domingo, 26 de mayo de 2019

¿Someter la tierra o somatarla?




Jlriveirof

     Concluyese de los textos veterotestamentarios que Dios en el comienzo de la creación concedió el planeta tierra a la humanidad  como un primer don, según se puede colegir  del primer libro del Pentateuco, Génesis -1, 28-  “Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra y sométanla; manden en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra”.  Esa fue la primera bendición y el primer mandato que la primera pareja legendaria recibió de parte del mismo Dios.
Sin embargo, desde ese primer momento, los humanos le hemos declarado "la madre de todas las batallas"  a la tierra, y haciendo gala de nuestra estulticia adrede hemos cambiado el término expreso de sometan según nuestra conveniencia  por el de  somaten,  hasta el día de hoy. 
Hemos iniciando una guerra sin cuartel en contra de todo aquello que es fuente de vida, como el agua, oxigeno, alimentación, vivienda, seguridad, confort, salud y seguridad; y precisamente por ello, hemos mutado de imagen y semejanza de Dios a imagen y semejanza del más abominable de los  espectros, en virtud que de todos los seres de la creación, somos los  únicos que defecamos sobre el plato en donde nos sirven la comida.

     En su defensa, ni lenta ni perezosa la tierra empezó a llevar a cabo su venganza, y se ha defendido a capa y espada de sus victimarios, pasando una factura cada vez más onerosa, impagable e impostergable; de tal suerte que si no hacemos algo hoy, para resarcir el daño que le seguimos ocasionado, nuestros hijos y los hijos de sus hijos, verán su furia demoledora en toda su magnificencia.

     A los hijos de este tiempo  nos toca, en adición al calentamiento corporal causado por la andropausia y la menopausia, empezar a sufrir las consecuencias  que el calentamiento global ha comenzado a musitar y que lejos de minimizar su impacto, se acelerará con el paso indefectible del tiempo; y nos azotará con toda su furia a través de huracanes, ciclones, tifones, vientos tempestuosos,  tornados, sequías, perdida de la fertilidad del humus de la tierra, entre un largo e inacabado etcétera…
¿De qué le servirá al capitalismo voraz, alienante y esclavizante ganar todo el dinero del mundo, si perderemos nuestra casa común?, ¿para que podrá servir todo ese dinero obtenido de los grandes sembradíos de soya, palma africana y otros cultivos si éstos están acabando con la fauna y la flora?, ¿para que podrán servir las grandes extensiones de tierra, cuyos bosques se están talando inmisericordemente para darle paso a la industria  ganadera, entre otras cosas?

    Para darle sustento a los hechos descritos  en los párrafos anteriores, tengo a la vista la obra de Luis Tamayo, La Locura Ecocida. Ecosofía Psicoanalítica; y de sus páginas me llama poderosamente la atención algunas de las amenazas  que el cambio ambiental a nivel mundial nos presenta como consecuencia de somatar en lugar de someter la tierra, caracterizada por “una severa crisis económica, desempleo, pobreza, hambre y una creciente desigualdad, aumento de la temperatura global, desastres hidrometereológicos más severos, escasez y deterioro del agua, aire contaminado y un proceso agudo de desertificación”

En apretada síntesis analicemos el daño que le estamos causando a nuestra casa común y en consecuencia  a nosotros mismos y a los hijos de nuestros hijos in saecula saeculorum...

El Calentamiento global

     Siendo un tanto sarcástico el calentamiento corporal nos está quemando la corteza cerebral  y al deteriorarse nuestra capacidad analítica,  estamos quemando la tierra intencionalmente o no, con la finalidad de hacer un aprovechamiento de los bosques sin cumplir con las especificaciones legales, así como la industria automotriz, la explotación petrolífera, ganadera, hidroeléctrica, que están agravando los fenómenos hidrometereológicos; cuyos riesgos son: agravamiento de los ciclones tropicales, inundaciones, nevadas, tormentas eléctricas, sequías, lluvias torrenciales, temperaturas extremas, mareas de tempestad e inversiones térmicas, incendios forestales; estos últimos que se han agravado en Guatemala como consecuencia de la industria  ganadera y sembrado de grandes extensiones de palma africana, amén de quemas de bosques a propósito para beneficiar la madera por medios ilegales.
Lo anterior expuesto nos lleva de la mano a una desertificación y la muerte de seres vivos; así como al derretimiento de los polos y glaciares, que incidirá nefastamente sobre el nivel de los mares y posibles anegamientos en ciudades. Amén de las políticas económicas neoliberales que el capitalismo alienante, esclavizante y voraz lleva a la práctica con los desvíos y contaminación de ríos por empresas azucareras en la Costa Sur y de palma africana, que en fechas no muy lejanas causaron un ecocidio en el río la Pasión a su paso por Sayaxché,  El Petén.

