prostitutas, presidiarios, niños con enfermedades mentales y soldados rasos que no cuestionaban órdenes y, a quienes siempre les han vedado el derecho de pensar y hablar por cuenta propia.
Todos ellos fueron utilizados por los malditos imperialistas yanquis, para averiguar si la penicilina daba buenos resultados y curaba enfermedades venéreas, tales como la sífilis y la blenorragia, entre otras. “This is good for you", recuerdan algunos sobrevivientes que era lo único que decían los desnaturalizados gringos, previo a inyectar los virus.
     Volviendo al tema en cuestión, referente a la depauperación que causa el liberalismo,  no se puede pasar por alto que, desde que tuvo lugar la industrialización y la explotación a mansalva del proletariado, ha desaparecido la figura del pequeño campesino, aquel que tenía su tierra en heredad de parte de sus ancestros y en donde podían vivir con relativa paz, haciendo sus sembradíos de acuerdo a su cultura y a sus costumbres y que hoy, se han visto amenazados por las grandes empresas agrícolas  de palma africana y narco ganaderas que no solo roban sus afluentes hídricos y los contaminan, sino matan a los campesinos que se oponen a la venta forzada de sus pequeñas extensiones de tierra, y cuando las compran, lo hacen con precios muy por debajo de los reales en el mercado.
     Tampoco podemos soslayar la falta de una silvicultura real, aquella que tiene por objeto el aumento de la calidad de vida de los bosques, así como la protección de afluentes de agua, entre los que cuentan pequeños riachuelos, quebradas, que al ir bajando por las laderas de los montes forman ríos, hasta desembocar en lagunas, lagos y los mares, que a su paso nutren pastos y dan otras formas de vida a otras especies de flora y fauna.
Hoy, lo que tenemos son grandes depredadores y rateros de bosques maderables, y lo peor de todo ello es que muchos son avalados inclusive por los gobiernos de los pueblos. En Brasil tenemos un claro ejemplo con su gobernante de turno, un cuasi loco y fanático religioso y político de extrema derecha que está destruyendo gran parte de la amazonia, con incendios forestales provocados, en detrimento de los nativos que habitan en esos lares y el resto de biodiversidad, y todo por beneficiar a oligarcas que pretender beneficiarse de toda clase de madera, animales exóticos  y hacerse de las propiedades de todos esos nativos, quienes están siendo un objetivo militar y objeto de muerte o desaparición forzada.
     En Guatemala también vemos grupos antagónicos, casi todos relacionados con el hampa, causando incendios forestales en gran parte del territorio petenero, un pulmón para el mundo como sin duda lo es la amazonia. Toda esa explotación trae consigo, graves problemas societales, desempleo, destrucción y muerte. Sin que al liberalismo voraz y carroñero le importe un comino.
 Hecha la ley, hecha la trampa, como muchos de ellos sostienen.
     Sumados todos esos problemas al tema del nuevo coronavirus que vino para quedarse, nos da otro aviso entre tantos otros, que las forma en que estamos explotando la tierra, nunca han sido las adecuadas, y nos está enviando otras señales más drásticas de que tenemos que cambiar, no solo como entes pensantes que presuntamente es lo que somos, sino la formas de cómo la explotamos.  
 En caso contrario, nos recuerda el teólogo Leonardo Boff, ella se encargará de nosotros desapareciéndonos de su faz. ¿Acaso no nos ha demostrado el rigor con que actúa, a través de las grandes catástrofes naturales?
Sin ir tan lejos, la tormenta tropical Amanda, que hace unas pocas horas perdió su fuerza y se convirtió en depresión tropical, ha dejado por su paso, inundaciones de pueblos enteros, caídas de árboles y casas de habitación, muerte, destrucción, angustia, pérdida de sembradíos, etc.,   y eso que no fueron muchas horas las que nos azotó, castigandonos. Pero con algo tan sencillo nos ha dicho que está enferma y que necesita le prestemos atención, y pronto. de lo contrario ella nos atacará con todo el rigor que la naturaleza le ofrece, y se defenderá de nosotros a quien nos considera su mayor enemigo, quienes nos hemos  ensañado con ella desde sus comienzos y que, en nuestra rebeldía, orgullo propio y afán de mucho tener, no acatamos las órdenes precisas  de Dios de cuidarla, amarla, respetarla, someterla y multiplicar sus recursos. En lugar de todo eso la seguimos somatando y la seguimos matando.
     Como si lo externado en párrafos anteriores fuera poco, muchos partidarios del liberalismo, haciendo un aprovechamiento a su favor en su afán de amalgamar más riquezas, están reduciendo los salarios y las cargas sociales o despidiendo a millones de trabajadores a lo largo y ancho del mundo, lo que traerá consigo más hambre, pobreza extrema, explotación y muerte. Se están preocupando más por la sanidad de sus finanzas que de la vida de esas personas y, precisamente por eso, están haciendo apología del máximo referente del liberalismo en el mundo: el imperio del mal, muy bien representado por los Estados Unidos de Norte América, aquellos que tienen por lema oficial la frase “In God we trust” -En Dios confiamos-, pero no explican en que dios es en quien confían.
¿Será acaso el dios de los cananeos Moloch o el dios de las finanzas especulativas Mammón, el dios de esos hijos de la Gran… Bretaña?
 ¡Vaya usted a saber!   Pero de algo estoy seguro, que el Dios de Jesucristo, evidentemente no lo es…
     Así como están las cosas, podemos colegir que al COVID-19 no lo vamos a destruir, al liberalismo tampoco, ya Karl Marx se equivocó en El Capital, cuando vaticinó que le quedaba poco tiempo de vida. Después de la pandemia los países del primer mundo serán más ricos y los del tercer y cuarto mundo más pobres...
Lo que sí podemos destronar y destruir en nuestro propio beneficio es al diablo que muchos llevamos dentro, con el entendido de que, si no lo hacemos, seguiremos en esa carrera vertiginosa destruyendo nuestra casa común, somatando y rematando el primer don que Dios nos regaló y que es la madre tierra…
    
