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Sin embargo, desde ese primer momento, los humanos le hemos declarado "la madre de todas las batallas" a la
tierra, y haciendo gala de nuestra estulticia adrede hemos cambiado el término expreso
de sometan según
nuestra conveniencia por el de somaten,
hasta el día de hoy.
Hemos iniciando una guerra sin cuartel en contra de
todo aquello que es fuente de vida, como el agua, oxigeno, alimentación, vivienda,
seguridad, confort, salud y seguridad; y
precisamente por ello, hemos mutado de imagen y semejanza de Dios a imagen y
semejanza del más abominable de los espectros,
en virtud que de todos los seres de la creación, somos los únicos que defecamos sobre el plato en donde
nos sirven la comida.
En su defensa, ni lenta ni
perezosa la tierra empezó a llevar a cabo su venganza, y se ha defendido a capa
y espada de sus victimarios, pasando una factura cada vez más onerosa,
impagable e impostergable; de tal suerte que si no hacemos algo hoy, para
resarcir el daño que le seguimos ocasionado, nuestros hijos y los hijos de sus
hijos, verán su furia demoledora en toda su magnificencia.
A los hijos de
este tiempo nos toca, en adición al
calentamiento corporal causado por la andropausia y la menopausia, empezar a
sufrir las consecuencias que el
calentamiento global ha comenzado a musitar y que lejos de minimizar su
impacto, se acelerará con el paso indefectible del tiempo; y nos azotará con
toda su furia a través de huracanes, ciclones, tifones, vientos
tempestuosos, tornados, sequías, perdida
de la fertilidad del humus de la tierra, entre un largo e inacabado etcétera…
¿De qué le servirá al capitalismo voraz, alienante y
esclavizante ganar todo el dinero del mundo, si perderemos nuestra casa común?,
¿para que podrá servir todo ese dinero obtenido de los grandes sembradíos de
soya, palma africana y otros cultivos si éstos están acabando con la fauna y la
flora?, ¿para que podrán servir las grandes extensiones de tierra, cuyos
bosques se están talando inmisericordemente para darle paso a la industria ganadera, entre otras cosas?
Para darle sustento
a los hechos descritos en los párrafos anteriores,
tengo a la vista la obra de Luis Tamayo, La Locura Ecocida. Ecosofía Psicoanalítica;
y de sus páginas me llama poderosamente la atención algunas de las amenazas que el cambio ambiental a nivel mundial nos
presenta como consecuencia de somatar en lugar de someter la tierra,
caracterizada por “una severa crisis económica, desempleo, pobreza, hambre y
una creciente desigualdad, aumento de la temperatura global, desastres
hidrometereológicos más severos, escasez y deterioro del agua, aire contaminado
y un proceso agudo de desertificación”…
En apretada síntesis analicemos el daño que le estamos
causando a nuestra casa común y en consecuencia a nosotros mismos y a los hijos de nuestros
hijos in saecula saeculorum...
El Calentamiento global
Siendo un tanto
sarcástico el calentamiento corporal nos está quemando la corteza cerebral y al deteriorarse nuestra capacidad analítica, estamos quemando la tierra intencionalmente o no, con la finalidad
de hacer un aprovechamiento de los bosques sin cumplir con las especificaciones
legales, así como la industria automotriz, la explotación petrolífera, ganadera,
hidroeléctrica, que están agravando los fenómenos hidrometereológicos; cuyos
riesgos son: agravamiento de los ciclones tropicales, inundaciones, nevadas, tormentas eléctricas,
sequías, lluvias torrenciales, temperaturas extremas, mareas de tempestad e
inversiones térmicas, incendios forestales; estos últimos que se han agravado
en Guatemala como consecuencia de la industria ganadera y sembrado de
grandes extensiones de palma africana, amén de quemas de bosques a propósito
para beneficiar la madera por medios ilegales.
Lo anterior expuesto nos lleva de la mano a una
desertificación y la muerte de seres vivos; así como al derretimiento de los
polos y glaciares, que incidirá nefastamente sobre el nivel de los mares y
posibles anegamientos en ciudades. Amén de las políticas económicas
neoliberales que el capitalismo alienante, esclavizante y voraz lleva a la
práctica con los desvíos y contaminación de ríos por empresas azucareras en la
Costa Sur y de palma africana, que en fechas no muy lejanas causaron un
ecocidio en el río la Pasión a su paso por Sayaxché, El Petén.
La sobre población
La petición expresa de parte de Dios al hombre en el libro del Génesis -1, 22- de ser
fecundos y multiplicarse, no hay que tomarla de forma literal, como lo
hacen hoy día los fundamentalistas
religiosos, en virtud que a mayor población, mayor es el diezmo que recaudan. Hoy
es un crimen no planificar el nacimiento de los hijos y tal planificación
familiar no constituye ningún pecado como lo aseguran los réprobos. Un
pensamiento retrógrado en extremo y que encuentra su caldo de cultivo
especialmente en las clases marginales pobres y extremadamente pobres; quizás
por la falta de acceso a la salud y
seguridad, estudio y cultura entre otras causas sociales. Lo anterior
expuesto es fácil connotarlo en las áreas rurales de nuestra Guatemala
profunda, con la retahíla de hijos casi seguidos, harapientos, descalzos, desnutridos
y lombricientos por la falta de una economía que permita una sana subsistencia.
