miércoles, 22 de junio de 2016

“Sirvo al Dios Altísimo, al único Dios Verdadero”


Por
 Jlriveirof, OP

     La denominación de este artículo tiene en  Juan de Dios de la Cruz Rodríguez López, ex presidente del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social su inspiración, cuando dijo al “honorable juzgador” Miguel Ángel Gálvez: “sirvo al Dios Altísimo, al único Dios verdadero, a Jehová de los ejércitos. Anunció el evangelio de la paz y la salvación en Cristo Jesús”. 
    
     Boquiabierta y perpleja  dejo a la audiencia y a una gran mayoría de guatemaltecos durante su interrogatorio, cuando sus infaustas declaraciones clamaron en la sala.  Como puede presumir alguien que  guarda prisión preventiva semejante servicio, ante la abundancia de delitos, cometidos presumiblemente durante su gestión administrativa en el seguro social: entre los cuales resaltan la “coperacha” por más de cuatro millones de quetzales para satisfacer los extravagantes gustos  del  jefe de la línea Otto Pérez Molina, -para comprarle lancha, automóvil y casa- la defraudación aduanera y el caso “IGGS Pisa” por el que será juzgado por asociación ilícita, cohecho activo y cobro ilegal de comisiones.
     Además, se verificó que este exiguo “servidor del Dios Altísimo y predicador del evangelio de la paz” es responsable  de al menos unas cuarenta y cinco muertes, por las anomalías presentadas en la adjudicación a la droguería Pisa para que prestara los servicios de diálisis peritoneal a enfermos renales, a quienes suministraron productos inadecuados.

 Entonces, ante esa profunda inadecuación entre lo que dice  y hace el imputado ¿No serán exageradas sus fantasías?

     Matizando con un poco de sarcasmo el contenido de este escrito, hasta el nombre cristiano con que bautizaron al susodicho resulta desconcertante, dice llamarse Juan de Dios de la Cruz, pero al parecer nunca ha vivido como un Juan de Dios ante la pesada cruz que hoy pesa sobre las espaldas de los miles de usuarios del seguro social, impuesta claro está, por este Juan que hoy se da “baños de pureza” y  proclama ser de Dios.  
     Acaso “servir al Dios Altísimo, al único Dios verdadero, a Jehová de los ejércitos” Anunciar el evangelio de la paz y la salvación en Cristo Jesús” corresponde e identifica a alguien como él. Tales afirmaciones son incoherentes e irreverentes,  ante tanto señalamiento de grueso calibre en su contra y, que de comprobarse y ser vencido en juicio, tendrá que purgar largos años en una penitenciaría.

      En esa coyuntura como le llamamos: ¿Juan de Dios o Juan del diablo?

     Por algo le apodan Belcebú, que significa “el señor de las moscas”, un nombre que es utilizado por la tradición cristiana para designar al príncipe de los demonios, aunque otras tradiciones expresan con claridad que este Belcebú, en común unión con Lucifer y Astaroth conforman el triunvirato que gobierna Pandemónium –capital del reino infernal en el Paraíso perdido de John Milton- y sus catervas de ángeles caídos.
    
     De acuerdo a las implicaciones entonces,  Otto Pérez Molina, Roxana Baldetti y Juan de Dios de la Cruz Rodríguez López,   representan muy bien a esta triada del mal ante los hechos por los que hoy son señalados y por las estrategias de desprestigio  que dirigen sus “abogansters” en insensato contubernio con ellos.

     No basta decir “sirvo al Dios Altísimo” hay que demostrarlo, de nada sirve relativizar el mal, hay que evitarlo y  denunciarlo hasta las últimas consecuencias.  

     Ahora bien, según las tachas que el  Ministerio Público y la CICIG  hacen en contra de este reciente “servidor de Jehová de los ejércitos” creo que, en algo se parece a Pol Pot,  que mando a enterrar  vivos a miles de hombres, disminuyó a la población de Camboya por desapariciones y por desnutrición y enfermedades no atendidas y mal atendidas…
     ¿Acaso no algo similar hizo Juan del diablo cuando desabasteció y atracó al Seguro Social?,  cuyo  desmadre es total hasta el día de hoy, convirtiendo  así  a esa institución en el altar en donde se siguen sacrificando a cientos de miles de víctimas, ante la falta de los servicios primarios.

     ¿Podrá llamarse a eso “anuncio del evangelio de la paz”?, ¿será acaso un anuncio de “la salvación en Cristo Jesús”?
     Por supuesto que no, sus actos  contrastan con los de un verdadero “servidor del Dios Altísimo”,  de un verdadero profeta que anuncia la buena noticia y denuncia la injusticia. Ya desde Moisés los textos veterotestamentarios nos narran como los  “servidores del único Dios verdadero” los profetas,  velaban por los huérfanos, las viudas, los esclavos, los extranjeros y los desposeídos y en el Nuevo Testamento Jesús insiste que las obras de misericordia  como dar de comer al hambriento, visitar al preso,  al enfermo y vestir al desnudo, son  las que Dios tendrá en cuenta para dejarnos pertenecer a su reino y explicita que ni la piedad ni la religiosidad, sino la ética que uno tuvo con el prójimo es la que al final de cuentas,  nos salvará. Mateo (25, 31,46).

     Además de lo expuesto anteriormente, podríamos subrayar que los auténticos servidores del Dios Altísimo, tienen un buen testimonio de vida y, antes de predicar la buena noticia son  “el quinto evangelio”. Hacen lo que dicen  y dicen lo que hacen.

     Válgame añadir también, una sinopsis sobre lo que pensaban los místicos renanos acerca de lo que hace bueno a una persona –independientemente de su confesión religiosa- siendo puntuales en tres cosas:

01.- La integridad del corazón, cuando no lo hostiga la conciencia por la comisión de algún pecado grave  cometido en contra de Dios, de uno mismo y de los demás.
02.- Obedecer a Dios, a la Santa Iglesia y a la recta razón y,
03.- Pretender  la honra divina en todas nuestras acciones, es decir dar el crédito a Dios por todo lo que hacemos y tenemos.

      ¿La caterva de pingos  del caso la línea tendrá acaso esas características?

     Respecto a la presunta conversión al cristianismo del Señor Juan de Dios de la Cruz después de su encarcelamiento,  dejémosla en eso: hipotética.  Toda vez que “La religión pura e intachable ante Dios Padre es esta: visitar huérfanos y viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo”.  Santiago (1, 27).
     El referido militar en disconformidad con el párrafo  anterior presuntamente dejó muchas viudas y huérfanos a consecuencia de la triangulación de negocios perpetrados en su gestión pública y hoy se conserva contaminado en el mundo de las redes sociales, hasta que en el juicio que lo espera demuestre todo lo contrario.

     Y después de todo eso, solo el tiempo nos dirá,  si esa transformación de la que habla será  temporal o permanente. Siendo importante recalcar  que la conversión que nace del corazón y no de la conveniencia y el miedo no se da de la noche a la mañana, tampoco  abrazando y leyendo una Biblia en lugares públicos, sino practicando su contenido, menos repitiendo fría y calculadamente sin ningún fundamento bíblico  fórmulas de aceptación y seguimiento de una gracia barata.
      Impensable suponer entonces que, con ese rito,  “el abogado defensor sea Jesucristo y el fiscal acusador  Satanás” durante  el tiempo que dure el proceso,  como ahora insinúa Don Juan de Dios de la Cruz, alias Belcebú.


     Cabe esperar entonces, ver quién ganará la batalla  entre el bien y el mal, ambos representados por el Ángel Miguel –Gálvez- y Belcebú –Rodríguez- respectivamente…

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