    

    

Fuentes bibliográficas:


    

domingo, 24 de mayo de 2020

El liderazgo en los tiempos de la plaga …



Jlriveirof, OP
     Después de haber comercializado seguros de vida durante diez años, sufrí una transfiguración y pase a ser gerente de distrito en una compañía aseguradora, después gerente de agencia en otra, y por último, mediante una importante adquisición accionaria que hizo Seguros GyT, S.A. al adquirir un lote mayoritario de acciones de Seguros CASA, me quede como  gerente corporativo, atendiendo las dos agencias de seguros, en la Ciudad de Cobán, tanto de Seguros GyT como la de CASA. Ambas coexistieron en el mercado hasta que fue fusionada la segunda compañía a la primera en mención. Actualmente, dicha agencia sigue bajo mi dirección y procuración.  
De eso hace veintitrés años y nueve meses para ser precisos.
     Durante el tiempo de andar por la llanura, como mis compañeros del camino y yo, le llamábamos a la venta de seguros de vida, siempre me apoye en alguna máxima que me infundiera aliento, que me diera esperanza, que me ayudara a no desfallecer, sobre todo cuando mi camino era siempre cuesta arriba, en un negocio duro en aquel tiempo, dada la poca cultura previsional que muchos guatemaltecos tenían en aquellos días.
     El modelo de liderazgo que asumí desde entonces, fue el del Josué bíblico, aquel que tuvo que terminar la tarea encomendada a Moisés, de pasar a un pueblo de cabeza dura del otro lado del Jordán y conquistar la tierra que Dios les había prometido en heredad.
Hasta el día de hoy lo sigue siendo, tomando en consideración que Josué es un líder por antonomasia, y que todos los que sabemos lo que hizo, quisiéramos imitar, igualar y porqué no decirlo, superar. En contextos diferentes, por supuesto.
     En la comercialización de seguros,   tuve que “cruzar mi Jordán” y “atravesar mi desierto”. Lo hice a mi entera satisfacción. En el ámbito gerencial lo sigo haciendo, en virtud que sin detenerme, sigo el curso.
Dichas frases, pueden ser muy útiles en estos precisos momentos, las dos invitan a no quedarse estancado, sino pasar a otro nivel, ascender, conquistar, domeñar y bregar en otros derroteros. 
     Al igual que Josué en su tiempo, en el mío debo también liderar a otros para que salgan de sus propios desiertos, dirigirlos a que pasen su propio caudal e instalarlos en un lugar de promisión, de abundancia plena, de satisfacción cumplida, de garbo abundante. Eso significa forcejear venciendo la adversidad, conquistar la tierra y habitarla, por supuesto escribiendo de forma metafórica.
     En ese tránsito, penoso es reconocer que entre  la gente que debo acompañar en su tránsito, también hay gente de “dura cerviz”, hay gente que quisiera quedarse en el desierto, ahí donde hay precariedades, y todo porque atravesar su jordán conlleva entre otras cosas: salir de la zona de confort, levantarse, ponerse en marcha, levantar la tienda, equiparse, prepararse para el futuro, forcejear con el destino, tropezar, subir, bajar, caer, rodar entre mil y una acción que nos invita a desinstalarse…
     Para liderar como Josué entonces, es preciso analizar su estilo de liderazgo en dos direcciones: retrospectivamente, para constatar que él como persona fue un estratega adjunto a Moisés, para sacar a su pueblo de la tierra de la esclavitud, de la dura servidumbre. Y de forma prospectiva, en virtud que fue él quien inauguró otras formas de vida del otro lado del Jordán, allá en la tierra prometida.
Pero por sobre todas las cosas, es importante recalcar que éste líder en cuestión, recibió un planteamiento concreto para ponerse en acción y fue motivado por las siguientes palabras de parte del mismo Dios, según las Escrituras…
     “¡Yo te lo mando! ¡Ánimo, sé valiente! No te asustes ni te acobardes, que el Señor, tu Dios, estará contigo en todas tus empresas” (Josué 1, 9).
Pero antes de externar ese párrafo, Dios ya le había demandado: no te desvíes ni a derecha ni a la izquierda. Acá habla de la ley que le había dado a Moisés a fin de tener éxito a donde quiera que fuera.
Analicemos ese mandamiento en cuestión, ordenando las ideas.
En el decir ese de no desviarse ni a la derecha ni a la izquierda de la ley, Dios le traza a Josué el camino en una sola dirección. Lo que lo llevó a esbozar una visión del futuro, incierto en ese momento, porque solo se le dijo “levántate y pasa el Jordán con todo ese pueblo, para ir hacia el país que voy a darles”. No se puso a exponerle todas las problemáticas que tenían que sortean en ese tránsito, simplemente se concretó a vislumbrar el porvenir. ¡Levántate y pasa! ¿Acaso no es lo mismo que debemos seguir haciendo todos los días de nuestras vidas? ...
     En consecuencia, Josué tuvo que crear las circunstancias adecuadas, para que la visión del futuro que tenía por delante, se cumpliera en un tiempo y en un espacio concreto.
