Por
Jlriveirof, OP
La denominación de este artículo
tiene en Juan de Dios de la Cruz Rodríguez
López, ex presidente del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social su inspiración,
cuando dijo al “honorable juzgador” Miguel Ángel Gálvez: “sirvo al Dios Altísimo, al único Dios verdadero, a Jehová de los
ejércitos. Anunció el evangelio de la paz y la salvación en Cristo Jesús”.
Boquiabierta
y perpleja dejo a la audiencia y a una
gran mayoría de guatemaltecos durante su interrogatorio, cuando sus infaustas declaraciones
clamaron en la sala. Como puede presumir
alguien que guarda prisión preventiva
semejante servicio, ante la abundancia de delitos, cometidos presumiblemente
durante su gestión administrativa en el seguro social: entre los cuales
resaltan la “coperacha” por más de cuatro millones de quetzales para satisfacer
los extravagantes gustos del jefe de la línea Otto Pérez Molina, -para
comprarle lancha, automóvil y casa- la defraudación aduanera y el caso “IGGS
Pisa” por el que será juzgado por asociación ilícita, cohecho activo y cobro
ilegal de comisiones.
Además, se verificó que este exiguo “servidor del Dios Altísimo y predicador
del evangelio de la paz” es responsable de al menos unas cuarenta y cinco muertes, por
las anomalías presentadas en la adjudicación a la droguería Pisa para que
prestara los servicios de diálisis peritoneal a enfermos renales, a quienes
suministraron productos inadecuados.
Entonces, ante esa profunda inadecuación
entre lo que dice y hace el imputado ¿No
serán exageradas sus fantasías?
Matizando con un poco de
sarcasmo el contenido de este escrito, hasta el nombre cristiano con que
bautizaron al susodicho resulta desconcertante, dice llamarse Juan de Dios de
la Cruz, pero al parecer nunca ha vivido como un Juan de Dios ante la pesada
cruz que hoy pesa sobre las espaldas de los miles de usuarios del seguro
social, impuesta claro está, por este Juan que hoy se da “baños de pureza” y proclama ser de Dios.
Acaso “servir al Dios Altísimo, al único Dios verdadero, a Jehová de los
ejércitos” Anunciar el evangelio de la paz y la salvación en Cristo Jesús” corresponde
e identifica a alguien como él. Tales afirmaciones son incoherentes e irreverentes, ante tanto señalamiento de grueso
calibre en su contra y, que de comprobarse y ser vencido en juicio, tendrá que
purgar largos años en una penitenciaría.
En esa coyuntura como le llamamos: ¿Juan de Dios o Juan del diablo?
Por algo le apodan Belcebú, que
significa “el señor de las moscas”, un
nombre que es utilizado por la tradición cristiana para designar al príncipe de
los demonios, aunque otras tradiciones expresan con claridad que este Belcebú,
en común unión con Lucifer y Astaroth conforman el triunvirato que gobierna
Pandemónium –capital del reino infernal en el Paraíso perdido de John Milton- y
sus catervas de ángeles caídos.
De acuerdo a las implicaciones
entonces, Otto Pérez Molina, Roxana
Baldetti y Juan de Dios de la Cruz Rodríguez López, representan muy bien a esta triada del mal
ante los hechos por los que hoy son señalados y por las estrategias de
desprestigio que dirigen sus “abogansters”
en insensato contubernio con ellos.
No basta decir “sirvo al Dios Altísimo” hay que
demostrarlo, de nada sirve relativizar el mal, hay que evitarlo y denunciarlo hasta las últimas consecuencias.
Ahora bien, según las tachas que
el Ministerio Público y la CICIG hacen en contra de este reciente “servidor de Jehová de los ejércitos” creo
que, en algo se parece a Pol Pot, que
mando a enterrar vivos a miles de
hombres, disminuyó a la población de Camboya por desapariciones y por
desnutrición y enfermedades no atendidas y mal atendidas…
¿Acaso no algo similar hizo Juan
del diablo cuando desabasteció y atracó al Seguro Social?, cuyo
desmadre es total hasta el día de hoy, convirtiendo así a esa
institución en el altar en donde se siguen sacrificando a cientos de miles de víctimas,
ante la falta de los servicios primarios.
¿Podrá llamarse a eso “anuncio del evangelio de la paz”?, ¿será
acaso un anuncio de “la salvación en
Cristo Jesús”?
Por supuesto que no, sus actos contrastan con los de un verdadero “servidor del Dios Altísimo”, de un verdadero profeta que anuncia la buena
noticia y denuncia la injusticia. Ya desde Moisés los textos veterotestamentarios
nos narran como los “servidores del único Dios verdadero” los profetas, velaban por los huérfanos, las viudas, los
esclavos, los extranjeros y los desposeídos y en el Nuevo Testamento Jesús
insiste que las obras de misericordia
como dar de comer al hambriento, visitar al preso, al enfermo y vestir al desnudo, son las que Dios tendrá en cuenta para dejarnos
pertenecer a su reino y explicita que ni la piedad ni la religiosidad, sino la
ética que uno tuvo con el prójimo es la que al final de cuentas, nos salvará. Mateo (25, 31,46).
Además de lo expuesto
anteriormente, podríamos subrayar que los auténticos servidores del Dios
Altísimo, tienen un buen testimonio de vida y, antes de predicar la buena noticia
son “el quinto evangelio”. Hacen lo que dicen y dicen lo que hacen.
Válgame añadir también, una sinopsis
sobre lo que pensaban los místicos renanos acerca de lo que hace bueno a una
persona –independientemente de su confesión religiosa- siendo puntuales en tres
cosas:
01.- La integridad del corazón, cuando no lo hostiga la conciencia por la
comisión de algún pecado grave cometido
en contra de Dios, de uno mismo y de los demás.
02.- Obedecer a Dios, a la Santa Iglesia y a la recta razón y,
03.- Pretender la honra divina en
todas nuestras acciones, es decir dar el crédito a Dios por todo lo que hacemos
y tenemos.
¿La caterva de pingos del caso la
línea tendrá acaso esas características?
Respecto a la presunta
conversión al cristianismo del Señor Juan de Dios de la Cruz después de su
encarcelamiento, dejémosla en eso:
hipotética. Toda vez que “La religión pura e intachable ante Dios
Padre es esta: visitar huérfanos y viudas en su tribulación y conservarse
incontaminado del mundo”. Santiago (1,
27).
El referido militar en
disconformidad con el párrafo anterior presuntamente
dejó muchas viudas y huérfanos a consecuencia de la triangulación de negocios perpetrados
en su gestión pública y hoy se conserva contaminado en el mundo de las redes
sociales, hasta que en el juicio que lo espera demuestre todo lo contrario.
Y después de todo eso, solo el
tiempo nos dirá, si esa transformación
de la que habla será temporal o
permanente. Siendo importante recalcar que la conversión que nace del corazón y no de
la conveniencia y el miedo no se da de la noche a la mañana, tampoco abrazando y leyendo una Biblia en lugares
públicos, sino practicando su contenido, menos repitiendo fría y calculadamente
sin ningún fundamento bíblico fórmulas
de aceptación y seguimiento de una gracia barata.
Impensable suponer entonces que,
con ese rito, “el abogado defensor sea Jesucristo y el fiscal acusador Satanás” durante el tiempo que dure el proceso, como
ahora insinúa Don Juan de Dios de la Cruz, alias Belcebú.
Cabe esperar entonces, ver quién
ganará la batalla entre el bien y el
mal, ambos representados por el Ángel Miguel –Gálvez- y Belcebú –Rodríguez- respectivamente…

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