Enfermedades emergentes
Antes en la Verde
Verapaz llovía trece meses al año, así decían los antiguos para expresar que en
Cobán llovía todo el tiempo. El chipi chipi -caída constante de llovizna- y los bosques nubosos eran nuestra
mayor riqueza, el agua que corría por los afluentes era de un color azul límpido, antes que las municipalidades
irresponsables lanzaran las excretas y las aguas servidas de la población a sus
afluentes como hoy día lo hacen de forma despiadada, evidenciando de forma contundente que carecen de responsabilidad social y que irrespetan las
leyes de saneamiento ambiental.
En aquellos tiempos idos, la Ciudad de Cobán era una población fría, y por consiguiente no
se veían enfermedades propias de las costas, y los mosquitos, vectores de
malaria, dengue y muchas otras enfermedades ocasionadas por virus
mutantes, no habían invadido nuestro
hábitat antes de que el calentamiento global y la sobre población empezara a
surtir sus efectos.
A la vez; en las áreas rurales de Guatemala se veían
animales pastar a cielo raso, algo que
ya no es muy común ver hoy, y como consecuencia de la explotación humana y animal,
el capitalismo galopante en aras de maximizar su riqueza y minimizar el gasto, violentan
la sobre vivencia de los animales domésticos de forma inhumana, teniéndolos bajo circunstancias
deplorables.
En adición a lo
anterior expuesto, y con el objetivo de obtener
mayores ganancias y mayores libras de peso, les inyectan anabólicos y les dan una alimentación “enriquecida” con
hormonas para acelerar su crecimiento. En muchas granjas a los cerdos le son amputados los antebrazos para que no se
puedan movilizar y así aprovechar el engorde, otros son engordados mediante un
método en donde son metidos en jaulas verticales y solo alimentan al que está arriba, los de abajo se alimentan con las heces
fecales que evacuan los primeros. A estos animales les llaman coprófagos porque
se alimentan de excrementos; un método que muchos sistemas políticos aplican a los habitantes del tercer y cuarto mundo;
cuyos habitantes ya están comiendo lo que comen los cerdos que están abajo.
Una de las muchas consecuencias
que se derivan de esas prácticas capitalistas, inhumanas y voraces, es el cáncer
que a mucha gente le está dando por la ingesta de esos productos derivados de
su insensatez. Y como si eso fuera poco, también son causantes de la
recombinación del virus AH1 N1; con cargas letales de severas consecuencias.
Envenenamiento de la tierra
Quienes exacerban
con denuedo son los agro industriales; con nombre y apellido extranjero:
Monsanto, Syngenta, Dupont, Bayer entre otras tantas empresas asesinas, que con
su falsa propaganda y por la producción
y comercialización despiadada de toda clase de venenos con la presentación legal
de pesticidas, herbicidas, abonos foliares y semillas transgénicas que se
vierten sobre nuestra pobre Pachamama a todo su largo y ancho. Un envenenamiento que está matando la tierra y
los afluentes que serpentean sobre ella,
ocasionado la muerte de miles de millones de enjambres de abejas, que
con su desaparición forzada, se disminuye la polinización de los cultivos. Obviamente,
ante esas grandes oligarquías transnacionales ningún gobierno se pronuncia en su contra; quizás por coimas que pagan a los
politiqueros de turno, como lo hizo Monsanto con algunos dipugánsteres del
Congreso de la República de Guatemala; que le dieron vida al Decreto 19-2014,
llamado “Ley Monsanto”.
Pues entonces; nosotros los ciudadanos del mundo, en virtud de nuestras prácticas pusilánimes y sociales, políticas, económicas, religiosas y culturales; muchas de ellas anti éticas y perversas; vamos de la mano con esos pseudo empresarios que anuncian falsamente que sus productos son “100%
biodegradables, que no dejan residuos en el suelo y respetan al medio ambiente”; y en comunión tergiversamos el mandamiento que recibimos de parte de
Dios de someter la tierra, y lejos de dominarla para nuestro sumo bien, la estamos somatando y por consiguiente rematamos todo aquello que tiene vida sobre su faz…
Fuentes bibliográficas:
Luis Tamayo, La Locura Ecocida. Ecosofía Psicoanalítica. –Filosofía
ambiental-
Estoy totalmente con usted mi hrrmano Jose Luis, como dominucos tenemos que dar el primer paso, pero no quedarnos alli, en letra muerta si mo hacerla vida, en nosotros mismos.
ResponderEliminarDominicos
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