A eso, en este tiempo, lo concebimos como un objetivo inteligente, que tiene por condición enfocarse en el cometido. Ver hacia la izquierda o hacia la derecha es ocuparse de otras cosas que poco o nada tienen que ver para el cumplimiento estricto del deber, de algo previamente establecido.
     En ese fiel y estricto cumplimiento de lo ordenado, viene una promesa: tendrás éxito en todas tus empresas, a donde quiera que vayas.
 Esa es una promesa de parte de Dios que siempre se cumple, Él es fiel, no fallará en cumplir con su ofrecimiento. De forma experiencial, doy fe de que sí cumple.
Como agente de seguros, eminentemente de vida y como líder de un grupo, he tenido victorias adquiridas en grado superlativo, que hoy siguen iluminando el bregar del día al día. También me han precedido fracasos en grado superlativo, y todo, por desviarme a la izquierda o a la derecha, olvidándome de cumplir con códigos deontológicos, axiológicos, la ley natural y las leyes de Dios, por no entrar en diálogo con la ética, la moral, las buenas costumbres y la cultura. …, en consecuencia, ha habido fracasos fortuitos y duros…
     Sin embargo, la promesa es fiel y si se cae por los caminos polvorientos y azarosos de la vida,  hay que estar prestos para levantarse y seguir el curso, y tener en cuenta que para que la cosecha sea abundante, debe existir un cómo y un por qué. Un poder ser y un poder hacer, entre otras cosas que destacaría más adelante. No existe nada por menos.  
Sobre ese argumento en cuestión, vale destacar los enunciados del entonces profesor de la Escuela de Negocios de Harvard, John Kotter, referentes a los deberes de un verdadero líder. Debemos asumir que todos somos líderes.
1).- Trazar el rumbo, exponiendo la visión del futuro.
2).- Alinear a la gente cuya cooperación se requiere, comunicando ese rumbo, a efecto de que comprendan perfectamente bien la visión, y las estrategias a implementar, de tal suerte que la acepten y las hagan suyas.
3).- Motivar e inspirar, con el propósito de que venzan todos los obstáculos que se pudiesen encontrar en el camino, y satisfacer las necesidades inherentes al ser humano.
A lo anterior le añadiría un cuarto deber, que consiste en darle un segundo ver a las tres primeras y extremar su diligencia, así de sencillo.
     De ahí en adelante Josué determinó por donde tenían que ir, lideró el camino y convenció a ese pueblo de cabeza muy dura, por qué era necesario transitar por ahí, por valles de sombra, de muerte, sorteando toda clase de obstáculos, hasta llegar a la tierra prometida.
     En la frase “Yo te lo mando”, no hay tema de discusión. Es imprescindible obedecer al pie de la letra para dar continuidad a la obra de la liberación, que debe cumplirse de forma irrestricta, que cuando se parentaliza y conyugaliza con la siguiente frase que le precede: ¡Ánimo,  valiente!, coadyuva al control emocional de la persona que lidera, así como a los que son liderados, da fuerzas y evita el nacimiento de emociones negativas como el miedo, la ira, la ansiedad, la incomprensión, el intenso estrés, crisis existenciales, etc.
 Esa tentativa, es un poderoso paliativo para evitar las tendencias naturales al abandono de la misión.  En el caso de Josué y el pueblo naciente: “atravesar su desierto” y “pasar su jordán”. En el caso nuestro, por consiguiente.
     En la última frase con promesa Dios nos dice: “No te asustes, ni te acobardes, que el Señor tu Dios estará contigo en todas tus empresas”. Una constatación que siglos después el apóstol Pablo le recuerda a Timoteo: “porque el espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, amor y templanza” (2ª Timoteo 1, 7).
     A guisa de colofón es preciso asumir que, si Dios estará conmigo “todo será pan comido”, como reza el dicho popular, y así como en el libro de Josué, se nos narran los acontecimientos que tuvieron lugar, desde que salieron de la tierra de Egipto, hasta que se asentaron en la tierra de Canaán, podemos confirmar como Dios estuvo con ellos, unidos en  una misma fe y un solo proyecto socioeconómico y político, que les permitió ponerse en movimiento, forcejear, dominar y conquistar, hasta repartirse la tierra que Dios les dio en heredad.
     ¿Acaso no es lo mismo que nos concierne en este tiempo presente, con el fin de lograr el éxito, en la tentativa de nuestra empresa? ¿Acaso no debemos ponernos en movimiento todos los días, forcejear a diario, dominar la ciencia y la técnica para conquistar el mercado?
Es condición sine qua non para repartirse el botín previo al festín que Dios nos tiene preparado por delante, pero nos demanda mucha acción, anticipación y preparación. Sobre todo en estos tiempos de pandemia.
     ¡Ánimo, seamos valientes! …



