lunes, 20 de junio de 2016

“Brevísima relación entre un corredor de fondo y uno de seguros”

Por jlriveirof, OP

     Para salir un poco de la alienante y esclavizante rutina, un lunes cualquiera, día de nuestra acostumbrada reunión de saco y corbata en el interior de la agencia de seguros GyT Cobán, dimos un giro bastante dramático  a la misma y revirtiendo el orden de las cosas nos despojamos de nuestra indumentaria de trabajo y  nos pusimos ropa deportiva para dirigirnos al Parque Nacional las Victorias -área protegida y pulmón urbano, ubicado en el corazón del imperio cobanero- para correr en una de sus pistas de atletismo; las hay de todas las medidas y grados de dificultad según la disposición y la preparación  de los atletas: el Caracol tiene ocho kilómetros, la Monjita uno  doscientos metros,  la Verapaz uno seiscientos metros, la Timil -que en idioma maya queckchí significa despacio dos  y medio  y la Montaña cuatro.  

     Todas estas pistas  están  enclavadas en la densa montaña; con subidas y bajadas vertiginosas y uno que otro  obstáculo natural que dificulta el tránsito; accidentes geográficos, animales rastreros como la serpiente de coral, coralillo y falso coral, la primera venenosa pero menos tóxica que  las que se pueden encontrar a lo interno de las organizaciones y que intentan recomendarse más con la lengua que con la ejecución de su trabajo.  Por acuerdo  decidimos correr medio caracol, partiendo de lo fácil a lo difícil. Inmerso en el verdor del bosque hice mías las palabras de Hegel y  previamente “traté de reconciliarme conmigo mismo y con los demás en los brazos de la naturaleza” para que el proceso de evaluación laboral, tuviera un feliz término.

     Durante nuestro tránsito por la vereda boscosa me percate que el grado de preparación psicofísica del personal es diferente; algunos necesitaron “doble y retranca” para acelerar cuesta arriba; otros necesitaron alguno que otro descanso para recuperar el ánimo; la motivación también fue diferente; máxime cuando los kilómetros hacia arriba se hacían interminables. El trabajo en equipo fue notable en aquellos que practican el atletismo de fondo con asiduidad, desacelerando el paso y afectando su tiempo fueron a animar e influenciar a los que se habían retrasado. Tarareando al poeta recordé aquellas palabras con que solía darme ánimo al comienzo de mi actividad en la aseguranza: “Cuando todo tu camino sea cuesta arriba, descansar acaso debas pero nunca desistir”.

     Concluida la actividad física, nos dirigimos a la laguna  ubicada en un paraje paradisíaco dentro del parque, para descansar, almorzar y hacer un análisis de los escenarios que afectan nuestra situación concreta. También para ver cómo estamos desde una perspectiva integral de la persona. Muchas veces esos análisis parecen ser una filosofía laboral de reproche, pero al juzgar la misma lo que se pretende es, obtener un compromiso que transforme todas esas realidades con eficacia. Hay que tener presente que, una de las primeras tareas de la filosofía es precisamente esa: analizar una situación e incidir en ella favorablemente, para cambiarla.

     Obviamente, en todas las organizaciones –incluyendo la mía-  encontraremos personas que no les interesa cambiar las cosas y protestan cuando vemos, juzgamos y actuamos concretamente en ella. Ya en su tiempo, Karl Marx pensaba en su obra El materialismo histórico,  que no es suficiente con protestar, hay que transformar la realidad socio-económica dominante. Significa que, esas  estructuras sociales que comprende la economía, la política y la ideología y todo lo que tenga relación o vinculación debe transformarse. En tal virtud, nuestro actuar siempre debe encaminarse a  metamorfosear esas realidades temporales, cambiándolas, y ese cambio es extensivo a las personas, empezando con nosotros mismos, para alcanzar a los demás, solo así podemos darle un sentido a la existencia, viendo, juzgando y actuando. Lo que no se examina no se mejora. Ya lo dijo Sócrates “una vida no examinada no merece la pena ser vivida”.  

      Imitando a Karl Marx  quien luchaba contra la injusticia social que enclaustra todas las estructuras económicas,  nosotros desde  nuestra ocupación, cualquiera que esta sea, podemos y debemos  batallar contra todas las pobrezas que existen, que perturban y tiranizan al ser humano –material, espiritual, organizacional entre un largo etcétera- y por eso, esas acostumbradas reuniones en el seno de nuestra organización,  conllevan a que nuestros análisis tengan una disposición  a la acción, que viene a ser como la clave para trasfigurar todas nuestras realidades.

     Ahora bien, volviendo a la parte medular de estas reflexiones,  hicimos una equivalencia entre nuestro trabajo y el de un corredor de fondo;   concluimos que tanto el uno como el otro necesita de una preparación física, mental, espiritual; entrenamiento y re-entrenamiento para  estar en forma y poder así alcanzar las metas y los objetivos que se plantean; como el scout  ambos deben “vencerse a sí mismos”, para cumplir a cabalidad sus metas y objetivos y  al superarlas;  inmediatamente se debe trazar la siguiente.
     Tanto en la asesoría  de seguros como en el atletismo de fondo, las personas no buscan atajos,  ni sendas fáciles, continuamente están en carrera; trabajan  sobre sus capacidades psicológicas y emocionales para no caer en la rutina, el acomodo y el sopor de la complacencia que causa la zona de confort. En ambos, el cumplimiento de sus metas  incrementa su valía y su auto-concepto.


     Pasado el mediodía,  multiplicamos  “los panes y los peces” que llevábamos dentro  del morral  y almorzamos debajo de la arboleda, sirviéndonos   como  testigos presenciales  los palos de chut que callados reposan en el bosque y el lagarto que habita las profundidades de la laguna, quien,  al escuchar nuestras promesas de cambios significativos y profundos y los planes y proyectos de futuro,   sin duda,   esbozó una   sonrisa filosófica…

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