La sobre población

     La petición  expresa de parte de Dios al hombre  en el libro del Génesis -1, 22- de ser fecundos y multiplicarse, no hay que tomarla de forma literal, como lo hacen  hoy día los fundamentalistas religiosos, en virtud que a mayor población, mayor es el diezmo que recaudan. Hoy es un crimen no planificar el nacimiento de los hijos y tal planificación familiar no constituye ningún pecado como lo aseguran los réprobos. Un pensamiento retrógrado en extremo y que encuentra su caldo de cultivo especialmente en las clases marginales pobres y extremadamente pobres; quizás por la falta de acceso a la salud y  seguridad, estudio y cultura entre otras causas sociales. Lo anterior expuesto es fácil connotarlo en las áreas rurales de nuestra Guatemala profunda, con la retahíla de hijos casi seguidos, harapientos, descalzos, desnutridos y lombricientos por la falta de una economía que permita una sana subsistencia.

Enfermedades emergentes

     Antes en la Verde Verapaz llovía trece meses al año, así decían los antiguos  para expresar que en Cobán llovía todo el tiempo. El chipi chipi -caída constante de llovizna- y los bosques nubosos eran nuestra mayor riqueza, el agua que corría por los afluentes era de un color  azul límpido, antes que las municipalidades irresponsables lanzaran las excretas y las aguas servidas de la población a sus afluentes como hoy día lo hacen de forma  despiadada, evidenciando de forma contundente que carecen de  responsabilidad social y que irrespetan las leyes de saneamiento ambiental.
En aquellos tiempos idos,  la Ciudad de Cobán  era una población fría, y por consiguiente no se veían enfermedades propias de las costas, y los mosquitos, vectores de malaria, dengue y muchas otras enfermedades ocasionadas por virus mutantes,  no habían invadido nuestro hábitat antes de que el calentamiento global y la sobre población empezara a surtir sus efectos.

     A la vez;  en las áreas rurales de Guatemala se veían animales pastar a cielo raso,  algo que ya no es muy común ver hoy, y como consecuencia de la explotación humana y animal, el capitalismo galopante en aras de maximizar su riqueza y minimizar el gasto, violentan la sobre vivencia de los animales domésticos  de forma inhumana, teniéndolos bajo circunstancias deplorables.
 En adición a lo anterior expuesto, y con el objetivo de  obtener mayores ganancias y mayores libras de peso, les  inyectan anabólicos  y les dan una alimentación “enriquecida” con hormonas para acelerar su crecimiento. En muchas granjas a los cerdos le  son amputados los antebrazos para que no se puedan movilizar y así aprovechar el engorde, otros son engordados mediante un método en donde son metidos en jaulas verticales y solo alimentan al que está  arriba, los de abajo se alimentan con las heces fecales que evacuan los primeros. A estos animales les llaman coprófagos porque se alimentan de excrementos; un método que muchos sistemas políticos aplican  a los habitantes del tercer y cuarto mundo; cuyos habitantes ya están comiendo lo que comen los cerdos que están abajo.  

     Una de las muchas consecuencias que se derivan de esas prácticas capitalistas, inhumanas y voraces, es el cáncer que a mucha gente le está dando por la ingesta de esos productos derivados de su insensatez. Y como si eso fuera poco, también son causantes de la recombinación del virus AH1 N1; con cargas letales de severas consecuencias.

Envenenamiento de la tierra

     Quienes exacerban con denuedo son los agro industriales; con nombre y apellido extranjero: Monsanto, Syngenta, Dupont, Bayer entre otras tantas empresas asesinas, que con su falsa propaganda y  por la producción y comercialización despiadada de toda clase de venenos con la presentación legal de pesticidas, herbicidas, abonos foliares y semillas transgénicas que se vierten sobre nuestra pobre Pachamama a todo su largo y ancho. Un  envenenamiento que está matando la tierra y los afluentes que serpentean sobre ella,  ocasionado la muerte de miles de millones de enjambres de abejas, que con su desaparición forzada, se disminuye la polinización de los cultivos. Obviamente,  ante esas  grandes oligarquías transnacionales  ningún gobierno se pronuncia en su  contra; quizás por coimas que pagan a los politiqueros de turno, como lo hizo Monsanto con algunos dipugánsteres del Congreso de la República de Guatemala; que le dieron vida al Decreto 19-2014, llamado “Ley Monsanto”.

     Pues entonces; nosotros los ciudadanos del mundo, en virtud de nuestras prácticas pusilánimes y sociales, políticas, económicas, religiosas y culturales; muchas de ellas anti éticas y perversas;   vamos  de la mano con  esos pseudo empresarios  que anuncian falsamente que sus productos son “100% biodegradables, que no dejan residuos en el suelo y respetan al medio ambiente”; y en comunión  tergiversamos el mandamiento que recibimos de parte de Dios de someter la tierra, y lejos de dominarla para nuestro sumo bien, la estamos somatando y por consiguiente  rematamos  todo aquello  que tiene vida sobre su faz…

Fuentes bibliográficas:
Luis Tamayo, La Locura Ecocida. Ecosofía Psicoanalítica. –Filosofía ambiental-

2 comentarios:

  1. Estoy totalmente con usted mi hrrmano Jose Luis, como dominucos tenemos que dar el primer paso, pero no quedarnos alli, en letra muerta si mo hacerla vida, en nosotros mismos.

    ResponderEliminar