viernes, 15 de mayo de 2020

¡Sed ecuánimes! ...

Jlriveirof, OP
     En un mes de  marzo   pero  del año 161 dC. falleció  Antonino Pío,  el cuarto de los cinco buenos emperadores que tuvo la  Roma imperialista de los primeros siglos de la era cristiana, un imperio caracterizado por la falta de cordura y de maldad en la mayoría de sus emperadores.
     Durante su mandato, Antonino Pío,  se caracterizó  por presentar una conducta sin mácula. Ese estilo que signó su vida, le permitió  ocupar puestos políticos de suma importancia,  los cuales lideró con alto grado de excelencia.
     El cognomen de Pío, se justifica por cuanto que,  indultó a las personas que su antecesor el Emperador Adriano, había condenado a muerte. Durante su mandato promovió las artes y las ciencias, dignificó los  sueldos a los maestros de retórica y filosofía. Ambas concebidas como disciplinas en aquellos días, que hoy, podría decir sin temor a equivocarme, ningún gobernante las conoce y las practica...
     A una distancia de diez y ocho siglos de su deceso, el estilo de gobierno que lo caracterizó,  su vida, obra y trabajo, debería ser objeto de estudio por  todas aquellas personas que se dedican a la politica profesional, de igual forma, por todas aquellas personas que pretendan dejar una impronta en su historia personal. 
     Antonino Pío, enfrentó  las crisis de su mandato en equipo con sus gobernadores. Practicó lo que la administración moderna conoce como empoderamiento y mantuvo sanas relaciones interpersonales con todos, especialmente con el Senado. Eso hizo grande a Antonino.
Un ejemplo ilustre y encomiable que debería ser imitado por los gobernantes de las naciones, particularmente en este tiempo de pandemia.
     ¿Cuando hemos visto a los gobernantes latinoamericanos tomar decisiones en equipo? ¿cuando los vemos mantener sanas relaciones con todos, especialmente con la prensa que no es de alquiler? ¿Cuando los veremos promover las ciencias y las artes? ¿Cuando mejorarán los sueldos, especialmente de los salubristas en tiempos de coronavirus?
Lamentablemente vemos que eso no está dentro de sus prioridades y es corroborable que cada quien jala por donde más le conviene, y precisamente por eso, toman decisiones desacertadas y descerebradas en perjuicio de las grandes mayorías poblacionales, pero muy especialmente, en contra de los más pobres y desposeídos, que en  América Latina, son legión.
     Un ejemplo nefasto lo pudimos observar todos los guatemaltecos el día jueves de la semana en curso, cuando  abruptamente el gobernante tomó la decisión,  no colegiada supongo, de cerrar el país y todos los comercios a excepción de la tienda de la esquina con horario restringido, por tres días, hasta el próximo lunes muy de mañana.
La abrumadora noticia, cayó como torrentes de agua fría sobre la humanidad de todos aquellos que no estaban preparados logísticamente hablando, sobre muchas personas que no pudieron llegar hasta su hogar, al coartar  la libertad de locomoción.
Las pérdidas materiales que se prevén  con esa medida, serán cuantiosas, sobre todo con aquellos productos que son perecederos. Cuando los vendedores de frutas y verduras, carnes, etc.  vuelvan a sus puestos de venta, sus productos estarán  podridos, serán invendibles y pasarán a formar parte de sus pérdidas.
¿Acaso el Gobierno de la República resarcirá el daño que causará a la raquítica economía informal y la pequeña y mediana empresa?
     En aquel tiempo el emperador Antonino Pío, durante su mandato, facultó a sus gobernadores para que participaran con  sus mejores ideas e iniciativas al trabajo, con un sentido de entusiasmo, propiedad y orgullo, actuando con responsabilidad y colocando los intereses del imperio primero que todo”.  
¿Que presidente de las naciones, estará poniendo muy por encima de todas las cosas, las necesidades de nuestras sociedades sin estado y actuando con responsabilidad? ...
¿Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua, Bolsonaro en el Brasil, Díaz Canel-Bermúdez en Cuba, los aprendices de dictador del triángulo norte? solo por mencionar algunos...
     ¿Cómo querrán estos gobernantes que los recuerden en el día postrero? ¿cuál será el epitafio que les pondrán en su tumba fría? ...
     Se dice que estando ya en su lecho de muerte, las  últimas palabras del emperador en cuestión,   fueron un compendio de lo que vivió a lo largo de sus 74 años: ¡Sed ecuánimes!
¡Sed ecuànimes! La ecuanimidad o equilibrio interior es ese “dominio apacible de la razón ejercido por medio de una voluntad fiel a nuestro propio ideal; no se trata de una virtud realmente distinta de las demás; sino que es la síntesis de todas ellas. La persona ecuánime juzga, quiere y actúa, tanto en las circunstancias prósperas como adversas, sin dejarse dominar por el impulso de las tendencias negativas”.
     Con la luz que arroja la axiología, la ecuanimidad  es “el fruto del esfuerzo y de la lucha continua contra las tendencias egoístas, los halagos degradantes y los vanos temores que amenazan a toda persona”. Es “una poderosa energía de precisión, cordura, armonía y equilibrio. Es imparcialidad, respuesta proporcionada, medio justo, ánimo estable ante las vicisitudes o adversidades, mente firme e imperturbable ante el elogio o el insulto, la ganancia o la pérdida, lo agradable y lo desagradable.”
     La ecuanimidad también está vinculada a la filosofìa moral, por cuando que tiene parte con la justicia, el servicio y el deber.
     La religión judeo-cristiana por consiguiente, también la tiene en  tan alta estima, al considerarla un bastión fundamental para el desarrollo moral y espiritual de quien la práctica.
     Al haber sido practicada por el emperador Antonino Pío con asiduidad, él actualizó, sintetizó y practicó todas las virtudes y, se mantuvo incólume durante su mandato, llevando una relativa paz y prosperidad al imperio, a pesar de algunas revueltas militares sin importancia que sucedieron en Judea, Mauritania y Britania.
      Antonino Pío hizo todo lo contrario a lo que hacen la mayoría de las personas que gobiernan las naciones en este tiempo, que ofrecen el “oro y el moro” pero cuando presiden el gobierno se olvidan de todos sus ofrecimientos, ávidos por la corrupción y el trato zalamero, rápido rompen relaciones con todas aquellas personas que les dicen la verdad que no quieren escuchar y así, se distancian de los intelectuales, entre los que se encuentran periodistas invendibles, defensores de derechos humanos, humanistas, teólogos, politólogos y filósofos entre otros..
     En circunstancias similares se sufre en la empresa, la industria, el comercio,  la escuela, el colegio o en la universidad, cuando se tropieza con directivos que no son ecuánimes.
¿Cuántas personas hemos sido testigos presenciales y oculares de la carencia absoluta de ese valor, en tales ejecutivos?
¿Cuántos no  hemos visto con desaire como ellos, hacen discursos apologéticos de aquellos que más dinero les lleva a los bolsillos,  congratulandose con ellos, con excesiva celeridad?
¿Cuántos no hemos escuchado con desaprobación, cuando esos mismos personajes se refieren con frases peyorativas de aquellas personas que no “producen lo suficiente” y en consecuencia, no son santos de su devoción?
 Ellos, velan únicamente por su metro cuadrado,  circunvalan en función de sus propios intereses, y lo que es peor, de continuo  adoptan frases para nada usuales para referirse a tales personas.
     Los seres humanos no debemos ser vistos como un instrumento que se puede calibrar, aunque inacabados, somos seres perfectibles y, nos estamos haciendo día a día. Nos estamos reinventando, nos estamos rehaciendo, siempre.
     No caigamos pues, en el error de la confusión que muchas veces crean los conceptos reduccionistas concebidos por una mente no muy brillante, y lejos de hacer “leña del árbol caído” tratemos de apoyarlo mediante el poder que tiene  una lengua experta para poder decir palabras de aliento para levantar al abatido. 
     En tiempos de crisis como el que atravesamos en este instante, dable es recordar y guardar en nuestro "disco duro"   que la persona ecuánime juzga, quiere y actúa tanto en las circunstancias prósperas como adversas, sin dejarse dominar por el impulso de las tendencias negativas”, aprendamos a tejer nuestra ecuanimidad con “un sereno equilibrio, paz interior, constancia y dominio de sí, de bondad y prudencia y firmeza en nuestras decisiones; ajustándose a la voluntad de Dios, buena conciencia, paciencia y afabilidad, alegría, misericordia y compasión”.
     Solo quien actué así, podrá decir con un orgulloso timbre de voz:  ¡Sed ecuánimes! ...




miércoles, 13 de mayo de 2020

Cómo rehacerse…



Jlriveirof, OP
     Como parte de las medidas complementarias a las impuestas por el gobernante de turno, algunas municipalidades, como la de la Ciudad de Cobán, Alta Verapaz, Guatemala, C.A. han cerrado total y parcialmente los mercados cantonales.
 Esa disposición causó algunas reacciones, algunas adversas, otras positivas. Por una parte,  muchos locatarios reaccionaron y se hicieron a las calles para protestar, causando bochinches en la vía pública, entre los que cabe destacar, enfrentamientos con los cuerpos policiales.
     Mientras que los que actuaron con una actitud mental positiva en ese mismo contexto, siguieron una lógica más viable, y con la frente en alto y el pecho descubierto, dispusieron reinventarse, lograron rehacerse. Decidieron cambiar sus viejas formas de hacer las cosas y salieron a las calles a hacer lo que nunca habían hecho y,  salieron de su zona de confort, del estancamiento...
Salieron de un puesto bajo el cobijo de algún viejo edificio insalubre, a recorrer las calles y las avenidas de la Ciudad...
     Esa actitud mental positiva puesta de manifiesto y adquirida bajo circunstancias adversas, llama poderosamente la atención, en virtud que  a pesar de la baja escolaridad con que cuentan muchos de ellos, hicieron lo que otras personas con más estudios, inclusive avanzados, no se atreven a hacer,  y que es  salir de su escondite, del  anonimato, de la pobreza, de la inacción.
     Válido es recalcar la vieja frase acuñada por Mahoma: “si la montaña no viene a mí, yo debo ir a la montaña”.
      Sin duda intuyeron lo que dijo Einstein alguna vez, acerca de que loco es aquel que pretende resultados diferentes, haciendo siempre lo mismo.
     ¿Cuánta gente está fracasando en estos precisos momentos por seguir haciendo lo mismo?
 O en el peor de los casos, por no hacer nada, absolutamente nada para paliar la crisis, por sortear la peste y planificar la recuperación económica, que está muriendo lentamente.
     Un ejemplo preclaro en este escenario, son los comerciantes que actuaron con positivismo, con denuedo, con intrepidez, y tomando las medidas pertinentes necesarias para no verse afectados por la pandemia, rápido tomaron decisiones, no se estancaron en el sopor que causa la misma, le dieron otro giro a su negocio, salieron de su zona de confort, algunos se hicieron de carromatos jalados no por semovientes, sino por ellos mismos, y empezaron a recorrer esos caminos vecinales, distintos y distantes, para  ofertar ellos mismos y “a todo pulmón”, sus productos consistentes en frutas, verduras y legumbres frescas.
     Salieron a tocar puertas, recibieron muchas negativas de parte de las amas de casa que se dignaron en atender, pero sin desmayar,  siguieron tocando puertas hasta encontrar el tan anhelado sí, que muchas veces se encuentra detrás de varias negativas...
     ¡Ah! Si todos fuéramos así de agresivos ¡ja! ... 
comercialmente hablando, claro está. Hace mucho tiempo habríamos salido de la pobreza, el pauperismo, la vagancia y la mendicidad.
     Triste conocer y ver a muchas personas preparadas técnica y académicamente, fracasar con estilo.
Y todo, porque no ven las cosas desde la perspectiva correcta. Carecen de una visión del futuro, una misión previamente establecida, algunos valores de la ilustración, metas y objetivos inteligentes.
Pero por sobre todas las cosas, se han mal acostumbrado a extender la mano, a rezar y a esperar que todo les caiga del cielo. ¡Vaya timo! ...

lunes, 11 de mayo de 2020

Comportamiento organizacional en tiempos de la peste …



Jlriveirof, OP
     Cuando la peste pase, todo volverá a ser igual, dicen los crédulos, sin embargo, según la opinión generalizada de  los científicos, en el mundo,  ya nada volverá a ser igual.
En ese sentido, la personalidad, las actitudes, aptitudes, valores, percepción sobre las cosas, el aprendizaje, la motivación intrínseca y extrínseca, la industria, el comercio, la fábrica, la iglesia, el colegio, la escuela o la universidad, el hogar, la sociedad, los viajes, estilos de vida, gajes del oficio, entre muchas cosas más, no volverán a ser igual. 
     Es por eso que, valiéndome por el principio de simplificar, quiero conjeturar y dedicar estas líneas al trabajo. Quizás, por ser el mejor invento del hombre y es en donde pasamos más tiempo, haciendo muchas cosas unos, y viéndolas pasar otros.
Quienes procuramos que pasen cosas, nos vemos de continuo: planificando, ejecutando, ideando, motivando, divirtiéndonos, organizando, vendiendo, comprando, creando, controlando, dirigiendo, integrando, entre muchas cosas más.
Entre esa inventiva y en la tentativa de su faena, es lamentable señalar que el trabajo, en sus mil y una forma y concepción, hoy más que nunca, está siendo vulnerado en muchos aspectos. En consecuencia, se está convirtiendo en lo más próximo a perderse.
     Se ve amenazado cuando empresarios de nombre solamente, después de muchos años de forcejear con el giro de su negocio, hoy no cuentan con los recursos pecuniarios adecuados y suficientes para paliar la crisis económica, que se deriva del simple hecho de estar cerrados temporalmente, a causa de las políticas de salubridad dictadas por el gobierno.  O si cuentan con esos recursos para mantener los vientos a su favor, se hacen de la vista gorda y se aprovechan de la situación, haciendo recortes de personal, bajando salarios, restando comisiones o haciendo economías para nada acordes a las circunstancias desfavorables que, a todos los ciudadanos del mundo, nos aquejan y nos tienen en vilo en estos precisos momentos de nuestra historia.
     Sobre ese particular, vemos como en los mares de la web, surcan vertiginosas las noticias, de cómo algunos empresarios, risiblemente los más poderosos económicamente hablando, así, como procuran pagar los impuestos que les corresponde poco a poco e intentan socavar el poco estado de bienestar (seguro social y sus pensiones) existente en el país, aprovechándose de las consecuencias que implica para la economía local y global, la propagación del coronavirus.
     Se ve afectado cuando, los dueños de las empresas o sus directivos, no tienen un concepto claro sobre lo que es el comportamiento organizacional, o se olvidan de adrede que las personas que trabajan en las organizaciones ejercen una gran influencia en ella, pero que, a su vez, la organización, también debe de reciprocar.
Lamentablemente, muchas personas que ocupan altos cargos directivos, están ahí, quizás porque tienen el apellido adecuado, o cuentan con la correcta amistad, pero su ignorancia es enciclopédica, adquirida con honores magna cum laude, cuando desconocen que lo más importante en una organización, son las personas que trabajan ahí. Su bagaje de conocimientos es tan pobre, que carecen de ese conjunto interdisciplinario de saberes, que hacen comprensible las conductas humanas.
 En el peor de los casos, muchas de estas personas, actúan como gerentes capataces. Solo saben mandar, pero no saben cómo se hacen las cosas que ellos de continuo mandan a ejecutar
     Se ve afectado cuando, el miedo a la peste los paraliza. Muchos están encerrados en sus casas, temerosos del contagio, sentados en el diván, colocado estratégicamente frente a la pared, de donde penden títulos, diplomas y logros académicos, que necesitan ver para recordar cuan ilustrados son. Cuando lo que deberían estar haciendo en estos precisos momentos, es crear alianzas estratégicas con el personal que labora con ellos,  virtud que a ambos les corresponde empezar a gestar la productividad y la recuperación económica.
      Es ahí, inmersos en el sopor que causa la complacencia en donde muchos pasan silenciosas las horas, atentos de los medios noticiosos para saber cómo va la curva de la pandemia y esperando el último informe para ver si sus ganancias se van a pique, se desaceleran o suben gracias a la acción y al efecto de la fuerza del trabajo del hombre. Aquellos, que   se rajan con asiduidad y con tesón la depresión tropical que tienen al final de sus espaldas, de sol a sol, inmersos en la putrefacción de la pandemia. Y, aun así, como un “incentivo emocional”, destilan el fruto del trabajo y del esfuerzo hasta niveles insospechados, con tal de maximizar sus utilidades, aunque frunzan la economía de la clase trabajadora, a quien eufemísticamente llaman sus colaboradores.
     Se ve afectado cuando, estos directivos están al pendiente solamente de los aspectos visibles del comportamiento organizacional, tales como: el cumplimiento fidedigno de políticas, estrategias, metas, objetivos, el cuido de sus equipos tecnológicos, móviles, automóviles, instalaciones locativas, etc.  Olvidándose que lo más importante, que a lo que más se le debe prestar atención y dar mantenimiento es a los aspectos invisibles del comportamiento organizacional, entiéndase como: el clima laboral, las percepciones, conductas, comportamientos, la psique y el ethos de las personas.
     ¿Por qué no dar mantenimiento a la psique de los trabajadores, es decir a su “alma humana”? ¿Por qué no dar mantenimiento al ethos de los trabajadores, es decir a sus costumbres, conductas, caracteres y personalidades? …
Sabemos de antemano que, si el cuidado de la psique y el ethos, se pusiera muy por encima de todas las cosas, se obtendría la excelencia en grado superlativo.
     En ese orden de ideas, el desempeño de las personas y en consecuencia el de la organización, sería pronto y cumplido. Veamos porqué ...
     El compromiso de los trabajadores sería más grande. Derivaría en menos rotación, menos ausentismo, menos tiempo perdido, menos paralización del trabajo. Ello redundaría en más satisfacción laboral, más desempeño, más esfuerzo, más desarrollo, menos costos y más utilidades, etc.
     La fidelidad, la competencia y la motivación de los trabajadores, sería totalmente superior.
     La satisfacción en el puesto de trabajo sería sana, atrayendo y reteniendo el talento y conquistando su compromiso.
     El empoderamiento a los trabajadores se lograría si y solo si, se les otorga una ciudadanía organizacional. Ese concepto expresa que los comportamientos individuales de cada trabajador, van más allá de los deberes y exigencias que requiere de continuo la organización. Eso vendría a constituir una ventaja competitiva para la empresa y un desempeño superior, si se compara con sus pares…
     Ese sería el ideal, pero de la concepción de la idea a su ejecución hay un océano de por medio. La pregunta en esta época de crisis es ¿quién se animará a concebirla, desarrollarla y ejecutarla?
     He ahí la cuestión, diría Shakespeare …

Fuentes bibliográficas:
Idalverto Chiavenato, Comportamiento Organizacional, la dinámica del éxito en las organizaciones, segunda edición.